¿Qué mejor prueba que la caída de Mubarak de que la historia no está escrita y que toma direcciones que escapan a todas las teorías? El Occidente liberal y democrático debería celebrarlo .
El movimiento popular que ha sacudido a países como Túnez, Egipto, Yemen y cuyas réplicas han llegado hasta Argelia, Marruecos y Jordania es el más rotundo desmentido a quienes, como Thomas Carlyle, creen que "la historia del mundo es la biografía de los grandes hombres".
Ningún caudillo, grupo o partido político puede atribuirse ese sísmico levantamiento social que ha decapitado ya la satrapía tunecina de Ben Ali y la egipcia de Hosni Mubarak, tiene al borde del desplome a la yemenita de Ali Abdalá Saleh y provoca escalofríos en los gobiernos de los países donde la onda convulsiva ha llegado más débilmente como en Siria, Jordania, Argelia, Marruecos y Arabia Saudí.
Lo que sí sabemos es que, en su origen, este movimiento ha sido civil, no religioso
Lo ocurrido debería haber barrido reticencias inspiradas en prejuicios culturales y racistas
Es obvio que nadie podía prever lo que ha ocurrido en las sociedades autoritarias árabes y que el mundo entero y, en especial, los analistas, la prensa, las cancillerías y think tanks políticos occidentales se han visto tan sorprendidos por la explosión socio-política árabe como lo estuvieron con la caída del muro de Berlín y la desintegración de la Unión Soviética y sus satélites.
No es arbitrario acercar ambos acontecimientos: los dos tienen una trascendencia semejante para las respectivas regiones y lanzan precipitaciones y secuelas políticas para el resto del mundo.
¿Qué mejor prueba que la historia no está escrita y que ella puede tomar de pronto direcciones imprevistas que escapan a todas las teorías que pretenden sujetarla dentro de cauces lógicos?
Dicho esto, no es imposible discernir alguna racionalidad en ese contagioso movimiento de protesta que se inicia, como en una historia fantástica, con la inmolación por el fuego de un pobre y desesperado tunecino de provincia llamado Mohamed Bouazizi y con la rapidez del fuego se extiende por todo el Oriente Próximo.
Los países donde ello ha ocurrido padecían dictaduras de decenas de años, corruptas hasta el tuétano, cuyos gobernantes, parientes cercanos y clientelas oligárquicas habían acumulado inmensas fortunas, bien seguras en el extranjero, mientras la pobreza y el desempleo, así como la falta de educación y salud, mantenían a enormes sectores de la población en niveles de mera subsistencia y a veces en la hambruna.
La corrupción generalizada y un sistema de favoritismo y privilegio cerraban a la mayoría de la población todos los canales de ascenso económico y social.
Ahora bien, este estado de cosas, que ha sido el de innumerables países a lo largo de la historia, jamás hubiera provocado el alzamiento sin un hecho determinante de los tiempos modernos: la globalización. La revolución de la información ha ido agujereando por doquier los rígidos sistemas de censura que las satrapías árabes habían instalado a fin de tener a los pueblos que explotaban y saqueaban en la ignorancia y el oscurantismo tradicionales. Pero ahora es muy difícil, casi imposible, para un gobierno someter a la sociedad entera a las tinieblas mediáticas a fin de manipularla y engañarla como antaño. La telefonía móvil, el internet, los blogs, el Facebook, el Twitter, las cadenas internacionales de televisión y demás resortes de la tecnología audiovisual han llevado a todos los rincones del mundo la realidad de nuestro tiempo y forzado unas comparaciones que, por supuesto, han mostrado a las masas árabes el anacronismo y barbarie de los regímenes que padecían y la distancia que los separa de los países modernos. Y esos mismos instrumentos de la nueva tecnología han permitido que los manifestantes coordinaran acciones y pudieran introducir cierto orden en lo que en un primer momento pudo parecer una caótica explosión de descontento anárquico. No ha sido así. Uno de los rasgos más sorprendentes de la rebeldía árabe han sido los esfuerzos de los manifestantes por atajar el vandalismo y salir al frente, como en Egipto, de los matones enviados por el régimen a cometer tropelías para desprestigiar el alzamiento e intimidar a la prensa.
