20 feb 2011
CISNE NEGRO
En la película vemos como la joven Nina es conducida por sus miedos y paranoias, hacia la locura, (lo cual ya todos los que hemos visto el tráiler sabemos que eso sucede), pero lo que me gusto del film fue el cómo y el porqué del camino a su locura, en realidad Nina en su subconsciente siempre cometió los mismo actos de los cuales tiene miedo que le hagan durante la historia claro que en menor medida, para entender lo que les escribo tendrán que ver con atención la relación que tienen los personajes de Natalie Portman y Winona Ryder en la película.
El perfil psicológico de Nina es magnífico, se cree que ella la personificación del cisne blanco, según el director de la compañía de ballet interpretado por Vincent Cassel, por ser una joven conservadora, disciplinada, dulce y hasta infantil, pero en realidad eso se debe al cuidado casi obsesivo de la madre de esta (Barbara Hershey) esto mezclado a la obsesión de Nina por ser la mejor y tener su oportunidad y la llegada de una nueva Bailarina, Lily (MIla Kunis), que a diferencia de Nina no es disciplinada es libre a la hora de bailar y es de mente abierta, lo opuesto de ella, por lo cual es la perfecta personificación del cisne negro, hará que Nina se pierda en la paranoia de que le están boicoteando .
Con todo este perfil psicológico vemos durante la película como la locura de Nina Florece hasta llegar a un punto autodestructivo, pero libertador, y eso se da porque su locura en realidad es su subconsciente que anhela liberarse, claro que lo hace por medios del miedo y paranoia de los hecho que ella ha cometido en el pasado en menor media.
El erotismo de “El Cisne Negro” es muy bien tratado y va en relación a la búsqueda de la libertad y del encarcelamiento en la cual se encuentra el personaje principal, en este caso Nina. Vemos como hay seducción para parte del directo de ballet, hacia Nina y como ella al principio niega dichos impulsos luego cede a ellos hasta que al final ella provoca dichos impulsos. El erotismo también está ligado a su subconsciente y como este le lleva a la locura, sin lugar a dudas la escena de sexo entre Mila Kunis y Natalie Portman es el ejemplo más perfecto para la relación de erotismo y locura, siendo una escena muy bien lograda.
Otro elemento que ayuda a la película es la relación que tiene Nina con su madre, la química ente las actrices Portman y Hershey es perfecta en ella vemos como una madre puede ser tan sobreprotectora y vivir a través de su hija hasta el punto de querer que su hija se quede estancada en la infancia, por lo cual Nina con el avanzar de la historia tratara de escaparse de su madre.
Un elemento muy importante en la película el cual es el ballet, música y puesta en escena.
Como esta es la historia de una bailarina de Ballet, la música y el baile son elemento muy importantes en el avanzar de la historia, ni bien la película comienza se ve un baile del lago de los cisnes , en el cual es Nina quien baila, es una baile magnifico con una estupenda música , con lo cual al espectador lo atrapa en el ballet y nos introducen al mundo del baile, pero vallamos más adentro en la historia , el baile y la música son elementos que nos hará conocer al personaje de Nina , puesto que su baile es bien controlado, sutil e inocente , perfecto para el cisne blanco , pero ausente para el cisne negro por la razón que dije anteriormente es su opuesto total, por ellos Nina siente temor de Lily que es la personificación del cisne negro , libre seductor atrevida, la mujer liberal, por ello mientras que la locura de Nina se libera ella de ser una mujer conservadora se convierte en la mujer liberal del cisne negro, como vemos al final en su baile e interpretación del cisne negro , vemos como ella se va convirtiendo en un cisne negro físicamente, lo cual va a perfección con ese sarpullido que vemos ni bien comienza la película , el cual va avanzando a la misma velocidad que la locura que sufre.
En palabras resumidas esta historia nos cuenta lo que pasa cuando nuestro subconsciente escapa sin control, por la tención del trabajo y experiencias personales, más el miedo de que no seamos inútiles en ninguna faceta.
Esta película me resulto espectacular,el final quizás predecible por su locura manifiesta, su papel se apodera de la personalidad de Nina.
Lo Mejos vayan a verla
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El Ocaso de la Mediocracia
.(Un artículo del escritor Carlo Frabetti).- Soy escritor profesional y vivo fundamentalmente de mis derechos de autor.
