Anna Chapman está dispuesta a sacarle partido a su imagen en televisión. El viernes, la ex espía, de 28 años, debutó en la cadena comercial Ren TV en un programa con pretensiones de documental que es parte de una serie titulada Los Misterios del Mundo. Su primer capítulo estuvo dedicado a los estigmas (heridas sangrantes o manchas que algunos consideran un fenómeno divino).
En formato de reportaje de investigación con inquietante música de fondo, el programa pasó revista a diferentes casos, en general en el ámbito católico, pero se centró en el caso de Alí Yakúbov.
Este niño, nacido en una familia musulmana de Daguestán, en el Norte del Cáucaso, se convirtió en objeto de culto popular por los versículos del Corán que supuestamente aparecen sobre su cuerpo (con faltas de ortografia según expertos consultados para el programa de Chapman).
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La contribución de Chapman fue sobre todo su aparición intermitente, montada sobre el reportaje realizado por dos periodistas.
Intercalada entre los temas que éstos desarrollaban, la imagen de la espía, enfundada en un gabán digno de James Bond y aspecto de hechicera, repetía con voz algo gangosa: "Yo desvelaré todos los misterios".
Luego, vestida con un ajustado traje rojo y negro que evocaba a las heroinas de ciencia ficción, Chapman fue comentando diferentes hipótesis sobre el fenómeno.
El documental la mostraba también tocada con un velo blanco, quitándose los tacones para entrar en una mezquita y dando la impresión de conversar con un dignatario islámico sobre los estigmas en el mundo musulmán.
Al final, no quedó claro qué le pasa al niño Alí. Pero a Chapman, que fue expulsada de EEUU el verano pasado, no parecía importarle: "No obtuvimos una respuesta clara hoy, pero no importa quien hizo estas inscripciones (al niño Alí), sino el sentido que tienen. Si gracias a su aparición, la paz y la prosperidad llegan al Cáucaso, será un verdadero milagro", dijo. Según el reportaje, Alí vive y nació en Kisliar, en la clínica donde en 1996, el checheno Salman Radúyev secuestró a setecientas personas y donde todavía se producen actos terroristas.
Desde su vuelta a Rusia, Chapman ha posado para la revista masculina Maxim, ha sido nombrada miembro de la directiva de una organización juvenil adscrita al partido dirigente, Rusia Unida, y ha obtenido un puesto en un banco.
En su programa, con carácter semanal, no hablará de su antigua profesión. Mijail Tukmanchev, el directivo de Ren TV que la contrató, ha admitido que la ex espía no tiene experiencia televisiva, pero sí en otras actividades como "los negocios".
23 ene 2011
El viejo Gainsbourg ha vuelto
Nuevas ediciones, filmes e inéditos recuerdan dos décadas de la muerte del cantante .
Basta acercarse a su casa parisiense de siempre, vacía desde hace 20 años, en Saint-Germain-des-Prés, para darse cuenta de que Serge Gainsbourg sigue contando: las persianas, la verja, las paredes, la puerta... todo está abarrotado de pintadas, de grafitis, de dibujos, de frases ("eras el mejor, eras guapo, eras un artista"). Muchos son recientes, y todos pertenecen a seguidores de este artista feo y orejón, que sedujo a las mujeres más bellas de la época, Brigitte Bardot entre ellas, tímido hasta la enfermedad en sus comienzos y provocador obsceno y chabacano al final de su carrera, que murió solo mientras se echaba la siesta en esa misma casa el 2 de marzo de 1991. Francia se prepara para celebrar el 20º aniversario: todas sus canciones se editarán de nuevo en una serie de 20 CD que saldrá a la venta el 28 de febrero. Antes, una antología de sus textos se publicará en un volumen de 700 páginas llevada a cabo por su biógrafo de referencia, Gilles Verlant. Paralelamente se exhuman y se radian viejos temas pretendidamente inéditos: una versión en la que acompaña en un ensayo a la cantante Dani, para la que compuso la canción Como un boomerang.
