Un Blues

Un Blues
Del material conque están hechos los sueños

18 ene 2011

"¡Coño, el 'number one'!" "Soy Eufemiano Fuentes", le replicó.

La búsqueda de una conexión entre Eufemiano Fuentes y Marta Domínguez, cuyo entrenador conoció supuestamente al médico en la celda, preocupa a la Guardia Civil en la Operación Galgo .
Cuentan algunos testigos que César Pérez no paraba de hablar en la celda de los juzgados de la plaza de Castilla que compartía con otros detenidos de la Operación Galgo. Tal era la logorrea del entrenador de Marta Domínguez que, llegado el momento, una persona de ojos claros le gritó con acento canario: "¡Cállate de una vez, chaval!". "¿Y quién te crees que eres tú para callarme?", le respondió, gallito, Pérez. "Soy Eufemiano Fuentes", le replicó.

Esta Familia es ya ,desde la desaparición del padre una leyenda viva, el otro Eufemiano fuentes está en la cárcel por descuartizar a una mujer en sus orgias de sustancias y sangre, vaya que nunca serán angelitos


Sanción al doctor de Blanco

Las ampollas del pie de Nuria

"Caerá quien tenga que caer"

Una Gala sin 'reina'

El dopaje derriba otro mito

Hallado ahorcado uno de los implicados en la Operación Galgo

El embrollo legal de la Operación Galgo

El mismo dopaje, menor tolerancia



"Hace mucho que no me relaciono con Marta", aseguró Fuentes ante la juez



"Pude haberla tratado, pero en ningún caso en los últimos cinco años", añadió



Tras la Operación Puerto, el médico quería volver a sus competencias



Estaba intrigado sobre quiénes habían asumido el control del dopaje en España

"¡Coño, el number one!", exclamó Pérez, que instantáneamente, tras satisfacer el ego del médico canario, se quedó mudo.



La Guardia Civil no tiene elementos para pensar de ambos como magníficos actores capaces de montar tamaña escena, que probaría, entre otras cosas, que el entrenador de la principal atleta implicada en la Operación Galgo y el médico que actuaba de cerebro de la trama no se conocían.



Tampoco tiene razones o pruebas para dudar de la siguiente afirmación de Fuentes ante la juez que instruye el caso: "Hace mucho que no me relaciono con Marta Domínguez. La conocí por ser atleta.
Pude haberla tratado, pero en ningún caso en los últimos cinco años".



La Guardia Civil inició la Operación Galgo partiendo de la base de que Marta Domínguez (Urco en los papeles de Fuentes en la Operación Puerto, según las conclusiones de los investigadores) se dopó entre 2004 y 2006, al menos, dentro de la trama del médico canario.
 Establecida la relación entre Manuel Pascua, entrenador de atletas, y Fuentes, la búsqueda de una conexión reciente entre Domínguez y Fuentes que justifique su pertenencia actual a la misma trama es uno de los extremos que más preocupa a los agentes. Aunque todavía dispone la Guardia Civil de una buena reserva de documentos sin analizar en sus dependencias, ninguna relación se intuye en los cientos de folios incorporados al sumario.



Sí que se aprecia a través de las escuchas que Pérez, supuestamente, dispone de sus propias fuentes de conocimiento y aprovisionamiento y que Eufemiano, después de unos años de reposo tras la Operación Puerto, quería volver a asumir sus competencias a partir de 2011.



Y también que estaba ligeramente despistado e intrigado, tanto por quién podía llevar a Marta Domínguez como por qué nuevos médicos habían tomado el control del dopaje en España.



"Lo que yo dejé lo cogieron otros u otro. No sé si Losa...", le confía telefónicamente a Ignacio Labarta. El preparador aragonés, también damnificado por la Operación Puerto, es su principal confidente en los pinchazos telefónicos y le responde: "No sé, Eufe; Losa está fuera del circo...".



-Eufemiano: "Pues quedan los que quedan, el de el moral (sic)...".



-Labarta: "No, ese también creo que...".



-Eufemiano: "Habrá otros que habrán cogido el relevo, porque la gente sigue haciendo cosas...".



-Labarta: "Yo creo que los que hay ahora son más chapuceros".



-Eufemiano: "Son más Walter Virus, pero los hay".



Se refiere el médico canario en su último párrafo al médico valenciano con el que colaboró en su época en el equipo ciclista Kelme y que vio sus actividades interrumpidas en noviembre de 2009 por medio de la Operación Grial.