La lentitud (para no decir la cobardía) con que los países occidentales -sobre todo los de Europa- han reaccionado, vacilando primero ante lo que ocurría y luego con vacuas declaraciones de buenas intenciones a favor de una solución negociada del conflicto, en vez de apoyar a los rebeldes, tiene que haber causado terrible decepción a los millones de manifestantes que se lanzaron a las calles en los países árabes pidiendo "libertad" y "democracia" y descubrieron que los países libres los miraban con recelo y a veces pánico.
Y comprobar, entre otras cosas, que los partidos políticos de Mubarak y Ben Ali ¡eran miembros activos de la Internacional Socialista! Vaya manera de promocionar la social democracia y los derechos humanos en el Oriente Próximo.
La equivocación garrafal de Occidente ha sido ver en el movimiento emancipador de los árabes un caballo de Troya gracias al cual el integrismo islámico podía apoderarse de toda la región y el modelo iraní -una satrapía de fanáticos religiosos- se extendería por todo el Oriente Próximo.
La verdad es que el estallido popular no estuvo dirigido por los integristas y que, hasta ahora al menos, éstos no lideran el movimiento emancipador ni pretenden hacerlo.
Ellos parecen mucho más conscientes que las cancillerías occidentales de que lo que moviliza a los jóvenes de ambos sexos tunecinos, egipcios, yemenitas y los demás no son la sharia y el deseo de que unos clérigos fanáticos vengan a reemplazar a los dictadorzuelos cleptómanos de los que quieren sacudirse.
Habría que ser ciegos o muy prejuiciados para no advertir que el motor secreto de este movimiento es un instinto de libertad y de modernización.
Desde luego que no sabemos aún la deriva que tomará esta rebelión y, por supuesto, no se puede descartar que, en la confusión que todavía prevalece, el integrismo o el Ejército traten de sacar partido.
Pero, lo que sí sabemos es que, en su origen y primer desarrollo, este movimiento ha sido civil, no religioso, y claramente inspirado en ideales democráticos de libertad política, libertad de prensa, elecciones libres, lucha contra la corrupción, justicia social, oportunidades para trabajar y mejorar.
El Occidente liberal y democrático debería celebrar este hecho como una extraordinaria confirmación de la vigencia universal de los valores que representa la cultura de la libertad y volcar todo su apoyo hacia los pueblos árabes en este momento de su lucha contra los tiranos.
No sólo sería un acto de justicia sino también una manera de asegurar la amistad y la colaboración con un futuro Oriente Próximo libre y democrático.
Porque ésta es ahora una posibilidad real.
Hasta antes de esta rebelión popular a muchos nos parecía difícil.
Lo ocurrido en Irán, y, en cierta forma, en Irak, justificaba cierto pesimismo respecto a la opción democrática en el mundo árabe.
Pero lo ocurrido estas últimas semanas debería haber barrido esas reticencias y temores, inspirados en prejuicios culturales y racistas.
La libertad no es un valor que sólo los países cultos y evolucionados aprecian en todo lo que significa.
Masas desinformadas, discriminadas y explotadas pueden también, por caminos tortuosos a menudo, descubrir que la libertad no es un ente retórico desprovisto de sustancia, sino una llave maestra muy concreta para salir del horror, un instrumento para construir una sociedad donde hombres y mujeres puedan vivir sin miedo, dentro de la legalidad y con oportunidades de progreso.
Ha ocurrido en el Asia, en América Latina, en los países que vivieron sometidos a la férula de la Unión Soviética.
Y ahora -por fin- está empezando a ocurrir también en los países árabes con una fuerza y heroísmo extraordinarios.
Nuestra obligación es mostrarles nuestra solidaridad activa, porque la transformación de Oriente Próximo en una tierra de libertad no sólo beneficiará a millones de árabes sino al mundo entero en general (incluido, por supuesto, Israel, aunque el Gobierno extremista de Netanyahu sea incapaz de entenderlo).
© Derechos mundiales de prensa en todas las lenguas reservados a Ediciones EL PAÍS, SL, 2011. © Mario Vargas Llosa, 2011.
