CERCA DEL FUTURO
Los motivos circulares que presidieron las visiones futuristas de los diseñadores en los años sesenta (como André Courrèges) recortaban las prendas y dibujaban los tocados-máscara de las modelos.
Pero no hay atisbo de nostalgia.
Tal vez porque la relación de Giorgio Armani, de 76 años, con la tecnología es necesariamente más intensa que la de otros diseñadores de moda.
Entre los múltiples productos que comercializa con su nombres (que van desde hoteles hasta flores), hay teléfonos móviles y televisores.
Estas Navidades ha lanzado su último terminal junto a Samsung, llamado Galaxy.
25 ene 2011
Los primeros ROSA MONTERO
Bien, lo hemos logrado: España es líder internacional en descargas ilegales de música. ¡Guay!
Por fin hemos conseguido ser los primeros del mundo en algo.
Y además hay que decir que no es un puesto preeminente que nos haya caído encima de chiripa, sino que nos lo hemos venido trabajando desde el más remoto pasado histórico, con un sostenido e indomable esfuerzo de nuestra idiosincrasia individualista.
Y es que, ¿en qué se puede decir, sin temor a equivocarnos, que estamos verdaderamente entre los más destacados del planeta?
Pues en nuestra incivilidad, señoras y señores; en nuestra apasionada elección del propio ombligo como paisaje social; en el desdén del otro, de los derechos del otro y del espacio común.
Ya lo decía el célebre escritor Gerald Brenan en 1943: los españoles estamos atomizados en grupos tribales y somos incapaces de concebir lo colectivo.
Y, antes que él, otros visitantes extranjeros han dado fe de nuestra larga porfía por ocupar el más elevado puesto de la cerrilidad.
"Entre ellos, los españoles se devoran", anotaba en 1603 el francés Bartolomé Joy. Y a mediados del siglo XIX, el inglés Richard Ford observó: "La propia persona es el centro de gravedad de todo español (...) Desde tiempos muy remotos a todos los observadores les ha sorprendido este localismo, considerándolo como uno de los rasgos característicos de la raza ibera, que nunca (...) consintió en sacrificar su interés particular en aras del bien general".
Ya digo, llevamos muchos años trabajándonos la incuria social, que ahora florece con esplendor magnífico en la piratería a tutiplén, en las incendiarias rabietas con respecto a la ley del tabaco o en nuestro furioso sectarismo político (solo apoyo a mi horda, lo haga mal o bien).
En fin, hay que reconocer que en esto somos buenísimos.
Si lo dices tu, no sé en que eres tu buena, salvo en tu novela, Te trataré como a una reina, luego el silencio, solo como columnista se te puede leer la 1ª de un dia tonto.
Por fin hemos conseguido ser los primeros del mundo en algo.
Y además hay que decir que no es un puesto preeminente que nos haya caído encima de chiripa, sino que nos lo hemos venido trabajando desde el más remoto pasado histórico, con un sostenido e indomable esfuerzo de nuestra idiosincrasia individualista.
Y es que, ¿en qué se puede decir, sin temor a equivocarnos, que estamos verdaderamente entre los más destacados del planeta?
Pues en nuestra incivilidad, señoras y señores; en nuestra apasionada elección del propio ombligo como paisaje social; en el desdén del otro, de los derechos del otro y del espacio común.
Ya lo decía el célebre escritor Gerald Brenan en 1943: los españoles estamos atomizados en grupos tribales y somos incapaces de concebir lo colectivo.
Y, antes que él, otros visitantes extranjeros han dado fe de nuestra larga porfía por ocupar el más elevado puesto de la cerrilidad.
"Entre ellos, los españoles se devoran", anotaba en 1603 el francés Bartolomé Joy. Y a mediados del siglo XIX, el inglés Richard Ford observó: "La propia persona es el centro de gravedad de todo español (...) Desde tiempos muy remotos a todos los observadores les ha sorprendido este localismo, considerándolo como uno de los rasgos característicos de la raza ibera, que nunca (...) consintió en sacrificar su interés particular en aras del bien general".
Ya digo, llevamos muchos años trabajándonos la incuria social, que ahora florece con esplendor magnífico en la piratería a tutiplén, en las incendiarias rabietas con respecto a la ley del tabaco o en nuestro furioso sectarismo político (solo apoyo a mi horda, lo haga mal o bien).
En fin, hay que reconocer que en esto somos buenísimos.
Si lo dices tu, no sé en que eres tu buena, salvo en tu novela, Te trataré como a una reina, luego el silencio, solo como columnista se te puede leer la 1ª de un dia tonto.
Las Bettencourt lucen reconciliación
Madre e hija acudieron al desfile de Armani en París cogidas de la mano .
Aparecieron de la mano y sonrientes, más la madre que la hija, y fueron las grandes estrellas de la tarde.
En navidad hicieron las paces y llegaron a un acuerdo con el fotógrafo banier
Después de años de litigios que comenzaron en los medios de comunicación franceses, siguieron en los tribunales y alcanzaron a un ministro del gobierno Sarkozy, Liliane Bettencourt y su única hija, Françoise, escenificaron ayer públicamente su reconciliación. El momento que eligieron fue el desfile que organizó, dentro de la Semana de Alta Costura de París, el diseñador italiano Giorgio Armani.
