Franz Kafka murió a los 41 años en un sanatorio que empezó a visitar en 1917 cuando se le presentó su tuberculosis en la garganta.
Algunos de los libros médicos y kafkianos han explicado ese mal que terminó matándolo, por el asiduo consumo de leche no pasteurizada pero eso mismo hacía, sin estas consecuencias, la generalidad de la población. ¿Era Kafka un ser débil y no pudo afrontar el mal? Era lábil y fuerte, frágil y contundente, místico y gimnástico.
Pero, además, según ha expuesto en la revista Jano de enero Luis M. Iruela, jefe de Psiquiatría del Hospital Puerta de Hierro de Madrid, un enfermo de anorexia nerviosa.
Lord Byron y Matthew Barrie, autor de 'Peter Pan', sufrieron también anorexia nerviosa
No es la primera vez que al escritor se le atribuye este diagnóstico pero la enfermedad adquiere un talante diferente si se la contempla hoy en plena mímesis de la delgadez con los modelos de entonces.
La estética, la mística y la clínica forman una secuencia a la que Kafka añadía, de acuerdo con su biografía, una manera de eximir su cuerpo de la visión temible del padre o de rehuir con su mengua la presencia que, en todo caso, deseaba rehuir.
Algunos amigos de Kafka, asistentes a las reuniones en que se leían sus manuscritos y se reían sus ocurrencias (de La metamorfosis, por ejemplo) forman una escena, según Max Brod, opuesta a la figura enfermiza y atormentada de Kafka.
Pero ¿qué vivir? Tuvo apenas sexo con prostitutas pero nunca con sus parejas o novias (Felice, Milena). Es amante de la natación en parte como una disciplina de oxígeno y agua helada pero también como una entrega a lo salvaje.
No comer comporta un rechazo del mundo exterior pero, curiosamente, sobre ese mundo estaba más implicado y pendiente de lo que se imagina, según su biógrafo Joachim Unseld. El artista del hambre, un relato publicado en 1922, es la historia de un hombre que se exhibe ante el público como una atracción de circo y los espectadores contemplan minuciosamente en su camino hacia la inanición.
Los bulímicos acceden al ideal de su extrema delgadez comiendo de todo y vomitándolo todo. El todo del anoréxico, sin embargo, nunca llega a estar dentro de él sino que el todo es precisamente él.
Tanto Matthew Barrie, el autor de Peter Pan, como Lord Byron fueron también enfermos de anorexia nerviosa.
Aprehensivos respecto a los exteriores y aprehensivos respecto a su futuro porque rechazar la comida es la metáfora del miedo a la contaminación ajena y, de otro lado, una afirmación bien perfilada de la propia figura. "La ruta va a través del hambre" -dice el protagonista del cuento Investigaciones de un perro (1922)-; "lo más elevado se conquista solo por el más elevado sacrificio y el más alto sacrificio es entre nosotros el hambre voluntaria".
No había en esos barrios de Praga mucho que comer y, en consecuencia, llegar a la nada convierte la suma indigencia en hazaña y la extrema necesidad en majestad. Esa majestad que, en el mundo del sexo, le lleva a decir a su amada Milena: "El coito con la persona amada puede conducir a la pérdida del amor". O escribe en su diario: "Coito es el castigo por la felicidad de estar juntos".
El rechazo a la felicidad a través del displacer y el rechazo del regusto que ofrece la comida se corresponden con la actitud de Nicolai Gogol, un torturado semejante, capaz de afirmar que de haber cedido al amor "este le hubiera reducido instantáneamente a polvo".
El chiste se brinda tan fácil que más vale pensar en sus mentes sadomasoquistas o atribuirles hagiográficamente a estos gigantes la idea perfeccionista que ve, en toda grasa de más, bardoma y, en toda ingestión, un síntoma de ignominia.
20 ene 2011
. Película producida por... la multitud
. .La recién estrenada década, aseguran los gurús del asunto, será la de las comunidades. Y si el cine, arte del siglo XX, pretende serlo también del XXI, más vale que vaya tomando nota.
El Festival de Sundance, meca entre las montañas nevadas de Utah (EE UU) para las películas independientes, presenta en su programa, que se inaugura hoy, a varios alumnos aventajados de lo que Hollywood llama crowdfunding y en realidad supone otorgar a la multitud el viejo papel del productor cinematográfico.
