Me quiere, no me quiere; me quiere, no me quiere; me quiere, no me quiere... y deshojar la margarita es el poema-juego de amor más fácil y universal que alguna vez ha rondado nuestras cabezas. Una búsqueda y una espera que los poetas han transformado en un arte de palabras que muchas veces parecen escritas para cada uno de nosotros. Poemas que desvelan nuestros sentimientos, que adivinan nuestros deseos, que presienten nuestras emociones o que nos ponen delante de nosotros mismos.
"Que yo siempre amé
yo te traigo la prueba
que hasta que amé
yo nunca viví -bastante",
Emily Dickinson.
Y todo esto a cuento de qué, dirán algunos, y yo digo: "Como si el amor necesitara algún pretexto". Y aunque no hace falta quiero llevar las vísperas del dichoso San Valentín a territorios literarios, de la poesía:
"Amor ha sacudido mis sentidos,
como el viento que arremete en el monte a las encinas".
Safo.
Grandes poetas, grandes escritores, grandes conocedores del ser humano nos han acompañado.
Así es que los invito a que hagamos entre todos una antología con los versos o poemas de amor que más nos gustan, o señalan.
El año pasado elegimos las mejores novelas de amor.
Es el turno de la poesía que retrata el amor, su incertidumbre, su posesión, su ausencia, su alegría, su anhelo, su espera, su búsqueda, su lamento o su nostalgia.
O todo.
"Es hielo abrasador, es fuego helado,
es herida que duele y no se siente,
es un soñado bien, un mal presente,
es un breve descanso muy cansado".
Francisco de Quevedo.
¿Por qué tú que eres música, la escuchas con tristeza?, Shakespeare
¿Cuál es el verso o poema de amor que más te gusta o dedicarías?
Imagen: Amor victorioso, de Caravaggio.
Advertencia
Así que cuando sufras -y lo harás-
por alguien que te amó, procura siempre
acusarte a ti mismo de su olvido
porque fuiste cobarde o quizá fuiste ingrato.
Y aprende que la vida tiene un precio
que no puedes pagar continuamente.
Y aprende dignidad en tu derrota
agradeciendo a quien te quiso
el regalo fugaz de su hermosura".
Felipe Benítez Reyes
13 feb 2011
A ciegas MANUEL VICENT
Ningún analista político previó la caída del muro de Berlín ni siquiera un día antes.
De niño mi perro Chevalier comenzaba a ladrar a la hora exacta en que yo salía de la escuela y desde muy lejos percibía el sonido de los lápices Alpino que rebotaban dentro de mi estuche cuando volvía corriendo a casa.
Muchos años después mi perro Toby intuía sin equivocarse nunca si yo había ganado al póquer esa vez y me recibía de madrugada con gran alegría moviendo el rabo de una forma determinada.
Ningún analista político imaginó con unas horas de antelación que el imperio soviético se disolvería en la nada y Europa sería invadida por un ejército de mendigos del Este y el hombre nuevo, que vaticinó Lenin, sería ese ejemplar de multimillonario ruso adscrito a la mafia.
Ningún animal salvaje pereció en el tsunami de Indonesia de 2004.
Elefantes, monos, serpientes e incluso las hormigas se pusieron a salvo antes de que ocurriera la catástrofe.
Ningún director del Banco Mundial y del Fondo Monetario sospechó la llegada de esta crisis económica hasta que se les derrumbó el edificio encima.
La asonada multitudinaria de Túnez y de El Cairo ha supuesto la misma sorpresa que en su momento causó el atentado de las Torres Gemelas sin que ningún político, intelectual y sociólogo acertara con el futuro siniestro que se avecinaba.
Los animales poseen unos sensores para detectar las ondas sísmicas, eléctricas y magnéticas que emiten los cataclismos, un don que está negado a los humanos.
Para nosotros queda reservado solo el ridículo de los análisis del pretérito imperfecto, el enorme guirigay de opiniones entre los profetas del pasado.