13 feb 2011
Las Mujeres Hermosas (Atribuido a Vargas Llosa)
Todas las flores del desierto están cerca de la luz. Todas las mujeres bellas son las que yo he visto, las que andan por la calle las que huelen a limpio y sonríen cuando las miran. Sin medidas perfectas, sin tacones de vértigo.
Las mujeres más bellas esperan el autobús de mi barrio, o se compran bolsos en tiendas de saldo. Se pintan los ojos como les gusta y los labios de carmín de chino.
Las flores del desierto son las mujeres que tienen sonrisas en los ojos, que te acarician las manos cuando estás triste, que pierden las llaves al fondo del abrigo, las que cenan pizza en grupos de amigos y lloran sólo con unos pocos, las que se lavan el pelo y lo secan al viento.
Las bellezas reales son las que toman cerveza y no miden
cuántas han patatas comido, las que se sientan en bancos del parque con bolsas de pipas, las que acarician con ternura a los perros que se acercan a olerlas. Las preciosas damas de chándal de domingo. Las que huelen a mora y a caramelos de regaliz.
Las mujeres hermosas no salen en revistas, las ojean en el médico, y esperan al novio ilusionadas con vestidos de fresas. Y se ríen libres de los chistes de la tele, y se tragan el fútbol a cambio de un beso.(Pues que bien) lo que más me gusta es eso de cambiar el futbol, es tanto esfuerzo darnos un beso que tenemos que tragarnos un Partido de Futbol??)
Las mujeres normales derrochan belleza, no glamour, desgastan las sonrisas mirando a los ojos, y cruzan las piernas y arquean la espalda.
Salen en las fotos rodeadas de gente sin retoques, riéndose a carcajadas, abrazando a los suyos con la felicidad embotellada de los grandes grupos.(Sin fotoshop, vaya que no salimos como la Presyler)
Las mujeres más bellas esperan el autobús de mi barrio, o se compran bolsos en tiendas de saldo. Se pintan los ojos como les gusta y los labios de carmín de chino.
Las flores del desierto son las mujeres que tienen sonrisas en los ojos, que te acarician las manos cuando estás triste, que pierden las llaves al fondo del abrigo, las que cenan pizza en grupos de amigos y lloran sólo con unos pocos, las que se lavan el pelo y lo secan al viento.
Las bellezas reales son las que toman cerveza y no miden
cuántas han patatas comido, las que se sientan en bancos del parque con bolsas de pipas, las que acarician con ternura a los perros que se acercan a olerlas. Las preciosas damas de chándal de domingo. Las que huelen a mora y a caramelos de regaliz.
Las mujeres hermosas no salen en revistas, las ojean en el médico, y esperan al novio ilusionadas con vestidos de fresas. Y se ríen libres de los chistes de la tele, y se tragan el fútbol a cambio de un beso.(Pues que bien) lo que más me gusta es eso de cambiar el futbol, es tanto esfuerzo darnos un beso que tenemos que tragarnos un Partido de Futbol??)
Las mujeres normales derrochan belleza, no glamour, desgastan las sonrisas mirando a los ojos, y cruzan las piernas y arquean la espalda.
Salen en las fotos rodeadas de gente sin retoques, riéndose a carcajadas, abrazando a los suyos con la felicidad embotellada de los grandes grupos.(Sin fotoshop, vaya que no salimos como la Presyler)
12 feb 2011
Tuitea que algo queda BORIS IZAGUIRRE
Las redes sociales dominan nuestras vidas.
Aupadas en la idea de que nos permitirían mayor libertad de expresión, muestran cada vez más sus afiladas dentelladas de problemas.
Lo que en un principio surgió como un divertimento, capaz de unir a las parejas matando horas antes de la comida de Navidad con los suegros, ha ido creciendo hasta devorar espacio en la prensa, la televisión y la psique de sus usuarios.
En nuestro país el último escándalo Twitter, el de Jordi González contra una miembro de la red social en defensa de la candidata transexual Carla Antonelli, se suma al de varios varones entre los 30 y 50 años que levantan un nuevo conflicto masculino: ¿se vuelven más locos los varones que superan los 30 en este miniblog?
Sí, porque Twitter les ofrece una fórmula para resultar atractivos.