En España se ensaya la fórmula con el proyecto 'El cosmonauta'
The Woods, presente en la cita, es un inmejorable ejemplo de todo esto: por medio de una colecta popular, el director Matthew Lessener logró los 10.000 dólares de presupuesto necesario para terminar su película. ¿Cómo? Acudiendo a la financiación popular en la red.
La clave, como en el resto de los procesos de democratización cultural que imperan en Internet, es que cualquiera puede traspasar la frontera entre el espectador y el agente creador. Y como es habitual en estos casos, todas las aportaciones, por pequeñas que sean, cuentan.
Allison Anders, otra de las hijas predilectas de la nación indie que se da cita en Sundance, también ha recurrido a la financiación popular para Strutter. Su último filme digital cuenta con un presupuesto de 20.000 dólares recaudados mediante Kickstarter, una de las páginas de Internet dedicadas a encontrar dinero para los artistas necesitados.
Hay quien habla de los nuevos mecenas de calderilla. Sea como sea, desde su nacimiento en 2009, Kickstarter asegura haber recaudado 15 millones de dólares entre sus usuarios para los diferentes proyectos fílmicos. Su competencia, IndieGoGo, habla por su parte de millones de dólares para 14.000 proyectos.
¿Una moda? Quizá. Una moda muy apropiada para estos tiempos donde todo se cuece en las redes sociales.
Pero con el mercado de la financiación cada día más seco tanto en Hollywood -donde es más fácil encontrar dinero para una superproducción que para un filme independiente- como en Europa, donde las ayudas públicas acusan la merma, las redes sociales y el apoyo económico de los internautas puede ser la nueva tabla de salvación.
También en España. Se está ensayando la fórmula en largometrajes como El cosmonauta, que ayer ya contaba con más de 2.570 productores (los crowdfounders que han comprado en su tienda y que tienen derecho a nombre en los títulos de crédito y una entrada para ver la película).
El proyecto lleva dos años con un gran número de seguidores en Internet. Además unos 80 inversores han puesto unos mil euros cada uno. En plena preproducción, Nico Alcalá, Carola Rodríguez y Bruno Teixidor, los ideólogos, esperan rodar en mayo, mientras asisten a las reuniones que Alex de la Iglesia ha convocado en la Academia sobre la ley Sinde.
La película, por cierto, ha abierto otra nueva vía de explotación: al producirse con licencias libres, podrá verse gratis en Internet, donde ya está su teaser.
Claro que en esto, como en casi todo, siempre hay clases. Anders, tras 25 años en la industria, juega con ventaja.
La realizadora puede ofrecer a sus contribuyentes regalos donados por sus amigos, como Quentin Tarantino.
Otro ilustre metido a buscar productores en la multitud es Simon Helberg, del reparto de The Big Bang Theory. Está utilizando a sus seguidores de Twitter para recolectar fondos para I Am I. Lo mismo que Neil Gaiman, el autor de Coraline, ha movilizado a sus seguidores para recaudar en la Red los 150.000 dólares que necesita Christopher Salmon para un cortometraje animado.
Las webs de ayuda a los artistas acostumbran a cobrar un porcentaje de los recaudado (un 4% en el caso de IndieGoGo. En cuanto a los donantes, adelantan su dinero normalmente a cambio de que figure su nombre en los títulos de crédito o de algún otro obsequio que por lo general no incluye ningún derecho sobre el filme acabado ni sobre sus posibles ganancias posteriores. Por un porcentaje similar, Kickstarter marca un tiempo específico para recolectar un mínimo garantizado (por lo general, 2.500 dólares) meta que de no alcanzarse determina el fin de la colecta y con ello la devolución del dinero a quienes se interesaron por el proyecto.
Dicen quienes lo han intentado que conseguir los primeros mil dólares es fácil. Lo complicado llega después.
Pero no solo el dinero importa: las películas empiezan a cultivar seguidores y publicidad a la vez. Y serán los propios inversores los que se molestarán en correr la voz por la cuenta que les trae.
Las posibilidades de financiar una película de cien millones de dólares, la media de un blockbuster estadounidense, son escasas con este sistema.