La noticia en otros webs
•webs en español
•en otros idiomas
Todas sus canciones se editarán en 20 discos que saldrán a la venta en febrero
Cinco imprescindibles del mito feo y orejón
El viejo Gainsbourg ha vuelto, pues, con su Gitanes y su cóctel de algo en la mano, al lado siempre de la más guapa. La verdad es que Gainsbourg ya estaba ahí. El año pasado, una película del cineasta Joann Sfar (Gainsbourg, vida de un héroe), le devolvió parte de su fama y desde entonces, como en los buenos tiempos, no se ha bajado de las páginas de los periódicos franceses o de las pantallas de la televisión.
Gainsbourg, conocido en España sobre todo por su célebre -y escandalosa en su tiempo- Je t'aime... moi non plus, interpretada junto a Jane Birkin, el tema más explícitamente sexual que se ha compuesto nunca, nació en París, en 1928.
Su territorio de infancia fue Montmartre.
Quiso ser pintor, pero para ganarse la vida tocaba el piano en un tugurio de travestís de Pigalle. Obsesionado por triunfar, por ganar dinero, fama y reconocimiento, comenzó a componer.
Por entonces ofreció a Juliette Gréco una joya en forma de canción titulada La Javanaise, que él también interpretó en su tiempo con su estilo algo acomplejado y timorato de entonces.
Su primera grabación en televisión data de 1957 y al recordarla, en un documental emitido hace meses por France 2 titulado Gainsbourg caras ocultas, Gréco se echaba las manos a la cabeza, asegurando: "era espantoso". Tras algunos años de aparecer a lo Jacques Brel, sin ganar ni fama ni dinero, abandonó el escenario y se dedicó a componer canciones para otros.
En 1965 escribe para la casi adolescente France Gall Poupée de cire, poupée de son con la que esta gana el Festival de Eurovisión de 1965.
Adiós a los trajes y al existencialismo: bienvenido al mundo yeyé, mucho más lucrativo y alegre
En 1967 conoció a Bardot. Se enamoraron en un restaurante. Ella le pidió una noche, según la leyenda, que le compusiera la canción de amor más bonita del mundo y él rescató una melodía que había utilizado años atrás para una banda sonora y escribió Je t'aime... moi non plus. La grabaron juntos.
La versión de Bardot es más explosiva que la de Birkin.
Tanto que la actriz, casada por entonces, al ver el escándalo monumental que se organizó en la Francia de la época, rogó a su amante que la retirara del mercado.
Gainsbourg, tan feo como caballeroso, accedió.
Dos años después lo volvería a grabar, esta vez con su mujer de entonces, la cantante y actriz Jane Birkin. La canción les catapultó a los dos para siempre.
Gainsbourg grabó más de 19 álbumes, dirigió cuatro películas, participó como actor en muchas más, compuso cientos de canciones y vivió un momento extraño de gloria y redención: en 1979, en un recital en Estrasburgo, un grupo de militares franceses y miembros de la extrema derecha más feroz ocuparon las primeras filas de la sala. Venían dispuestos a impedir que Gainsbourg interpretara su último éxito, Aux armes et caetera, una versión reggae de La Marsellesa, considerada por muchos un ultraje. Al ver el panorama, el cantante ordenó a sus músicos rastas que no se bajaran del autobús. Subió al escenario solo a pesar de que el dueño de la sala le advirtió del peligro. Y dijo: "los que han impedido el concierto han devuelto a La Marsellesa su sentido inicial". Después, este hombre apolítico, con fama de chulo y de degenerado, probablemente borracho, levantó el brazo derecho -el del cigarro- y adquiriendo una dignidad y una grandeza inesperada, comenzó a cantar, en solitario, el himno de Francia.
Los militares que le observaban atónitos no pudieron hacer otra cosa que cuadrarse.
Alcoholizado, hundido psicológicamente, abandonado por Birkin, deprimido, enflaquecido, sus últimos años fueron una pesadilla a veces retransmitida por televisión, donde seguía interpretando el personaje provocador que se había creado: llegó a quemar un billete de 500 francos en directo para protestar por los impuestos que pagaba o a proponer a Whitney Houston que se acostara con él.
Murió a los 63 años, en su casa de siempre, la que compró para vivir con Brigitte Bardot y en la que vivió con Jane Birkin, después de haber tratado inútilmente de deshacerse del alcohol y el tabaco.
Ya entonces sus admiradores escribían frases en su puerta.