El poder de la opinión.
Expresarse en Twitter ofrece un estilo que recuerda a la prensa amarilla
Triunfa Paris Hilton, que tiene tres millones de seguidores
Expresarse en Twitter ofrece un estilo que recuerda a los titulares de prensa amarilla, directo, sin contemplación.
¿Quién no ha querido ser director de un medio de comunicación, una publicación señera, en los tempranos 20, un programa de televisión en los eternos 40? Twitter, sin anunciarlo, ofrece esa última esperanza mediática: ser el dueño de todos tus titulares, todas tus opiniones.
Cuando empecé en esta Twitter coincidió con el anuncio público de Ricky Martin y su homosexualidad.
Colegas suyos como Alejandro Sanz, Juanes y Bisbal le enviaban mensajes de admiración.
Pensé que si tuiteaba un "Ricky, por Latinoamérica, gracias", pasaría a formar parte de un cónclave de amigos que se tuitean cosas chéveres.
No recibí jamás respuesta. Ni siquiera una invitación a seguirles.
Sin embargo, cuando fui víctima de un asalto a mano armada en Caracas, delante de la casa de mis padres, conté lo sucedido y al día siguiente entré en directo desde mi ciudad en El hormiguero.
Pablo Motos me preguntó si los asaltantes eran, al menos, guapos.
El público en el plató aplaudió a rabiar ahogando mi negativa.
Habíamos establecido una conexión, que consiste en una información rápida, de alcance global, y risa asegurada.
La combinación es importante recordarla: en Twitter todo es de profundidad relativa.
El fenómeno al que se suma el Twitter reivindicativo y exasperado de González, harto de comentarios intolerantes hacia la figura de Antonelli por parte de otro comunicador, subraya desahogo pero considerablemente público, dado que en la Red cualquier opinión puede retuitearse ilimitadamente hasta crear una de las panaceas secretas de la Red: el llamado trending topic.
Este podría traducirse como tópico de moda, más que de interés.
Y ser uno de esos tópicos, o crearlo, infiere al tuitero esa sensación de poder sobre la opinión, sus seguidores y, en última instancia, el mundo que se supone postrado.
González se ha disculpado en su Twitter de su propio Twitter, pero casi seguro cubrirá el incidente en su programa de televisión.
Lo mismo hará el ofendido propulsor de la controversia en otra cadena privada. Antonelli también aunará centimetraje a su candidatura.
En ningún momento el conflicto latente, la intolerancia urdida por unos y señalada por otros, conseguirá solución.
González se suma a un elenco amplio de famosos nacionales huérfanos de un protocolo que les guíe en Twitter.
La foto de los Piquera, como se bautiza la pareja Shakira-Piqué, al final convirtió en trending topic al chico de la camisa leñadora indicando con sus índices el tamaño de algo, presente o no en la foto.
El apoyo de Bisbal al fin de las revueltas en Egipto, para que las pirámides no estén solas, también alcanzó esa anhelada categoría gracias a burlas tremendas hacia el cantante.
La cuasi retransmisión del conflicto pos ley Sinde por parte de Alex de la Iglesia y las bromas poco afortunadas de Nacho Vigalondo han consolidado a la Red misma como el gran, absoluto, trending topic.
Es probable que se trate de una explosión narcisista.
En este nuevo orden mundial, no marcan mucho las ideologías, lo que de verdad importa es adquirir seguidores.
La situación recuerda mucho esa gran película Chantaje en Broadway (Alexander Mackendrick, 1957), donde Burt Lancaster explota a Tony Curtis para que chantajee a un boxeador mientras él lo cubre de injurias en su columna de prensa, recreando brillantemente los paisajes de la manipulación pública. En la película los culpables pagan, hay una justicia.
En Twitter la que triunfa es Paris Hilton.
La treintañera precoz tiene tres millones de seguidores.
Sus tuits son básicamente sobre cenas y comidas con sus novios y las muchas reuniones para promocionar sus negocios.
Uno de sus perfumes se llama Heredera, en un hallazgo de creatividad.
Día tras día, lo mismo.
Lo que gana seguidores es cultivar la más grande banalidad dentro de una atmósfera familiar, con opiniones democráticas.