Se sabía que la madre y la hija habían hecho las paces días antes de Navidad, pero hasta ayer no se habían dejado ver juntas.
Los fotógrafos, al verlas aparecer, dejaron de enfocar a la actriz Jodie Foster y a la temible Anna Wintour, editora de Vogue, para centrarse en las grandes estrellas del día.
Ellas sabían que iba a ocurrir así y se dejaron fotografiar, pero sin hacer declaraciones.
Liliane y su hija hicieron las paces cuando Françoise llegó a un acuerdo con el fotógrafo François-Marie Banier, el dandi al que acusaba de haberse aprovechado de su hipermillonaria madre para obtener regalos por valor de 1.000 millones de euros.
El abogado de la hija, el famoso penalista Olivier Metzner aseguró en aquel momento que Banier "renuncia a muchas de las promesas que le hicieron". Y añadió que el acuerdo significaba que "la familia está de nuevo unida, que madre e hija ya se hablan y que Banier saldrá de la vida de los Bettencourt".
Queda la parte política, que sigue su curso judicial: en julio, unas comprometedoras grabaciones llevadas a cabo por el mayordomo de la anciana acusaban al ex ministro de Trabajo, Eric Woerth, de trato de favor fiscal con respecto a Bettencourt.
Días después, la ex contable de la anciana denunciaba a Woerth por recibir 150.000 euros procedentes de la fortuna de la anciana para la financiación de la campaña electoral de Nicolas Sarkozy de 2007.
Liliane Bettencourt es la mujer más rica de Francia, la única heredera del imperio de cosméticos L'Oréal, fundado por su padre a principios del siglo XX y tiene una fortuna valorada en 17.000 millones de euros, según cálculos algo antiguos de la revista Forbes.
Y en el olvido, al menos del momento, permanece el dandi François-Marie Banier fotógrafo, escritor, pintor, y, según muchos, un caradura con mucho tino, al que durante muchos años la hija de Liliane acusó de haberse aprovechado de la "debilidad" de la anciana para haberse hecho regalar dinero, seguros de vida, obras de arte, casas, mansiones, e islas, entre otras cosas.
Liliane aseguró siempre que entregó el dinero a su amigo porque quiso, sin estar coaccionada.Su familia, en cambio, siempre argumentó que a la millonaria le fallaba la memoria, estaba algo sorda y no sabía lo que hacia.
Aparecieron de la mano y sonrientes, más la madre que la hija, y fueron las grandes estrellas de la tarde.
En navidad hicieron las paces y llegaron a un acuerdo con el fotógrafo banier
Después de años de litigios que comenzaron en los medios de comunicación franceses, siguieron en los tribunales y alcanzaron a un ministro del gobierno Sarkozy, Liliane Bettencourt y su única hija, Françoise, escenificaron ayer públicamente su reconciliación. El momento que eligieron fue el desfile que organizó, dentro de la Semana de Alta Costura de París, el diseñador italiano Giorgio Armani.
Se sabía que la madre y la hija habían hecho las paces días antes de Navidad, pero hasta ayer no se habían dejado ver juntas.
Los fotógrafos, al verlas aparecer, dejaron de enfocar a la actriz Jodie Foster y a la temible Anna Wintour, editora de Vogue, para centrarse en las grandes estrellas del día.
Ellas sabían que iba a ocurrir así y se dejaron fotografiar, pero sin hacer declaraciones.
Liliane y su hija hicieron las paces cuando Françoise llegó a un acuerdo con el fotógrafo François-Marie Banier, el dandi al que acusaba de haberse aprovechado de su hipermillonaria madre para obtener regalos por valor de 1.000 millones de euros.
El abogado de la hija, el famoso penalista Olivier Metzner aseguró en aquel momento que Banier "renuncia a muchas de las promesas que le hicieron". Y añadió que el acuerdo significaba que "la familia está de nuevo unida, que madre e hija ya se hablan y que Banier saldrá de la vida de los Bettencourt".
Queda la parte política, que sigue su curso judicial: en julio, unas comprometedoras grabaciones llevadas a cabo por el mayordomo de la anciana acusaban al ex ministro de Trabajo, Eric Woerth, de trato de favor fiscal con respecto a Bettencourt.
Días después, la ex contable de la anciana denunciaba a Woerth por recibir 150.000 euros procedentes de la fortuna de la anciana para la financiación de la campaña electoral de Nicolas Sarkozy de 2007.
Liliane Bettencourt es la mujer más rica de Francia, la única heredera del imperio de cosméticos L'Oréal, fundado por su padre a principios del siglo XX y tiene una fortuna valorada en 17.000 millones de euros, según cálculos algo antiguos de la revista Forbes.
Y en el olvido, al menos del momento, permanece el dandi François-Marie Banier fotógrafo, escritor, pintor, y, según muchos, un caradura con mucho tino, al que durante muchos años la hija de Liliane acusó de haberse aprovechado de la "debilidad" de la anciana para haberse hecho regalar dinero, seguros de vida, obras de arte, casas, mansiones, e islas, entre otras cosas.
Liliane aseguró siempre que entregó el dinero a su amigo porque quiso, sin estar coaccionada.Su familia, en cambio, siempre argumentó que a la millonaria le fallaba la memoria, estaba algo sorda y no sabía lo que hacia.
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