Pero cada vez que en mis frecuentes viajes a Latinoamérica descubro una edición “pirata” de alguna de mis obras, lejos de indignarme o acongojarme me llevo una gran alegría, pues es una señal de que lo que escribo interesa a quienes no pueden pagar el excesivo precio que se suele cobrar por los libros.
Y estoy radicalmente en contra del canon por el préstamo de libros en las bibliotecas públicas, que supuestamente nos beneficia a los autores y que en realidad no es sino una maniobra de los verdaderos piratas culturales (las grandes editoriales y las grandes gestoras de derechos) para incrementar aún más sus abusivos beneficios; o sea, un paso más hacia la destrucción de lo público en aras del lucro de unos pocos, un nuevo zarpazo del capitalismo salvaje.
Quienes fotocopian mis libros, o los leen gratis en las bibliotecas, o se los bajan de Internet, no me roban ni me amenazan, sino todo lo contrario: le dan sentido a mi trabajo y me animan a seguir haciéndolo; pues si he llegado al punto de ser “pirateado” es, sencillamente, porque mi obra ya ha alcanzado un grado de difusión y de remuneración superior al que merece.
Y no se entienda esto último como un alarde de falsa modestia (y mucho menos de modestia auténtica), sino como el mero reconocimiento de que, en términos comparativos (en comparación con otros trabajos, quiero decir), cualquier autor con presencia en el mercado está recibiendo de la sociedad mucho más de lo que le ha dado.
O devuelto, más bien, pues quienes podemos dedicarnos a alguna actividad vocacional y creativa, no hacemos más que restituir una pequeña parte de lo mucho que hemos recibido.
Somos doblemente privilegiados: por el mero hecho de poder dedicarnos a algo que nos gratifica y enriquece, y por haber tenido acceso a la formación necesaria para poder desarrollar nuestras capacidades.
A lo largo de mi vida, he tenido el privilegio de conocer personalmente a un buen número de grandes artistas e intelectuales. Y cuanto mayor era su talento, más afortunados se sentían y más agradecidos se mostraban, aunque su actividad no siempre fuera acompañada de unos ingresos sustanciosos. Solo los mediocres se quejan; y cuando, por una u otra vía, consiguen encumbrarse, se aferran a sus inmerecidos privilegios como los politicastros a sus escaños y los ejecutivillos a sus maletines. Solo los mediocres que han conseguido el premio de consolación del “éxito” tienen miedo de las nuevas tecnologías, es decir, de las nuevas relaciones de intercambio que inevitablemente generan. Y con razón, porque solo ellos tienen algo que perder. Las nuevas formas de reproducción y difusión de textos, imágenes y sonidos amenazan tanto el monopolio de los grandes medios de comunicación como la hegemonía de los mediocres, anuncian el final de ambas mediocracias.
En esa última cena del antiguo régimen cultural en la que se coló un lúcido y valiente Amador Fernández Savater (la ministra debió de confundirlo con su padre), se vio claro quiénes son los verdaderos depredadores, los verdaderos enemigos de la cultura, que no son otros -y otras- que quienes quieren convertirla en un coto y un mercado.
Si algo tienen en común los invitados a aquella bochornosa “cena del miedo” (con escasas y honrosas excepciones), es su condición de mediocres encumbrados, hombres y mujeres que en vano intentan compensar su falta de talento con una mezcla de oficiosidad, oportunismo y sumisión a los poderes establecidos.
Y que tiemblan ante Internet de la misma manera -y por los mismos motivos- que el clero y la nobleza del Medioevo temblaron ante la imprenta.
Pues si la imprenta hizo posible la revolución humanista del Renacimiento y el telégrafo hizo posible la revolución socialista, Internet, heredera forzosa de la imprenta y de la telegrafía, propiciará una revolución humana y social cuyas consecuencias solo podemos vislumbrar. Y, como en todas las revoluciones, caerán las cabezas de los privilegiados y se levantarán las cabezas de los desposeídos.
Ya se están levantando.
Pero cada vez que en mis frecuentes viajes a Latinoamérica descubro una edición “pirata” de alguna de mis obras, lejos de indignarme o acongojarme me llevo una gran alegría, pues es una señal de que lo que escribo interesa a quienes no pueden pagar el excesivo precio que se suele cobrar por los libros.
Y estoy radicalmente en contra del canon por el préstamo de libros en las bibliotecas públicas, que supuestamente nos beneficia a los autores y que en realidad no es sino una maniobra de los verdaderos piratas culturales (las grandes editoriales y las grandes gestoras de derechos) para incrementar aún más sus abusivos beneficios; o sea, un paso más hacia la destrucción de lo público en aras del lucro de unos pocos, un nuevo zarpazo del capitalismo salvaje.