Con Labarta, con quien se encuentra en Santiago a mediados de septiembre, Fuentes planea coger al Xacobeo y a Mosquera, segundo en la Vuelta a España. Pocos días después, la Xunta de Galicia anuncia que, debido, entre otros motivos, a un positivo de Mosquera, deja de patrocinar al equipo, que desaparece, y con él un trabajo para Eufemiano, quien, nostálgico, le dice a Labarta: "Los métodos que usaba Álvaro Pino [director del Xacobeo] son los que van bien".



Otra posible oferta de trabajo le llega vía José Luis Pascua, hermano de Manuel y preparador de ciclistas, quien a un intermediario de una trainera cántabra le dice, según las escuchas policiales: "Yo sé quién ha llevado las mejores traineras del País Vasco, pero te va a pegar un buen palo. ¿Quién? Jesús Losa, de Valladolid. Y, si no, hablamos con Eufe".



Los investigadores también señalan que, si bien Yolanda Fuentes participaba en la trama de la Operación Galgo, en octubre rompió con su hermano, que había decidido seguir sin ella en 2011.



Pese a que solo se dedicaban en muchas conversaciones a comentar la jugada, Labarta y Eufemiano se seguían divirtiendo hablando en clave. Así, al Tour le llamaban Eurodisney -"algún ciclista ha ido sin profesor particular a Eurodisney y así le ha ido; seguro que el año que viene se apunta a clase", dice Labarta en un momento-, y a los Europeos de Barcelona, Port Aventura.



En el registro de su domicilio, según las primeras apreciaciones, a Eufemiano le encontraron Primobolán (meteonolona) y Deca Durabolín (nandrolona), así como viejos papeles de la Operación Puerto.
Aunque en una cuenta bancaria de Fuentes, la Guardia Civil encontró 123.000 euros de ingresos sin justificar, la necesidad económica del médico, quien se queja de que Hacienda le investiga unas cuentas en Suiza de 2005 y 2006 -ligadas presuntamente a la Operación Puerto- debió de ser el mayor acicate para su, por ahora, imposible regreso.

Montserrat Caballé dirá adiós a los escenarios cuando cumpla 80 años

La soprano catalana anuncia su interción de hacer una gira mundial de despedida a partir de 2013 .
La soprano Montserrat Caballé ha anunciado hoy su intención de hacer una "gira de adiós" cuando cumpla 80 años, dentro de poco más de dos años. Lo ha dicho en Zaragoza durante la presentación de la quinta edición del Concurso Internacional de Canto Montserrat Caballé que se celebrará en el Auditorio de la capital aragonesa del 4 al 10 de septiembre.










Tras 56 años en la música, según ha confesado, le gustaría hacer una gira de despedida por todos los escenarios en los que ha cantado a lo largo de su trayectoria artística cuando cumpla los 80 años, el 12 de abril de 2013. "En mi pensamiento está hacer una turné de despedida en los lugares en los que he cantado", aunque reconoce que no le dará tiempo.



La soprano catalana también ha reconocido que tiene "muchas peticiones" de otras ciudades de España y del mundo para acoger el Concurso Internacional de Canto, para el que hoy se abren las inscripciones para la quinta edición, pero su deseo es mantenerlo en Aragón, Comunidad a la que está unida por vínculos familiares, ya que su marido, el tenor Bernabé Martí, nació en Villarroya de la Sierra (Zaragoza), y por su amor a la Virgen del Pilar y al Cristo que alberga el templo.



"Hay lugares que te ofrecen lo que quieres" pero "aquí me siento madre de los alumnos e hija de Aragón" y le "enorgullece" celebrar en esta ciudad el concurso que lleva su nombre, ha advertido Caballé.
 Un concurso que a pesar de la crisis económica que atraviesan las instituciones, el alcalde de Zaragoza, Juan Alberto Belloch, ha reconocido que no quiere abandonar y además en un momento en el que la ciudad aspira a ser capital europea de la cultura en 2016.



La dotación económica del concurso consiste en tres premios de 12.000, 6.000 y 3.000 euros, respectivamente, además de una gira de conciertos y recitales por algunos de los mejores escenarios del mundo para el ganador.