Pero como sugiere Slava Rubin, de IndieGoGo, quizá la cosa cambie si un día un Kevin Smith, con 1,7 millones de seguidores en Twitter, decide rodar con financiación popular ese Superman que los estudios nunca le dejaron realizar.
El Festival de Sundance, meca entre las montañas nevadas de Utah (EE UU) para las películas independientes, presenta en su programa, que se inaugura hoy, a varios alumnos aventajados de lo que Hollywood llama crowdfunding y en realidad supone otorgar a la multitud el viejo papel del productor cinematográfico.
En España se ensaya la fórmula con el proyecto 'El cosmonauta'
The Woods, presente en la cita, es un inmejorable ejemplo de todo esto: por medio de una colecta popular, el director Matthew Lessener logró los 10.000 dólares de presupuesto necesario para terminar su película. ¿Cómo? Acudiendo a la financiación popular en la red.
La clave, como en el resto de los procesos de democratización cultural que imperan en Internet, es que cualquiera puede traspasar la frontera entre el espectador y el agente creador. Y como es habitual en estos casos, todas las aportaciones, por pequeñas que sean, cuentan.
Allison Anders, otra de las hijas predilectas de la nación indie que se da cita en Sundance, también ha recurrido a la financiación popular para Strutter. Su último filme digital cuenta con un presupuesto de 20.000 dólares recaudados mediante Kickstarter, una de las páginas de Internet dedicadas a encontrar dinero para los artistas necesitados.
Hay quien habla de los nuevos mecenas de calderilla. Sea como sea, desde su nacimiento en 2009, Kickstarter asegura haber recaudado 15 millones de dólares entre sus usuarios para los diferentes proyectos fílmicos. Su competencia, IndieGoGo, habla por su parte de millones de dólares para 14.000 proyectos.
¿Una moda? Quizá. Una moda muy apropiada para estos tiempos donde todo se cuece en las redes sociales.
Pero con el mercado de la financiación cada día más seco tanto en Hollywood -donde es más fácil encontrar dinero para una superproducción que para un filme independiente- como en Europa, donde las ayudas públicas acusan la merma, las redes sociales y el apoyo económico de los internautas puede ser la nueva tabla de salvación.
También en España. Se está ensayando la fórmula en largometrajes como El cosmonauta, que ayer ya contaba con más de 2.570 productores (los crowdfounders que han comprado en su tienda y que tienen derecho a nombre en los títulos de crédito y una entrada para ver la película).
El proyecto lleva dos años con un gran número de seguidores en Internet. Además unos 80 inversores han puesto unos mil euros cada uno. En plena preproducción, Nico Alcalá, Carola Rodríguez y Bruno Teixidor, los ideólogos, esperan rodar en mayo, mientras asisten a las reuniones que Alex de la Iglesia ha convocado en la Academia sobre la ley Sinde.
La película, por cierto, ha abierto otra nueva vía de explotación: al producirse con licencias libres, podrá verse gratis en Internet, donde ya está su teaser.
Claro que en esto, como en casi todo, siempre hay clases. Anders, tras 25 años en la industria, juega con ventaja.
La realizadora puede ofrecer a sus contribuyentes regalos donados por sus amigos, como Quentin Tarantino.
Otro ilustre metido a buscar productores en la multitud es Simon Helberg, del reparto de The Big Bang Theory. Está utilizando a sus seguidores de Twitter para recolectar fondos para I Am I. Lo mismo que Neil Gaiman, el autor de Coraline, ha movilizado a sus seguidores para recaudar en la Red los 150.000 dólares que necesita Christopher Salmon para un cortometraje animado.
Las webs de ayuda a los artistas acostumbran a cobrar un porcentaje de los recaudado (un 4% en el caso de IndieGoGo. En cuanto a los donantes, adelantan su dinero normalmente a cambio de que figure su nombre en los títulos de crédito o de algún otro obsequio que por lo general no incluye ningún derecho sobre el filme acabado ni sobre sus posibles ganancias posteriores. Por un porcentaje similar, Kickstarter marca un tiempo específico para recolectar un mínimo garantizado (por lo general, 2.500 dólares) meta que de no alcanzarse determina el fin de la colecta y con ello la devolución del dinero a quienes se interesaron por el proyecto.