Nadie sabe ahora lo que va a suceder en el mundo islámico con las réplicas de la ebullición política de Egipto. Solo una cosa está clara.
Cuando un pulpo sale de la pecera es casi imposible volverlo a introducir en ella.
Los pulpos caminan muy bien fuera del agua.
Tampoco la energía parapsicológica que emerge de las pirámides de Gizeh y la enigmática expresión del rostro carcomido de la esfinge servirán para saber si la rebeldía popular de Egipto se extenderá por todo el Magreb, si llegará allí la democracia previo un baño de sangre o si la CIA a medias con el Ejército egipcio logrará devolver el pulpo a la pecera y aquí no ha pasado nada.
De niño mi perro Chevalier comenzaba a ladrar a la hora exacta en que yo salía de la escuela y desde muy lejos percibía el sonido de los lápices Alpino que rebotaban dentro de mi estuche cuando volvía corriendo a casa.
Muchos años después mi perro Toby intuía sin equivocarse nunca si yo había ganado al póquer esa vez y me recibía de madrugada con gran alegría moviendo el rabo de una forma determinada.
Ningún analista político imaginó con unas horas de antelación que el imperio soviético se disolvería en la nada y Europa sería invadida por un ejército de mendigos del Este y el hombre nuevo, que vaticinó Lenin, sería ese ejemplar de multimillonario ruso adscrito a la mafia.
Ningún animal salvaje pereció en el tsunami de Indonesia de 2004.
Elefantes, monos, serpientes e incluso las hormigas se pusieron a salvo antes de que ocurriera la catástrofe.
Ningún director del Banco Mundial y del Fondo Monetario sospechó la llegada de esta crisis económica hasta que se les derrumbó el edificio encima.
La asonada multitudinaria de Túnez y de El Cairo ha supuesto la misma sorpresa que en su momento causó el atentado de las Torres Gemelas sin que ningún político, intelectual y sociólogo acertara con el futuro siniestro que se avecinaba.
Los animales poseen unos sensores para detectar las ondas sísmicas, eléctricas y magnéticas que emiten los cataclismos, un don que está negado a los humanos.
Para nosotros queda reservado solo el ridículo de los análisis del pretérito imperfecto, el enorme guirigay de opiniones entre los profetas del pasado.
Nadie sabe ahora lo que va a suceder en el mundo islámico con las réplicas de la ebullición política de Egipto. Solo una cosa está clara.
Cuando un pulpo sale de la pecera es casi imposible volverlo a introducir en ella.
Los pulpos caminan muy bien fuera del agua.
Tampoco la energía parapsicológica que emerge de las pirámides de Gizeh y la enigmática expresión del rostro carcomido de la esfinge servirán para saber si la rebeldía popular de Egipto se extenderá por todo el Magreb, si llegará allí la democracia previo un baño de sangre o si la CIA a medias con el Ejército egipcio logrará devolver el pulpo a la pecera y aquí no ha pasado nada.
Amores de ida y vuelta
En Hollywood abundan las traumáticas separaciones y los sonados reencuentros .
. .Ni siquiera los muñecos se libran de traumáticas separaciones y sonados reencuentros. En 2004 Mattel anunciaba que después de casi cinco décadas juntos, y tras conocerse en un plató de televisión en 1961, Ken y Barbie se separaban "porque necesitaban espacio para sí mismos".
Hace apenas una semana, la empresa de juguetes más potente del planeta anunciaba que Ken, al que le han hecho un lavado de imagen, está dispuesto a recuperar a su chica. Según anuncia la firma, pronto las ciudades estadounidenses se llenarán de carteles que dispararán frases como estas: "Somos de plástico, pero nuestro amor es real" y "Barbie, eres la única muñeca para mí".