Si no fuera por la crisis ENRIQUE VILA-MATAS

Un país que dilapidó el tiempo del esplendor amasando infortunios. Un país de tertulias. Un país fuera del tiempo.
Con verdaderas masas de fumadores llenando las terrazas de invierno, esperando a los chinos.
No supimos ser prósperos y ahora cualquiera endereza el entuerto. Un país de vociferantes en podios de cáscaras de gambas. Lo único bueno es que ya podemos irnos de puente eterno. Ha terminado ocurriéndonos lo que Michon dice que le pasó a Rimbaud: murió de la misma mano de aquellos cuyo trabajo lo enriquecían; se había enriquecido con una muerte suntuosa, sangrienta como la de un rey al que inmolan sus súbditos; solo fue rico en oro, y de eso murió.




La pujanza trajo la desaparición de gran parte de las personas amables, con buen carácter

De un tiempo a esta parte, todo se ha vuelto, además, insufriblemente vernáculo. Cuando reinaba la hipnosis del bienestar, ya era todo asfixiante, porque la pujanza trajo la desaparición de gran parte de las personas amables, con buen carácter. Era penoso ver que, cuanto más avanzábamos en el espejismo del progreso, más malhumorado se volvía el ciudadano.
 Cuando llegó la crisis, parecía que esta ayudaría al menos a rebajar los niveles de estupidez de los vanidosos, de los malcarados, de los cabrones. Pero no ha sido así. Ahora bien, no hay que olvidar que en realidad las crisis son un fenómeno recurrente, cuando no perpetuo, y tienen un lado muy bueno, porque ofrecen momentos de gran sacudida y creatividad.
 De hecho, si no fuera por la crisis, no tendríamos de qué hablar. Para quienes en el CCCB de Barcelona han organizado unos debates públicos sobre el tema, las crisis no solo abren siempre un lapso de libertad antes de que cristalice un nuevo orden, sino que, además, permiten que se vuelvan a plantear las grandes preguntas.



Después de todo, una crisis es un elemento esencial en cualquier esfuerzo que hagamos para hallarle sentido al mundo. En las conferencias de Barcelona participan Soledad Puértolas, Saskia Sassen, Gosta-Esping Andersen, François Jullien, Avishai Margalit, Claudio Lomnitz-Adler, Eva Illouz, Antón Costas, Étienne Balibar.
El título de la charla de Jorge Wagensberg, Si no fuera por la crisis, aún seríamos bacterias, ofrece indicios de que esta será tan realista como optimista y permite recordarnos que el más crudo realismo no tiene por qué carecer de humor.
 El mundo se viene abajo, pero hay alguien que silba una canción. Me ha recordado un momento de aquella novela de Saramago sobre la muerte de Ricardo Reis. Ese instante en el que, con Europa en plena escalada hacia la guerra, un hombre se sienta frente al Atlántico y se pregunta si él, Ricardo Reis, existe.



Las crisis sirven también para proponer serenidad y hasta el retorno a una cultura clásica. Y así, la semana pasada, cuando volvimos a ver en televisión, casi de puro milagro, El Sur, de Víctor Erice, nos decíamos a la mañana siguiente si no era una tragedia que artistas como Erice llevaran tanto tiempo sin rodar.
 Qué gran día será aquel en el que nuestros charlatanes aúnen esfuerzos para descifrar por qué con crisis o sin ella siempre maltratamos a los mejores.
Pero de nada de esto se habló esa mañana del día siguiente, esa mañana de la que solo recuerdo una peste de anís castizo en el ambiente y un griterío en las radios y un barullo en las televisiones: una carrera de locos para ver quién emitía más fuerte en las terrazas al sol o en los interiores con cáscaras de gambas, quien emitía más alto su fúnebre canto general por el oro que perdimos.



Escribo mientras oigo aullar en la radio y las voces desquiciadas de los más palabreros me traen el recuerdo de algo que planteara Mario Levrero acerca de Nerval: "¿Cómo es posible que estando loco se haya expresado en Aurelia, mediante un estilo sereno, dulcísimo?
Me pregunto qué sucedería si todos los locos recibieran una cultura clásica

Santillana, un libro de medio siglo

El grupo editorial fundado por Jesús de Polanco y Francisco Pérez González cumple 50 años - Su actividad erigió un puente cultural entre España e Iberoamérica .
En el principio fue la maleta.
 Cuando en junio de 2007, semanas antes de morir, Jesús de Polanco recibió en la Embajada de Chile la Gran Cruz de la Orden al Mérito, recordó cómo en 1963 había volado a Santiago "con una maleta llena de libros".
Los Tres Mosqueteros de la Pluma, el Chuleta de Arturo, el envidioso Mario y el Baboso de las Letras Javier Marías que levanta la ceja como si fuera Sarita Montiel.