España, que siempre es diferente, aporta ahora su especial salsa de reivindicaciones y desaguisados. Bienvenidos, el mundo del trending topic es libre.
No en balde ha surgido en la era Obama.
Aupadas en la idea de que nos permitirían mayor libertad de expresión, muestran cada vez más sus afiladas dentelladas de problemas.
Lo que en un principio surgió como un divertimento, capaz de unir a las parejas matando horas antes de la comida de Navidad con los suegros, ha ido creciendo hasta devorar espacio en la prensa, la televisión y la psique de sus usuarios.
En nuestro país el último escándalo Twitter, el de Jordi González contra una miembro de la red social en defensa de la candidata transexual Carla Antonelli, se suma al de varios varones entre los 30 y 50 años que levantan un nuevo conflicto masculino: ¿se vuelven más locos los varones que superan los 30 en este miniblog?
Sí, porque Twitter les ofrece una fórmula para resultar atractivos.
El poder de la opinión.
Expresarse en Twitter ofrece un estilo que recuerda a la prensa amarilla
Triunfa Paris Hilton, que tiene tres millones de seguidores
Expresarse en Twitter ofrece un estilo que recuerda a los titulares de prensa amarilla, directo, sin contemplación.
¿Quién no ha querido ser director de un medio de comunicación, una publicación señera, en los tempranos 20, un programa de televisión en los eternos 40? Twitter, sin anunciarlo, ofrece esa última esperanza mediática: ser el dueño de todos tus titulares, todas tus opiniones.
Cuando empecé en esta Twitter coincidió con el anuncio público de Ricky Martin y su homosexualidad.
Colegas suyos como Alejandro Sanz, Juanes y Bisbal le enviaban mensajes de admiración.
Pensé que si tuiteaba un "Ricky, por Latinoamérica, gracias", pasaría a formar parte de un cónclave de amigos que se tuitean cosas chéveres.
No recibí jamás respuesta. Ni siquiera una invitación a seguirles.
Sin embargo, cuando fui víctima de un asalto a mano armada en Caracas, delante de la casa de mis padres, conté lo sucedido y al día siguiente entré en directo desde mi ciudad en El hormiguero.
Pablo Motos me preguntó si los asaltantes eran, al menos, guapos.
El público en el plató aplaudió a rabiar ahogando mi negativa.
Habíamos establecido una conexión, que consiste en una información rápida, de alcance global, y risa asegurada.
La combinación es importante recordarla: en Twitter todo es de profundidad relativa.
El fenómeno al que se suma el Twitter reivindicativo y exasperado de González, harto de comentarios intolerantes hacia la figura de Antonelli por parte de otro comunicador, subraya desahogo pero considerablemente público, dado que en la Red cualquier opinión puede retuitearse ilimitadamente hasta crear una de las panaceas secretas de la Red: el llamado trending topic.
Este podría traducirse como tópico de moda, más que de interés.
Y ser uno de esos tópicos, o crearlo, infiere al tuitero esa sensación de poder sobre la opinión, sus seguidores y, en última instancia, el mundo que se supone postrado.
González se ha disculpado en su Twitter de su propio Twitter, pero casi seguro cubrirá el incidente en su programa de televisión.
Lo mismo hará el ofendido propulsor de la controversia en otra cadena privada. Antonelli también aunará centimetraje a su candidatura.
En ningún momento el conflicto latente, la intolerancia urdida por unos y señalada por otros, conseguirá solución.
González se suma a un elenco amplio de famosos nacionales huérfanos de un protocolo que les guíe en Twitter.
La foto de los Piquera, como se bautiza la pareja Shakira-Piqué, al final convirtió en trending topic al chico de la camisa leñadora indicando con sus índices el tamaño de algo, presente o no en la foto.
El apoyo de Bisbal al fin de las revueltas en Egipto, para que las pirámides no estén solas, también alcanzó esa anhelada categoría gracias a burlas tremendas hacia el cantante.
La cuasi retransmisión del conflicto pos ley Sinde por parte de Alex de la Iglesia y las bromas poco afortunadas de Nacho Vigalondo han consolidado a la Red misma como el gran, absoluto, trending topic.