Los actores sienna miller y jude law se han dicho adiós por tercera vez
En el mundo de los famosos de carne y hueso, nadie osa hacer esas declaraciones aunque el amor vaya y venga sin reglas fijas.
Muchas parejas se construyen con cimientos aparentemente sólidos y después se derrumban como castillos de naipes para volver a reconstruirse y más tarde sufrir nuevos terremotos sentimentales.
También le ocurre a las parejas corrientes y entonces solo se enteran los amigos, pero los famosos no tienen el lujo de disfrutar de ese bien preciado llamado intimidad, y aunque nadie ponga carteles, sus amores y desamores alimentan las ventas de las revistas del corazón.
El caso de Jude Law y Sienna Miller ha sido el más reciente aunque hay muchos más. La pareja se enamoró en 2003 en el rodaje de Alfi.
Fijaron hasta una fecha de boda, finales de 2004, pero poco antes la niñera de los hijos Law desveló que había tenido un tórrido lío con el actor, así que Miller rompió con él y pasaron meses separados.
Después decidieron volverlo a intentar sin éxito y rompieron amistosamente en 2006. Hace dos años, cuando ambos estaban en Nueva York protagonizando diferentes obras de teatro, se supo que habían vuelto a reincidir y hasta se les fotografió juntos en Barbados, pero este mes su relación ha vuelto a romperse, como ellos mismos han confirmado a través de sus agentes.
Pero en la historia de los amores de ida y vuelta hay personajes que se llevan la palma, como Elizabeth Taylor.
La actriz se casó ocho veces y dos de ellas con el actor Richard Burton, el hombre a quien más tiempo estuvo unida.
Su primer matrimonio con él duró 10 años. Tras un agrio divorcio en junio de 1974, la pareja volvió a intercambiar anillos en 1975, aunque en esta ocasión la unión apenas duró siete meses.
Curiosamente, en una entrevista publicada este mes en la revista Harper's Bazaar, la actriz, de 78 años, afirma que si Richard Burton estuviera vivo, "sería inevitable que estuviéramos casados, pero no es algo que se pueda discutir".
Otros sonados encuentros y desencuentros los han protagonizado Leonardo DiCaprio y la modelo Bar Rafaeli, que fueron pareja de 2004 a 2009, se separaron a mediados de ese año y volvieron a reincidir en 2010.
El pasado enero estuvieron juntos en Hawai, así que parece que el romance sigue adelante.
Por su parte, la cantante Pink y Carey Hart se casaron en 2006, se separaron en 2008 y se reconciliaron en 2009.
Hoy acuden a un consejero sentimental para mantener a flote la relación.
Otra pareja adicta a los encuentros y los desencuentros ha sido la de Megan Fox y Brian Austin Green.
Comenzaron su romance en 2004 en el plató de la serie Hope and Faith. Se comprometieron en 2006, pero en 2009 rompieron oficialmente el compromiso. A finales de ese año se volvieron a dejar ver juntos y finalmente, en julio de 2010, anunciaban su boda. Hoy siguen, aparentemente, felizmente casados. Entre las rupturas de viejo cuño están las de parejas como Sean Penn y Robin Wright.
Su historia se remonta a 1989, cuando tras divorciarse de Madonna, Penn comenzó a salir con Robin.
Su primer hijo nacía en 1991 y su segundo en 1993.
En 1996 la pareja decidió casarse y estuvo unida hasta que a finales de 2007 presentaron los papeles de divorcio.
Se arrepintieron, volvieron a liarse en mayo de 2008, pero no funcionó y Penn decidió solicitar nuevamente el divorcio en abril de 2009, aunque volvió a arrepentirse y a reconciliarse con su mujer un mes después.
No obstante, en agosto del mismo año fue ella la que decidió separarse y en julio de 2010 se oficializaba su divorcio.
Está claro que, además de ciego, el amor es caprichoso.