Dicen quienes lo han intentado que conseguir los primeros mil dólares es fácil. Lo complicado llega después.
Pero no solo el dinero importa: las películas empiezan a cultivar seguidores y publicidad a la vez. Y serán los propios inversores los que se molestarán en correr la voz por la cuenta que les trae.
Las posibilidades de financiar una película de cien millones de dólares, la media de un blockbuster estadounidense, son escasas con este sistema.
Pero como sugiere Slava Rubin, de IndieGoGo, quizá la cosa cambie si un día un Kevin Smith, con 1,7 millones de seguidores en Twitter, decide rodar con financiación popular ese Superman que los estudios nunca le dejaron realizar.
Nadal hereda el trono de Beckham y Ronaldo
El tenista y Megan Fox son la imagen de la nueva campaña de Armani .
Rafael Nadal, el gran campeón de tenis español, estará a partir del mes de febrero en vallas publicitarias de todo el mundo; su imagen, además, aparecerá en las publicaciones más importantes, pero no lo hará con una raqueta en la mano, sino posando como modelo.
Y es que el diseñador italiano Giorgio Armani le ha elegido como imagen de su nueva campaña de primavera-verano 2011 para la línea de vaqueros y ropa interior.
La firma italiana ha prescindido de Cristiano Ronaldo y, de paso, de la saga de futbolistas que tradicionalmente contrataba para sus campañas publicitarias.
Por casa Armani pasaron antes Luis Figo, Thierry Henry, David Beckham, acompañado de su mujer Victoria, y Cristiano Ronaldo.
Armani apuesta esta vez por un deportista español, ganador, joven y guapo. "Nadal es un verdadero fenómeno, seguramente el mejor jugador que ha pisado una pista, con una potencia y una agilidad impresionantes", ha explicado Armani sobre su elección. "Estoy encantado de verle jugar en cada partido, es la imagen ideal porque representa un modelo sano y positivo para los jóvenes".
La colección de la que será imagen Nadal forma parte de la línea de productos que Armani sacará a la venta la próxima campaña de primavera-verano 2011.
Las fotos, a las que ha tenido acceso EL PAÍS en exclusiva, fueron realizadas por Mert Alas y Marcus Piggot en diciembre en Palma de Mallorca.
La línea de lencería y vaqueros para mujer sigue contando con Megan Fox. "Ella es joven y sensual, tiene entusiasmo y carácter. Emporio Armani Underwear y Armani Jeans encarnan este espíritu", dice el diseñador.
Rafael Nadal, el gran campeón de tenis español, estará a partir del mes de febrero en vallas publicitarias de todo el mundo; su imagen, además, aparecerá en las publicaciones más importantes, pero no lo hará con una raqueta en la mano, sino posando como modelo.
Y es que el diseñador italiano Giorgio Armani le ha elegido como imagen de su nueva campaña de primavera-verano 2011 para la línea de vaqueros y ropa interior.
La firma italiana ha prescindido de Cristiano Ronaldo y, de paso, de la saga de futbolistas que tradicionalmente contrataba para sus campañas publicitarias.
Por casa Armani pasaron antes Luis Figo, Thierry Henry, David Beckham, acompañado de su mujer Victoria, y Cristiano Ronaldo.
Armani apuesta esta vez por un deportista español, ganador, joven y guapo. "Nadal es un verdadero fenómeno, seguramente el mejor jugador que ha pisado una pista, con una potencia y una agilidad impresionantes", ha explicado Armani sobre su elección. "Estoy encantado de verle jugar en cada partido, es la imagen ideal porque representa un modelo sano y positivo para los jóvenes".
La colección de la que será imagen Nadal forma parte de la línea de productos que Armani sacará a la venta la próxima campaña de primavera-verano 2011.
Las fotos, a las que ha tenido acceso EL PAÍS en exclusiva, fueron realizadas por Mert Alas y Marcus Piggot en diciembre en Palma de Mallorca.
La línea de lencería y vaqueros para mujer sigue contando con Megan Fox. "Ella es joven y sensual, tiene entusiasmo y carácter. Emporio Armani Underwear y Armani Jeans encarnan este espíritu", dice el diseñador.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)


