19 ene 2011
REFLEXIONES
En el borde el muelle de atraques, sentada con el mar
a mis pies, no hay oleaje, solo se siente cuando las
embarcaciones se desplazan, anunciando su salida
hacia otros destinos, lejanos e ignorados.
Sentada sobre un Noray, de hierro de negro pintado
que me sirve de asiento.
A lo lejos y en el azul intenso, se dibujan, las estetelas
de los barcos que se alejan, y de los que llegan,
y del practico, que sale a su encuentro.
Con el reflejo, el mar trae y lleva, elementos que ensucian
el mar, aceite, boyas, maderas, cuerdas, bolsas, cuyo contenido al mar se ha arrojado:
En el otro extremo veo los viajeros, que bajan por
las pasarelas de los barcos anclados, portando
bultos y maletas.
Y en el suelo, gente que con los pañuelos llaman la
atención del que está en cubierta.
Otros agitan los brazos, y alguien en la baranda
le responde, con igual manera.
Yo sigo sentada, y los pensamientos, bullen en mi
mente, mientras no para el incesante movimiento,
de viajeros, familias, marineros, coches, y es esto
lo que se espera de la categoría, que este puerto
tiene.
Y mientras mis reflexiones, en el mar se pierden.
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