. .Ni siquiera los muñecos se libran de traumáticas separaciones y sonados reencuentros. En 2004 Mattel anunciaba que después de casi cinco décadas juntos, y tras conocerse en un plató de televisión en 1961, Ken y Barbie se separaban "porque necesitaban espacio para sí mismos".
Hace apenas una semana, la empresa de juguetes más potente del planeta anunciaba que Ken, al que le han hecho un lavado de imagen, está dispuesto a recuperar a su chica. Según anuncia la firma, pronto las ciudades estadounidenses se llenarán de carteles que dispararán frases como estas: "Somos de plástico, pero nuestro amor es real" y "Barbie, eres la única muñeca para mí".
Los actores sienna miller y jude law se han dicho adiós por tercera vez
En el mundo de los famosos de carne y hueso, nadie osa hacer esas declaraciones aunque el amor vaya y venga sin reglas fijas.
Muchas parejas se construyen con cimientos aparentemente sólidos y después se derrumban como castillos de naipes para volver a reconstruirse y más tarde sufrir nuevos terremotos sentimentales.
También le ocurre a las parejas corrientes y entonces solo se enteran los amigos, pero los famosos no tienen el lujo de disfrutar de ese bien preciado llamado intimidad, y aunque nadie ponga carteles, sus amores y desamores alimentan las ventas de las revistas del corazón.
El caso de Jude Law y Sienna Miller ha sido el más reciente aunque hay muchos más. La pareja se enamoró en 2003 en el rodaje de Alfi.
Fijaron hasta una fecha de boda, finales de 2004, pero poco antes la niñera de los hijos Law desveló que había tenido un tórrido lío con el actor, así que Miller rompió con él y pasaron meses separados.
Después decidieron volverlo a intentar sin éxito y rompieron amistosamente en 2006. Hace dos años, cuando ambos estaban en Nueva York protagonizando diferentes obras de teatro, se supo que habían vuelto a reincidir y hasta se les fotografió juntos en Barbados, pero este mes su relación ha vuelto a romperse, como ellos mismos han confirmado a través de sus agentes.
Pero en la historia de los amores de ida y vuelta hay personajes que se llevan la palma, como Elizabeth Taylor.
La actriz se casó ocho veces y dos de ellas con el actor Richard Burton, el hombre a quien más tiempo estuvo unida.
Su primer matrimonio con él duró 10 años. Tras un agrio divorcio en junio de 1974, la pareja volvió a intercambiar anillos en 1975, aunque en esta ocasión la unión apenas duró siete meses.
Curiosamente, en una entrevista publicada este mes en la revista Harper's Bazaar, la actriz, de 78 años, afirma que si Richard Burton estuviera vivo, "sería inevitable que estuviéramos casados, pero no es algo que se pueda discutir".
Otros sonados encuentros y desencuentros los han protagonizado Leonardo DiCaprio y la modelo Bar Rafaeli, que fueron pareja de 2004 a 2009, se separaron a mediados de ese año y volvieron a reincidir en 2010.
El pasado enero estuvieron juntos en Hawai, así que parece que el romance sigue adelante.
Por su parte, la cantante Pink y Carey Hart se casaron en 2006, se separaron en 2008 y se reconciliaron en 2009.
Hoy acuden a un consejero sentimental para mantener a flote la relación.
Otra pareja adicta a los encuentros y los desencuentros ha sido la de Megan Fox y Brian Austin Green.
Comenzaron su romance en 2004 en el plató de la serie Hope and Faith. Se comprometieron en 2006, pero en 2009 rompieron oficialmente el compromiso. A finales de ese año se volvieron a dejar ver juntos y finalmente, en julio de 2010, anunciaban su boda. Hoy siguen, aparentemente, felizmente casados. Entre las rupturas de viejo cuño están las de parejas como Sean Penn y Robin Wright.
Su historia se remonta a 1989, cuando tras divorciarse de Madonna, Penn comenzó a salir con Robin.
Su primer hijo nacía en 1991 y su segundo en 1993.