Por entonces acababa de abrir en Argentina una pequeña filial de la editorial que, tres años antes, había fundado en España.
 En recuerdo de sus orígenes cántabros y de los de su socio, la había llamado Santillana.










Alfaguara llegó a convertirse en un sello tan americano como español

El socio era Francisco Pérez González, Pancho, otro hombre con maleta: maletas y cajas. A principios de los años cincuenta, instalaba cada mañana de verano su puesto de novedades bibliográficas en el vestíbulo del palacio santanderino de La Magdalena, sede de la Universidad Internacional Ménendez Pelayo.
 Pérez González murió en octubre pasado, pero, un año antes, la UIMP alcanzó a cerrar el círculo nombrándolo doctor honoris causa. Él, por su parte, alcanzó a ver que, ese mismo año, la empresa que contribuyó a poner en marcha había vendido 117 millones de libros en todo el mundo.



Los dos hombres con maleta se conocieron -lo contó el segundo cuando falleció el primero- en una comida a la que siguió una conversación de siete horas: "Mientras paseábamos". Uno de los frutos de aquel paseo fue la fundación en diciembre de 1960 de Santillana, que en 2000 se integró en el Grupo PRISA, editor de EL PAÍS. La editorial celebra hoy medio siglo de vida en la Casa de América de Madrid durante un acto presidido por los príncipes de Asturias y en el que, presentados por Iñaki Gabilondo, participarán el escritor Javier Marías; José Manuel Blecua, director de la Real Academia Española; Paulo Renato de Souza, ex ministro de Educación de Brasil, y Emiliano Martínez, actual presidente del Grupo Santillana.



Martínez era un joven profesor de pedagogía experimental cuando empezó a redactar manuales de alfabetización de adultos para el sello que, con el tiempo, dio lugar al conglomerado editorial que ahora preside. Por entonces, 1965, la empresa tenía en nómina a menos de 30 personas, aproximadamente las que ahora trabajan en su sede de Bolivia. "Polanco decía que había que tener siempre la maleta hecha", recuerda Emiliano Martínez. Desde su despacho se ve, acaso por azar, la avenida de América. La vista y la memoria, sin embargo, van más allá, hasta los años sesenta y setenta.



Para el directivo de Santillana, la temprana vocación americana del grupo, como antes la influencia francesa, sirvió además para oxigenar el modo de publicar en España, sometida al franquismo y al monocultivo de la Enciclopedia Álvarez.
 Un día le preguntaron si quería conocer Buenos Aires y allá se fue. "Entonces se viajaba como mínimo dos semanas", cuenta. "El fax fue una revolución. No digamos la videoconferencia". En Argentina, un polo editorial de primer orden, descubrió que se podía editar de una manera más didáctica, "más abierta".



En América abría la oficina de Nueva York (1968) y continuaba una implantación internacional que hoy se extiende a 22 países. En España, mientras tanto, se preparaba la pista de aterrizaje de la EGB y el BUP (1970), el libro del profesor y las fichas del alumno. Otro aterrizaje, el de la Transición, no se hizo sin tensiones: "Recién muerto Franco, uno de nuestros libros fue objeto de debate en el Consejo de Ministros. Era una geografía de Cataluña".



Más de una generación de españoles había echado los dientes con sus libros de texto cuando Santillana, que ya tenía en el sello Altea una línea de literatura juvenil, se abrió a la edición general. A la compra de la mítica editorial Aguilar -fundada en 1923 y campeona de los clásicos y las obras completas- se sumó en 1976 la incorporación de Taurus, fundada una veintena de años atrás por el propio Francisco Pérez González.



Taurus se había convertido en una referencia entre los sellos de ensayo desde que su dirección editorial estuviera al mando de Jesús Aguirre. A este "clérigo volteriano" que, merced a su matrimonio con Cayetana Fitz-James Stuart, se convirtió en el decimoctavo duque de Alba, está dedicado Aguirre, el magnífico (Alfaguara), el nuevo libro de Manuel Vicent. En él se retrata con chispa el ambiente de una editorial por la que se paseaba un perro dálmata y que aprovechó el cristianismo progresista de algunos de sus autores -de Teilhard de Chardin a un tal Joseph Ratzinger, entonces renovador- para introducir en España a materialistas como Adorno y Benjamin.