Quienes fotocopian mis libros, o los leen gratis en las bibliotecas, o se los bajan de Internet, no me roban ni me amenazan, sino todo lo contrario: le dan sentido a mi trabajo y me animan a seguir haciéndolo; pues si he llegado al punto de ser “pirateado” es, sencillamente, porque mi obra ya ha alcanzado un grado de difusión y de remuneración superior al que merece.
Y no se entienda esto último como un alarde de falsa modestia (y mucho menos de modestia auténtica), sino como el mero reconocimiento de que, en términos comparativos (en comparación con otros trabajos, quiero decir), cualquier autor con presencia en el mercado está recibiendo de la sociedad mucho más de lo que le ha dado.
O devuelto, más bien, pues quienes podemos dedicarnos a alguna actividad vocacional y creativa, no hacemos más que restituir una pequeña parte de lo mucho que hemos recibido.
Somos doblemente privilegiados: por el mero hecho de poder dedicarnos a algo que nos gratifica y enriquece, y por haber tenido acceso a la formación necesaria para poder desarrollar nuestras capacidades.
A lo largo de mi vida, he tenido el privilegio de conocer personalmente a un buen número de grandes artistas e intelectuales. Y cuanto mayor era su talento, más afortunados se sentían y más agradecidos se mostraban, aunque su actividad no siempre fuera acompañada de unos ingresos sustanciosos. Solo los mediocres se quejan; y cuando, por una u otra vía, consiguen encumbrarse, se aferran a sus inmerecidos privilegios como los politicastros a sus escaños y los ejecutivillos a sus maletines. Solo los mediocres que han conseguido el premio de consolación del “éxito” tienen miedo de las nuevas tecnologías, es decir, de las nuevas relaciones de intercambio que inevitablemente generan. Y con razón, porque solo ellos tienen algo que perder. Las nuevas formas de reproducción y difusión de textos, imágenes y sonidos amenazan tanto el monopolio de los grandes medios de comunicación como la hegemonía de los mediocres, anuncian el final de ambas mediocracias.
En esa última cena del antiguo régimen cultural en la que se coló un lúcido y valiente Amador Fernández Savater (la ministra debió de confundirlo con su padre), se vio claro quiénes son los verdaderos depredadores, los verdaderos enemigos de la cultura, que no son otros -y otras- que quienes quieren convertirla en un coto y un mercado.
Si algo tienen en común los invitados a aquella bochornosa “cena del miedo” (con escasas y honrosas excepciones), es su condición de mediocres encumbrados, hombres y mujeres que en vano intentan compensar su falta de talento con una mezcla de oficiosidad, oportunismo y sumisión a los poderes establecidos.
Y que tiemblan ante Internet de la misma manera -y por los mismos motivos- que el clero y la nobleza del Medioevo temblaron ante la imprenta.
Pues si la imprenta hizo posible la revolución humanista del Renacimiento y el telégrafo hizo posible la revolución socialista, Internet, heredera forzosa de la imprenta y de la telegrafía, propiciará una revolución humana y social cuyas consecuencias solo podemos vislumbrar. Y, como en todas las revoluciones, caerán las cabezas de los privilegiados y se levantarán las cabezas de los desposeídos.
Ya se están levantando.
LAS REGLAS DEL JUEGO
LAS REGLAS DEL JUEGO
Para seguir y no quedarse tonto,
para alzar la cabeza y mirar lejos,
para besar y no quedar prendidos,
para vivir con cierta expectativa.
Para luchar y no ceder el pulso,
para mirar el sol cuando se pone
despacito debajo de una loma,
cariñoso y cordial como un abrazo.
Para tener moral y alucinarse
viendo cómo los cuerpos elaboran
sabias y simuladas estrategias
cuando el reloj se apaga despistado.
Para te quiero mucho y para siempre,
para nunca jamás, inolvidable,
eternamente junto a tus pupilas,
indefinidamente en tu ribera.
Hace falta saber y hacer las paces
con cierta forma de mentir sin daño,
con la complicidad de los silencios,
con el hecho puntual de que vivimos.
Hace falta también un ritmo cierto,
una resignación agazapada,
un no dejarse ver por los rincones,
una apariencia de pisar muy firme.
Después morir, ajeno y por la espalda.
Pepe Junco
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