En 1996 la pareja decidió casarse y estuvo unida hasta que a finales de 2007 presentaron los papeles de divorcio.
Se arrepintieron, volvieron a liarse en mayo de 2008, pero no funcionó y Penn decidió solicitar nuevamente el divorcio en abril de 2009, aunque volvió a arrepentirse y a reconciliarse con su mujer un mes después.
No obstante, en agosto del mismo año fue ella la que decidió separarse y en julio de 2010 se oficializaba su divorcio.
Está claro que, además de ciego, el amor es caprichoso.
Relato de un viaje imposible
Leila Guerriero y Juan José Millás desmenuzan su trabajo en el primer coloquio de "Testigos del olvido"
. .No es nada fácil escribir un buen reportaje, encontrar el equilibrio entre la información y la expresión.
Abarcarlo todo, no traicionar a nadie, atrapar al lector. La insatisfacción acompaña siempre al cronista que se acerca a un lugar para contarlo.
Peor aún si se trata de un lugar remoto y perdido del que ya nadie se acuerda. La periodista argentina Leila Guerriero y el escritor español Juan José Millas han desmenuzado esta tarde en el salón de actos de la sede central del Instituto Cervantes (en Madrid) su trabajo para El País Semanal en dos lugares lejanos: Zimbaue y Cachemira. Mientras Guerriero se mostró como una tozuda cronista en busca de los demás y, por extensión, de sí misma, Millás confensó que esta vez el resultado lo asume como un fracaso.
"No acerté con este reportaje", admitió.
Se le escapó, dijo, la verdad que buscaba ante la presión de querer contarlo todo, de querer "complacer" a todos.
El escritor fracasó en las vestiduras del periodista.
La pareja ha abierto la serie de mesas redondas que se celebrarán sobre la exposición Testigos del olvido, que reúne en el Cervantes fotografías, manuscritos y extractos de los reportajes que realizaron entre 2009 y 2010 ocho autores de primera fila sobre ocho rincones remotos del mundo.
De la mano de Médicos sin Fronteras, El País Semanal envió a Mario Vargas Llosa, Manuel Vicent, John Carlin, Guerrier y Millás, entre otros, para contar estos conflictos perdidos. El periodista y comisario de la exposición, Jesús Ruiz Mantilla, ha conducido un veloz taller de escritura y periodismo en el que se ha puesto sobre la mesa una tarea en la que regatear los tópicos y buscar una voz propia es una meta harto complicada.
Junto a él y los dos autores, Javier Sancho, "uno de los padres del proyecto", evocó la matriz de los ocho viajes, escoltados siempre por él y el fotógrafo de Médicos sin Fronteras, Juan Carlos Tomasi. "La idea surgió cuando en 2005 leí un reportaje de Martin Amis sobre la violencia en Colombia. Me pareció muy interesante ver aquel conflicto desde la mirada de un escritor. Por ello pensamos en trasladarlo a escritores hispanohablantes, embarcados en viajes a lugares cuyas crisis ya no eran foco de atención de los medios de comunicación. No se trataba de volver con periodistas al uso".
Guerriero tituló su reportaje sobre la nación con la tasa más alta del mundo de VIH "Un país que se desangra" y para recordar su experiencia leyó ("no soy buena improvisando") un relato cuyo temblor puso contra las cuerdas emocionales a un salón de actos hipnotizado con lo que escuchaba.
Evocaciones infantiles de tierras lejanas que finalmente chocaron con una realidad imposible de asumir desde el calor del primer mundo.
Guerriero leyó sin un respiro, como probablemente vivió sin un respiro sus 12 días en un país aterrado y aterrador.
Pese a ello, ahí estaba su obstinado instinto de cronista para narrar lo inenarrable.