Basta acercarse a su casa parisiense de siempre, vacía desde hace 20 años, en Saint-Germain-des-Prés, para darse cuenta de que Serge Gainsbourg sigue contando: las persianas, la verja, las paredes, la puerta... todo está abarrotado de pintadas, de grafitis, de dibujos, de frases ("eras el mejor, eras guapo, eras un artista"). Muchos son recientes, y todos pertenecen a seguidores de este artista feo y orejón, que sedujo a las mujeres más bellas de la época, Brigitte Bardot entre ellas, tímido hasta la enfermedad en sus comienzos y provocador obsceno y chabacano al final de su carrera, que murió solo mientras se echaba la siesta en esa misma casa el 2 de marzo de 1991. Francia se prepara para celebrar el 20º aniversario: todas sus canciones se editarán de nuevo en una serie de 20 CD que saldrá a la venta el 28 de febrero. Antes, una antología de sus textos se publicará en un volumen de 700 páginas llevada a cabo por su biógrafo de referencia, Gilles Verlant. Paralelamente se exhuman y se radian viejos temas pretendidamente inéditos: una versión en la que acompaña en un ensayo a la cantante Dani, para la que compuso la canción Como un boomerang.
La noticia en otros webs
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Todas sus canciones se editarán en 20 discos que saldrán a la venta en febrero
Cinco imprescindibles del mito feo y orejón
El viejo Gainsbourg ha vuelto, pues, con su Gitanes y su cóctel de algo en la mano, al lado siempre de la más guapa. La verdad es que Gainsbourg ya estaba ahí. El año pasado, una película del cineasta Joann Sfar (Gainsbourg, vida de un héroe), le devolvió parte de su fama y desde entonces, como en los buenos tiempos, no se ha bajado de las páginas de los periódicos franceses o de las pantallas de la televisión.
Gainsbourg, conocido en España sobre todo por su célebre -y escandalosa en su tiempo- Je t'aime... moi non plus, interpretada junto a Jane Birkin, el tema más explícitamente sexual que se ha compuesto nunca, nació en París, en 1928.
Su territorio de infancia fue Montmartre.
Quiso ser pintor, pero para ganarse la vida tocaba el piano en un tugurio de travestís de Pigalle. Obsesionado por triunfar, por ganar dinero, fama y reconocimiento, comenzó a componer.
Por entonces ofreció a Juliette Gréco una joya en forma de canción titulada La Javanaise, que él también interpretó en su tiempo con su estilo algo acomplejado y timorato de entonces.
Su primera grabación en televisión data de 1957 y al recordarla, en un documental emitido hace meses por France 2 titulado Gainsbourg caras ocultas, Gréco se echaba las manos a la cabeza, asegurando: "era espantoso". Tras algunos años de aparecer a lo Jacques Brel, sin ganar ni fama ni dinero, abandonó el escenario y se dedicó a componer canciones para otros.
En 1965 escribe para la casi adolescente France Gall Poupée de cire, poupée de son con la que esta gana el Festival de Eurovisión de 1965.
Adiós a los trajes y al existencialismo: bienvenido al mundo yeyé, mucho más lucrativo y alegre
En 1967 conoció a Bardot. Se enamoraron en un restaurante. Ella le pidió una noche, según la leyenda, que le compusiera la canción de amor más bonita del mundo y él rescató una melodía que había utilizado años atrás para una banda sonora y escribió Je t'aime... moi non plus. La grabaron juntos.
La versión de Bardot es más explosiva que la de Birkin.
Tanto que la actriz, casada por entonces, al ver el escándalo monumental que se organizó en la Francia de la época, rogó a su amante que la retirara del mercado.
Gainsbourg, tan feo como caballeroso, accedió.
Dos años después lo volvería a grabar, esta vez con su mujer de entonces, la cantante y actriz Jane Birkin. La canción les catapultó a los dos para siempre.
Gainsbourg grabó más de 19 álbumes, dirigió cuatro películas, participó como actor en muchas más, compuso cientos de canciones y vivió un momento extraño de gloria y redención: en 1979, en un recital en Estrasburgo, un grupo de militares franceses y miembros de la extrema derecha más feroz ocuparon las primeras filas de la sala. Venían dispuestos a impedir que Gainsbourg interpretara su último éxito, Aux armes et caetera, una versión reggae de La Marsellesa, considerada por muchos un ultraje. Al ver el panorama, el cantante ordenó a sus músicos rastas que no se bajaran del autobús. Subió al escenario solo a pesar de que el dueño de la sala le advirtió del peligro. Y dijo: "los que han impedido el concierto han devuelto a La Marsellesa su sentido inicial". Después, este hombre apolítico, con fama de chulo y de degenerado, probablemente borracho, levantó el brazo derecho -el del cigarro- y adquiriendo una dignidad y una grandeza inesperada, comenzó a cantar, en solitario, el himno de Francia.