"Cioran llegó a decirme que el catálogo de Taurus era mejor que el de Gallimard", recuerda Fernando Savater, que en 1970, con 23 años, publicó allí su primer libro. "Le propuse a Aguirre una antología de Cioran, precisamente", explica. "La rechazó e improvisé sobre la marcha con uno que no tenía escrito y que terminó siendo Nihilismo y acción. ¿Lo de Gallimard? No sé si mejor, sí más internacional.
 Aquí llegó la Escuela de Fráncfort antes que a Francia". Aguirre ofició la boda de Savater -"¿sería válida?", se pregunta con sorna- y libros suyos como La infancia recuperada y Mira por dónde, sus memorias, pasarían a compartir catálogo con Hannah Arendt, Nabokov, Todorov, Tony Judt, Emilio Lledó, Santos Juliá y Juan Pablo Fusi.



Otro de los hitos de las ediciones generales de Santillana llegaría con la compra en 1980 de Alfaguara. Fundada en 1964 por Jorge y Camilo José Cela, la editorial de nombre árabe -"la fuente que mana y corre"- tuvo a su particular aguirre en Jaime Salinas.
El cosmopolita hijo de Pedro Salinas se rodeó de un consejo editorial del que, entre otros, formaban parte, Juan Benet, Juan García Hortelano, Luis Goytisolo y un veinteañero Javier Marías: "Delante de una paella nos dedicábamos a zascandilear y a poner de los nervios a Jaime, que hacía de profesor enfadado.
Cuando decía 'al trabajo' empezábamos a debatir. Teníamos libertad absoluta: nunca pensamos si un libro se vendería o no".



De aquellas paellas salieron nombres como Thomas Bernhard o Robert Walser, a los que se sumó más tarde J. M. Coetzee. Veinte años antes de ganar el Premio Nobel, el escritor sudafricano desembarcó en España cuando se hizo cargo de la editorial el novelista José María Guelbenzu, que, simultáneamente, dirigía Taurus. "Coetzee es el nombre con el que me quedaría de mi etapa allí.
La idea era elegir a un autor de un área lingüística y apostar por él publicando varios libros", dice Guelbenzu. "De Taurus, la Historia de la vida privada, de Georges Duby".



Como Benet y Marías, Guelbenzu es hoy un autor de Alfaguara, lo mismo que Juan Cruz. El periodista de EL PAÍS pasó a dirigir la editorial en 1992. En aquel año emblemático, y crítico-"hay quien dijo que iba a cerrarla"-, Cruz puso en marcha la llamada "Alfaguara global".



Como la propia Santillana, la editorial de ficción se convirtió no en un sello español con delegaciones en América, sino en un sello tan americano como español. "Consolidamos", explica Juan Cruz, "una imagen doble: global y local a la vez. Los argentinos saben que en Alfaguara tienen una editorial argentina. El mejor ejemplo de esa política es que la directora actual del sello en España es alguien que dirigió el sello en Colombia".



Esa directora es Pilar Reyes, que recuerda que, salvo García Márquez, todos los escritores del boom han publicado en Alfaguara: de Vargas Llosa a Carlos Fuentes pasando por Cortázar, Mutis o José Donoso. Lo mismo que autores posteriores como Fernando Vallejo, Sergio Ramírez o Laura Restrepo. A todos ellos, por el lado español, se suman nombres como Arturo Pérez-Reverte, Manuel Rivas, Rosa Montero, Luis Mateo Díez, José María Merino o Bernardo Atxaga.



"Cada país hace sus propios planes editoriales y tiene una presencia viva en su vida cultural", dice. "Es lo que hizo Santillana con los libros de texto". Para Reyes, el próximo paso es "conseguir una correlación entre lo que se publica en cada país y lo que circula por los demás". Aunque Alfaguara, Taurus, Aguilar o los libros de bolsillo de Punto de Lectura son transatlánticos, la literatura latinoamericana sigue mirándose en el espejo de España: "Sería bueno que la esfera del idioma tuviera nuevos centros".



Hay trabajo, pues, para los próximo 50 años. Para celebrar los 50 pasados, Santillana publica una edición especial diseñada por Manuel Estrada de El viaje del elefante, la novela de José Saramago. "Siempre acabamos llegando a donde nos esperan". Ese es, como recuerda Pilar del Río, su viuda y traductora, el epígrafe que el Nobel portugués puso al frente de esa novela: "Tal vez por eso él publicaba en Alfaguara, en Santillana".