Millás viajó a la guerra eterna de Cachemira y se equivocó, según su propia confesión, al no atreverse a contar lo que de verdad le obsesionaba: la vida en el manicomio local de un lugar señalado en el mapa como la tierra con más locos por metro cuadrado del mundo. "El psiquiátrico me obsesionaba pero opté por lo fragmentario, por los fogonazos frente al relato, la sucesión de horrores costumbrista.
Lo quise contar todo y fracasé al querer dar satisfacción a todos menos a mí mismo".
. .No es nada fácil escribir un buen reportaje, encontrar el equilibrio entre la información y la expresión.
Abarcarlo todo, no traicionar a nadie, atrapar al lector. La insatisfacción acompaña siempre al cronista que se acerca a un lugar para contarlo.
Peor aún si se trata de un lugar remoto y perdido del que ya nadie se acuerda. La periodista argentina Leila Guerriero y el escritor español Juan José Millas han desmenuzado esta tarde en el salón de actos de la sede central del Instituto Cervantes (en Madrid) su trabajo para El País Semanal en dos lugares lejanos: Zimbaue y Cachemira. Mientras Guerriero se mostró como una tozuda cronista en busca de los demás y, por extensión, de sí misma, Millás confensó que esta vez el resultado lo asume como un fracaso.
"No acerté con este reportaje", admitió.
Se le escapó, dijo, la verdad que buscaba ante la presión de querer contarlo todo, de querer "complacer" a todos.
El escritor fracasó en las vestiduras del periodista.
La pareja ha abierto la serie de mesas redondas que se celebrarán sobre la exposición Testigos del olvido, que reúne en el Cervantes fotografías, manuscritos y extractos de los reportajes que realizaron entre 2009 y 2010 ocho autores de primera fila sobre ocho rincones remotos del mundo.
De la mano de Médicos sin Fronteras, El País Semanal envió a Mario Vargas Llosa, Manuel Vicent, John Carlin, Guerrier y Millás, entre otros, para contar estos conflictos perdidos. El periodista y comisario de la exposición, Jesús Ruiz Mantilla, ha conducido un veloz taller de escritura y periodismo en el que se ha puesto sobre la mesa una tarea en la que regatear los tópicos y buscar una voz propia es una meta harto complicada.
Junto a él y los dos autores, Javier Sancho, "uno de los padres del proyecto", evocó la matriz de los ocho viajes, escoltados siempre por él y el fotógrafo de Médicos sin Fronteras, Juan Carlos Tomasi. "La idea surgió cuando en 2005 leí un reportaje de Martin Amis sobre la violencia en Colombia. Me pareció muy interesante ver aquel conflicto desde la mirada de un escritor. Por ello pensamos en trasladarlo a escritores hispanohablantes, embarcados en viajes a lugares cuyas crisis ya no eran foco de atención de los medios de comunicación. No se trataba de volver con periodistas al uso".
Guerriero tituló su reportaje sobre la nación con la tasa más alta del mundo de VIH "Un país que se desangra" y para recordar su experiencia leyó ("no soy buena improvisando") un relato cuyo temblor puso contra las cuerdas emocionales a un salón de actos hipnotizado con lo que escuchaba.
Evocaciones infantiles de tierras lejanas que finalmente chocaron con una realidad imposible de asumir desde el calor del primer mundo.
Guerriero leyó sin un respiro, como probablemente vivió sin un respiro sus 12 días en un país aterrado y aterrador.
Pese a ello, ahí estaba su obstinado instinto de cronista para narrar lo inenarrable.
Millás viajó a la guerra eterna de Cachemira y se equivocó, según su propia confesión, al no atreverse a contar lo que de verdad le obsesionaba: la vida en el manicomio local de un lugar señalado en el mapa como la tierra con más locos por metro cuadrado del mundo. "El psiquiátrico me obsesionaba pero opté por lo fragmentario, por los fogonazos frente al relato, la sucesión de horrores costumbrista.
Lo quise contar todo y fracasé al querer dar satisfacción a todos menos a mí mismo".
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