Es probable que se trate de una explosión narcisista.
En este nuevo orden mundial, no marcan mucho las ideologías, lo que de verdad importa es adquirir seguidores.
La situación recuerda mucho esa gran película Chantaje en Broadway (Alexander Mackendrick, 1957), donde Burt Lancaster explota a Tony Curtis para que chantajee a un boxeador mientras él lo cubre de injurias en su columna de prensa, recreando brillantemente los paisajes de la manipulación pública. En la película los culpables pagan, hay una justicia.
En Twitter la que triunfa es Paris Hilton.
La treintañera precoz tiene tres millones de seguidores.
Sus tuits son básicamente sobre cenas y comidas con sus novios y las muchas reuniones para promocionar sus negocios.
Uno de sus perfumes se llama Heredera, en un hallazgo de creatividad.
Día tras día, lo mismo.
Lo que gana seguidores es cultivar la más grande banalidad dentro de una atmósfera familiar, con opiniones democráticas.
España, que siempre es diferente, aporta ahora su especial salsa de reivindicaciones y desaguisados. Bienvenidos, el mundo del trending topic es libre.
No en balde ha surgido en la era Obama.
"Europa se desliza hacia el miedo" ALMUERZO CON... DANIEL VIGLIETTI
Gorra calada, chaqueta oscura, andar pausado y una sonrisa franca y amable. Es él. Daniel Viglietti (Montevideo, 1939), el hombre "desalambrado" que diría Mario Benedetti.
El cantautor que con su guitarra virtuosa pero humilde como él y sus letras directas y poéticas ha puesto la banda sonora a las aspiraciones de justicia y libertad de muchos pueblos de allá y de acá.
Viene de ensayar el espectáculo que presenta esta noche en L'Hospitalet de Llobregat en el marco del homenaje que rinde este año el festival Barnasants al gran poeta uruguayo.
El suyo lleva por titulo Daniel Viglietti recuerda a Mario Benedetti y lo estrenó hace dos años en México combinando sus canciones con un montaje audiovisual a cargo del cineasta Jorge Denti.
El cantante uruguayo presenta su homenaje a Mario Benedetti
Ha escogido el restaurante que está pegado al hotel por comodidad y porque es uno de los más tradicionales de la ciudad.
Le conocen los camareros y se desviven por explicarle las bondades de la carta. Bromea con ellos y le sale una de estas ironías del mundo al revés que van salpicando la conversación.
"Es un mecanismo que me encanta, lo aprendí de Violeta Parra y es muy habitual en el coplerío popular", explica antes de entonar el inicio de El diablo en el paraíso: "El hombre se come el pasto / el burro los caramelos / la nieta manda al abuelo y la sota al rey de bastos...'. Ves, el inicio es gastronómico", señala sonriente. "El pensamiento planteado al revés, una pequeña lección desde el humor que me encanta. El humor es muy importante y Mario lo tenía.
No por causalidad escribió el poema En defensa de la alegría, que es una especie de arte poética".
Cuando llegan los entrantes compartidos de habas, espárragos y calçots, la conversación ya ha ido y venido varias veces de Benedetti -quien en sus últimos años le dedicó el imprescindible libro Daniel Viglietti, desalambrando (Alfaguara, 2010)- al repaso de la situación en varios países.
Del suyo, Uruguay, que le hizo sufrir persecución y exilio pero que ahora está en manos de un antiguo tupamaro, viene con buenas nuevas.
"Hace ya varios años que el timón político se maneja con la mano izquierda y creo que nadie quiere volver a lo anterior, pero es una navegación compleja y hay que estar atentos.
Y sobre todo superar ciertos temas, como el pendiente de los derechos humanos". Ahora ha vuelto a implicarse, explica, en la lucha para conseguir cambiar la Ley de Caducidad de la Pretensión Punitiva del Estado ("qué nombre, ¿no?") para que no queden impunes los crímenes de la dictadura.
Y, dice, asegurar el futuro.
"Para tomar impulso hacia adelante hay que dar un paso atrás. Es como tensar el arco antes de disparar".