Los militares que le observaban atónitos no pudieron hacer otra cosa que cuadrarse.
Alcoholizado, hundido psicológicamente, abandonado por Birkin, deprimido, enflaquecido, sus últimos años fueron una pesadilla a veces retransmitida por televisión, donde seguía interpretando el personaje provocador que se había creado: llegó a quemar un billete de 500 francos en directo para protestar por los impuestos que pagaba o a proponer a Whitney Houston que se acostara con él.
Murió a los 63 años, en su casa de siempre, la que compró para vivir con Brigitte Bardot y en la que vivió con Jane Birkin, después de haber tratado inútilmente de deshacerse del alcohol y el tabaco.
Ya entonces sus admiradores escribían frases en su puerta.
La rehabilitación de Roman Polanski
Se ve que aquel día de 1988, en San Sebastián, Roman Polanski no se había levantado de la cama con buen pie.
Corrección. Roman Polanski nunca tiene buen pie cuando se trata de atender a la prescindible y peligrosa prensa.
Son demasiados y están demasiado presentes en la cabeza de este cineasta superdotado los prejuicios y temores acerca de lo que vendrá... gente con grabadora queriendo entrar en las partes oscuras de su vida, que son variadas y profundas.
Así que el diálogo con el periodista español (hoy eminente crítico de cine) que le entrevistaba con motivo del estreno de su película Frenético, fluyó por los caminos de la tensión, más o menos como sigue:
Su trayectoria ha estado vertebrada por sucesivas versiones del Mal
Es protagonista del odioso episodio de la supuesta violación de una menor
Tras su travesía del desierto vio cómo en Tallin sus colegas le rendían armas
Llevará al cine la adaptación de una obra teatral de Yasmina Reza
-Señor Polanski, el mal es algo que ha influido profundamente en su forma de hacer cine y...
-No siga usted por ahí.
-Desde que hizo El cuchillo en el agua, el mal, decía, puede presentarse en sus películas como elemento simbólico, real, relacionado con Satán,...
-Le he dicho que no quiero hablar de eso en la entrevista.
-No estoy hablando de su vida, sino de sus películas.
-No hablaré de eso.
-Pues si no podemos hablar de eso, yo ya he acabado la entrevista.
Y la media hora de encuentro entre las dos partes irreconciliables quedó en 10 minutos. Todo por culpa del mal, del Mal.
Es relativamente fácil de comprender la tozudez del personaje en la renuencia innegociable a hablar de su vida y en su aversión a la dichosa palabra de tres letras.
Sin lugar a dudas estamos ante alguien cuya biografía estuvo vertebrada por sucesivas versiones del Mal y de la desgracia: la muerte de su madre a manos de los nazis, la huida del gueto de Varsovia escapando de la bota esvástica, el asesinato en 1969 de su segunda esposa, Sharon Tate, a cargo de Charles Manson y sus iluminados (para más inri, Manson, que sigue en prisión, acabó grabándose una cruz gamada en la frente); el oscuro y odioso episodio de la supuesta violación de la menor Samantha Geimer en casa de su amigo Jack Nicholson en 1977;
la huida de Estados Unidos tras haber cumplido 40 días de cárcel... y, como colofón, la detención en el aeropuerto de Zúrich en septiembre de 2009 y el posterior arresto primero en la prisión suiza de Winterthur y después en su chalé de la exclusiva estación de esquí de Gstaad.
Veintitrés años después de aquella no-entrevista sobre el Mal, Rajmund Roman Liebling (París, 1933) sigue huyendo del mundanal ruido y de su correa de transmisión, la prensa. Sin embargo, la luz se ha vuelto a hacer en la atribulada existencia de uno de los tipos más inquietantes y más brillantes del cine del último medio siglo.
