Un Blues

Un Blues
Del material conque están hechos los sueños

20 ene 2011

Hallelujah - Leonard Cohen

Desvergüenza MARUJA TORRES

Por unas extrañas simetrías de la Historia, el tunecino Ben Ali y el haitiano Jean-Claude Duvalier se acaban de cruzar en el camino de ida y vuelta del (y al) territorio de sus respectivas dictaduras.
 Iba el uno, con su señora y sus lingotes, a Yeda, en donde nuestros amigos, los sátrapas saudíes, le esperan para venderle un palacio.
El otro venía de gastarse en la Costa Azul, durante los años que duró su dorado exilio, cuanto robó a su pueblo: veámoslo como una fuente divisas del turismo extremo.
Las desgracias de Haití no cesan.





Con d de desesperación se escribe el relato de los sometidos.
El de los tiranos y sus lobbystas de Oriente y, sobre todo, de Occidente, se escribe con D capital, de Desvergüenza. Carezco de líneas en esta columna para darles una lista de los déspotas que huyeron a un futuro comprado con millones y documentos secretos acerca de complicidades, y que continúan gozando de buena vida y privilegios.
Y este periódico, aunque doblara sus páginas, no dispone de espacio para albergar sus expedientes criminales.



Al sah de Irán, Reza Pahlevi, quien -con ayuda de la CIA- puso su país a disposición de Estados Unidos, yuguló la democracia y encarceló a Mosaddeq, reprimió a sus súbditos y, consecuentemente, propició el advenimiento de Jomeini más que la propia revolución islámica, se le venera hoy en su sepulcro, en una céntrica mezquita de El Cairo, ciudad en la que terminó sus días y desde donde su viuda sigue quejándose para el ¡Hola! Idi Amin, la bestia ugandesa, murió tranquilamente, también en Yeda.



El regreso de los vivales resulta una aportación novedosa. Puede inaugurar una moda. Por cierto que Baby Doc se bebió la sangre de su pueblo en Mougins, cerca de Grasse, en donde se fabrican los perfumes.
Todo sumado, apesta.

Los globos DAVID TRUEBA

.Aunque la chusca turbiedad de su organización genera sospechas sobre los Globos de Oro, el designio de esos ochenta y pocos corresponsales en Hollywood señala el camino de los Oscar. La red social escoltada por Natalie Portman y Colin Firth ha zarpado hacia el gran premio.
La acidez de Ricky Gervais se aguó al hacerse repetitiva, al final la estopa generalizada era tan kamikaze que sonaba a ganas de no repetir.
Suerte que Michael Douglas supo valorar lo que sumaba su lucha contra el cáncer al grado de ovación cerrada que recibió de los presentes con un: "Espero que haya formas más sencillas de ganarse un aplauso".
También De Niro, capaz de rememorar sus fracasos en la hora del triunfo, se sumó al vitriolo recordando que entre los enviados extranjeros en Hollywood hay más disposición para hacerse fotos con los famosos, coleccionar autógrafos y agradecer los múltiples regalos y prebendas de la industria a cambio de espacio gigante en los medios, que para aplicar con rigor su estatuto de periodista.






Los premios son importantes en función de la resonancia que se les concede. Igual que Johnny Deep sabe mascar chicle mientras bebe vino, los espectadores también mastican lo que les toca masticar con la docilidad que se les presupone.
En estas galas, entre escotes sobreactuados, también se cuelan versos libres, tipos que, de no ser grandes actores, la industria no contrataría ni de limpiabotas. Los Steve Buscemi o Paul Giamatti transmiten la misma extrañeza que sentiríamos nosotros al ser besados por Halle Berry. Benditos sean.



En los premios televisivos, HBO y Fox conservan la hegemonía. Boardwalk Empire ejemplifica el modelo creativo, arriesgado y viable en un rincón algo más ajeno a la sublimación del dinero; y Glee suma adictos a su apuesta por el entretenimiento familiar con ramalazos perturbados.
La mejor noticia para Europa es que una miniserie francoalemana, Carlos, se llevara un premio merecido.
El francés Olivier Assayas, con su retrato no autorizado del terrorista Chacal, vino a ocupar en la gala el mismo espacio que Enrique Vila-Matas en la sección de librería del Alcampo.

Banderas sigue los pasos de Boabdil

El actor malagueño Antonio Banderas visitó ayer la Alhambra junto al productor tunecino Tarak Ben Ammar para buscar localizaciones para la película Boabdil, dedicada al último rey de Granada.
Banderas quiere reconstruir la Alhambra de Boabdil y para seguir los pasos del monarca hizo el recorrido acompañado por la directora del patronato, María del Mar Villafranca, y el consejero de Cultura, Paulino Plata, que le fueron explicando los lugares y la actividad que se desarrollaba en ellos.






El actor y el productor recorrieron distintas estancias de los Palacios Nazaríes junto a personal de la empresa Kandor Graphics, implicada en el proyecto.
 Banderas paseó por el Mexuar, el Oratorio, el Cuarto Dorado, el Patio de Arrayanes y el Salón de Embajadores. La exposición de los Leones no podía faltar en la visita al recinto palatino.
 Aunque no pudo contemplarlos en su ubicación habitual, Banderas se mostró "impactado" por la riqueza decorativa de las figuras que habitualmente se encuentran en el centro del patio más emblemático de la Alhambra.



El actor llegó el martes por la noche a Granada y durmió en el Parador de San Francisco, junto al equipo de productores tunecinos que le han acompañado en el recorrido.