El arroz parellada, del que se come dos platos, interrumpe un momento la charla, pero ya hemos pasado por una Europa a la que ve "deslizándose hacia el miedo", con el peligro de que acabe en manos del "fascismo populista", por una Latinoamérica en la que "aún hay esperanza y pensamientos de cambio" y también por la actual situación de Egipto, "un ejemplo de la capacidad de revolucionarse que tiene el pueblo".
Viglietti, que este año espera publicar su nuevo disco Canciones humanas, es optimista con la capacidad de la gente para asumir riesgos y forjar el cambio social.
Pero aunque es un mito de la canción protesta, no solo eso han sido sus cantos, llenos de amor, paisajes y esperanza.
"No se trata de hacer panfletos, aunque los hay necesarios, sino de intentar unir en el canto verdad y belleza, la ética cabe en la estética".
El cantautor que con su guitarra virtuosa pero humilde como él y sus letras directas y poéticas ha puesto la banda sonora a las aspiraciones de justicia y libertad de muchos pueblos de allá y de acá.
Viene de ensayar el espectáculo que presenta esta noche en L'Hospitalet de Llobregat en el marco del homenaje que rinde este año el festival Barnasants al gran poeta uruguayo.
El suyo lleva por titulo Daniel Viglietti recuerda a Mario Benedetti y lo estrenó hace dos años en México combinando sus canciones con un montaje audiovisual a cargo del cineasta Jorge Denti.
El cantante uruguayo presenta su homenaje a Mario Benedetti
Ha escogido el restaurante que está pegado al hotel por comodidad y porque es uno de los más tradicionales de la ciudad.
Le conocen los camareros y se desviven por explicarle las bondades de la carta. Bromea con ellos y le sale una de estas ironías del mundo al revés que van salpicando la conversación.
"Es un mecanismo que me encanta, lo aprendí de Violeta Parra y es muy habitual en el coplerío popular", explica antes de entonar el inicio de El diablo en el paraíso: "El hombre se come el pasto / el burro los caramelos / la nieta manda al abuelo y la sota al rey de bastos...'. Ves, el inicio es gastronómico", señala sonriente. "El pensamiento planteado al revés, una pequeña lección desde el humor que me encanta. El humor es muy importante y Mario lo tenía.
No por causalidad escribió el poema En defensa de la alegría, que es una especie de arte poética".
Cuando llegan los entrantes compartidos de habas, espárragos y calçots, la conversación ya ha ido y venido varias veces de Benedetti -quien en sus últimos años le dedicó el imprescindible libro Daniel Viglietti, desalambrando (Alfaguara, 2010)- al repaso de la situación en varios países.
Del suyo, Uruguay, que le hizo sufrir persecución y exilio pero que ahora está en manos de un antiguo tupamaro, viene con buenas nuevas.
"Hace ya varios años que el timón político se maneja con la mano izquierda y creo que nadie quiere volver a lo anterior, pero es una navegación compleja y hay que estar atentos.
Y sobre todo superar ciertos temas, como el pendiente de los derechos humanos". Ahora ha vuelto a implicarse, explica, en la lucha para conseguir cambiar la Ley de Caducidad de la Pretensión Punitiva del Estado ("qué nombre, ¿no?") para que no queden impunes los crímenes de la dictadura.
Y, dice, asegurar el futuro.
"Para tomar impulso hacia adelante hay que dar un paso atrás. Es como tensar el arco antes de disparar".
El arroz parellada, del que se come dos platos, interrumpe un momento la charla, pero ya hemos pasado por una Europa a la que ve "deslizándose hacia el miedo", con el peligro de que acabe en manos del "fascismo populista", por una Latinoamérica en la que "aún hay esperanza y pensamientos de cambio" y también por la actual situación de Egipto, "un ejemplo de la capacidad de revolucionarse que tiene el pueblo".
Viglietti, que este año espera publicar su nuevo disco Canciones humanas, es optimista con la capacidad de la gente para asumir riesgos y forjar el cambio social.
Pero aunque es un mito de la canción protesta, no solo eso han sido sus cantos, llenos de amor, paisajes y esperanza.
"No se trata de hacer panfletos, aunque los hay necesarios, sino de intentar unir en el canto verdad y belleza, la ética cabe en la estética".
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