La absolución de Polanski emitida por los jueces suizos y su negativa a atender la demanda de extradición de la justicia estadounidense -que quiere juzgarle sea como sea por el caso Geimer- ha desembocado en una rehabilitación total del cineasta.
Si su detención en Suiza ya provocó un indignado movimiento de solidaridad y apoyo por parte de algunos elefantes del cine mundial que pusieron el grito en el cielo llevados por un inquebrantable sentimiento gremial (Pedro Almodóvar, Wim Wenders, Jean-Luc Godard, Bertrand Tavernier, Woody Allen, Martin Scorsese, David Lynch...), la vida reciente del director de El pianista (Palma de Oro en Cannes en 2002 y Oscar al mejor director en 2003) se ha traducido en una incesante gama de éxitos.
Todo comenzó el pasado 4 de diciembre en Tallin (Estonia), durante la ceremonia de entrega de los Premios del Cine Europeo. Tras su personal travesía del desierto, Roman Polanski veía cómo los colegas de profesión le rendían armas en forma de un homenaje plagado de recompensas: premio a la mejor película, al mejor director, al mejor guión, al mejor actor (Ewan McGregor) y a la mejor banda sonora (Alexandre Desplat) fueron los galardones que cosechó su película El escritor. El hombre de la noche no viajó a Estonia, pero el Concert Hall de Tallin entero se puso de pie cuando Polanski apareció en la pantalla gigante, por videoconferencia, para agradecer los premios. Toda una venganza.
Muy recientemente, el pasado día 16, la Academia de los Premios Lumière (una especie de Globos de Oro a la francesa) volvía a tributar en París un sonoro homenaje al director, guionista y actor con un reconocimiento al conjunto de su carrera y las estatuillas de mejor director y mejor guión para El escritor. Nuevas ovaciones y nuevas emociones para el cineasta maldito... y rehabilitado. Un cineasta que, el 25 de febrero, en la próxima edición de los otros premios del cine francés, los César, optará de nuevo al aplauso, ya que El escritor tiene hasta ocho nominaciones, entre ellas la de mejor película.
La guinda de la nueva versión rehabilitada de este Polanski blanqueado llega como tenía que llegar: en forma de película. Su título original es God of carnage y es una adaptación de la obra teatral de Yasmina Reza Un Dios salvaje. La autora de Arte y Polanski, amigos desde hace tiempo, escribieron juntos el guión de la película durante el arresto domiciliario del director en su chalé de Gstaad.
De hecho, Reza se había reunido con Polanski justo dos días antes de que la policía suiza detuviera a este en el aeropuerto de Zúrich. God of carnage, cuyo rodaje arrancará en febrero en Francia, está protagonizada por Jodie Foster, Kate Winslet y Christoph Waltz (el hilarante y terrorífico comandante nazi de Malditos bastardos de Tarantino).
Roman Polanski ha vuelto. Menos... Mal.
Corrección. Roman Polanski nunca tiene buen pie cuando se trata de atender a la prescindible y peligrosa prensa.
Son demasiados y están demasiado presentes en la cabeza de este cineasta superdotado los prejuicios y temores acerca de lo que vendrá... gente con grabadora queriendo entrar en las partes oscuras de su vida, que son variadas y profundas.
Así que el diálogo con el periodista español (hoy eminente crítico de cine) que le entrevistaba con motivo del estreno de su película Frenético, fluyó por los caminos de la tensión, más o menos como sigue:
Su trayectoria ha estado vertebrada por sucesivas versiones del Mal
Es protagonista del odioso episodio de la supuesta violación de una menor
Tras su travesía del desierto vio cómo en Tallin sus colegas le rendían armas
Llevará al cine la adaptación de una obra teatral de Yasmina Reza
-Señor Polanski, el mal es algo que ha influido profundamente en su forma de hacer cine y...
-No siga usted por ahí.
-Desde que hizo El cuchillo en el agua, el mal, decía, puede presentarse en sus películas como elemento simbólico, real, relacionado con Satán,...
-Le he dicho que no quiero hablar de eso en la entrevista.
-No estoy hablando de su vida, sino de sus películas.
-No hablaré de eso.
-Pues si no podemos hablar de eso, yo ya he acabado la entrevista.
Y la media hora de encuentro entre las dos partes irreconciliables quedó en 10 minutos. Todo por culpa del mal, del Mal.
Es relativamente fácil de comprender la tozudez del personaje en la renuencia innegociable a hablar de su vida y en su aversión a la dichosa palabra de tres letras.
Sin lugar a dudas estamos ante alguien cuya biografía estuvo vertebrada por sucesivas versiones del Mal y de la desgracia: la muerte de su madre a manos de los nazis, la huida del gueto de Varsovia escapando de la bota esvástica, el asesinato en 1969 de su segunda esposa, Sharon Tate, a cargo de Charles Manson y sus iluminados (para más inri, Manson, que sigue en prisión, acabó grabándose una cruz gamada en la frente); el oscuro y odioso episodio de la supuesta violación de la menor Samantha Geimer en casa de su amigo Jack Nicholson en 1977;
la huida de Estados Unidos tras haber cumplido 40 días de cárcel... y, como colofón, la detención en el aeropuerto de Zúrich en septiembre de 2009 y el posterior arresto primero en la prisión suiza de Winterthur y después en su chalé de la exclusiva estación de esquí de Gstaad.
Veintitrés años después de aquella no-entrevista sobre el Mal, Rajmund Roman Liebling (París, 1933) sigue huyendo del mundanal ruido y de su correa de transmisión, la prensa. Sin embargo, la luz se ha vuelto a hacer en la atribulada existencia de uno de los tipos más inquietantes y más brillantes del cine del último medio siglo.
La absolución de Polanski emitida por los jueces suizos y su negativa a atender la demanda de extradición de la justicia estadounidense -que quiere juzgarle sea como sea por el caso Geimer- ha desembocado en una rehabilitación total del cineasta.
Si su detención en Suiza ya provocó un indignado movimiento de solidaridad y apoyo por parte de algunos elefantes del cine mundial que pusieron el grito en el cielo llevados por un inquebrantable sentimiento gremial (Pedro Almodóvar, Wim Wenders, Jean-Luc Godard, Bertrand Tavernier, Woody Allen, Martin Scorsese, David Lynch...), la vida reciente del director de El pianista (Palma de Oro en Cannes en 2002 y Oscar al mejor director en 2003) se ha traducido en una incesante gama de éxitos.
Todo comenzó el pasado 4 de diciembre en Tallin (Estonia), durante la ceremonia de entrega de los Premios del Cine Europeo. Tras su personal travesía del desierto, Roman Polanski veía cómo los colegas de profesión le rendían armas en forma de un homenaje plagado de recompensas: premio a la mejor película, al mejor director, al mejor guión, al mejor actor (Ewan McGregor) y a la mejor banda sonora (Alexandre Desplat) fueron los galardones que cosechó su película El escritor. El hombre de la noche no viajó a Estonia, pero el Concert Hall de Tallin entero se puso de pie cuando Polanski apareció en la pantalla gigante, por videoconferencia, para agradecer los premios. Toda una venganza.
Muy recientemente, el pasado día 16, la Academia de los Premios Lumière (una especie de Globos de Oro a la francesa) volvía a tributar en París un sonoro homenaje al director, guionista y actor con un reconocimiento al conjunto de su carrera y las estatuillas de mejor director y mejor guión para El escritor. Nuevas ovaciones y nuevas emociones para el cineasta maldito... y rehabilitado. Un cineasta que, el 25 de febrero, en la próxima edición de los otros premios del cine francés, los César, optará de nuevo al aplauso, ya que El escritor tiene hasta ocho nominaciones, entre ellas la de mejor película.
La guinda de la nueva versión rehabilitada de este Polanski blanqueado llega como tenía que llegar: en forma de película. Su título original es God of carnage y es una adaptación de la obra teatral de Yasmina Reza Un Dios salvaje. La autora de Arte y Polanski, amigos desde hace tiempo, escribieron juntos el guión de la película durante el arresto domiciliario del director en su chalé de Gstaad.
De hecho, Reza se había reunido con Polanski justo dos días antes de que la policía suiza detuviera a este en el aeropuerto de Zúrich. God of carnage, cuyo rodaje arrancará en febrero en Francia, está protagonizada por Jodie Foster, Kate Winslet y Christoph Waltz (el hilarante y terrorífico comandante nazi de Malditos bastardos de Tarantino).
Roman Polanski ha vuelto. Menos... Mal.
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