Los próximos Goya, cuyas nominaciones ya son públicas, pretenden recuperar la cercanía del cine con la calle y trasladarse al centro de Madrid.
Cuando el cine fue desterrado de las pequeñas poblaciones y las barriadas urbanas para ser llevado a los centros comerciales como reclamo a la compra y consumo de fin de semana, se hizo aún más difícil el equilibrio entre el valor artístico y el industrial, la palomita y la vertiente cultural.
El viernes en La 2, el programa que presenta Jordi Costa, Singular.es, emitió un interesante documental de Andrés Hispano.
Fragmentos para una historia del otro cine español. Recorría las apuestas a veces suicidas por un cine experimental en las que el público mayoritario es refractario a adentrarse. Al final limitar las dimensiones posibles de cualquier expresión artística es como reducir la semana a dos días.
El cine del sábado y domingo no deja sitio al del resto de la semana.
Gracias a una iniciativa de la revista Cahiers para editar en DVD películas a las que no se quiso hacer hueco en las salas de cine españolas, se puede ver Wendy and Lucy. A través del cuento de una chica y su perro, la estupenda directora Kelly Reichardt retrata la soledad, la prevención y el miedo bajo el que nos toca vivir hoy.
El sábado Versión española proyectó El Sur de Víctor Erice con Icíar Bollain y Antonio Gala de invitados.
Se habló mucho de la parte de la película que Erice no pudo rodar por desavenencias con el productor, pero se recordó que en su día logró el éxito pese a lo delicado de la propuesta.
En El Sur, Rafaela Aparicio con una sencillez pasmosa resuelve todas las disputas intelectuales entre lo popular y lo exquisito.
Cuando ella irrumpe, su ternura nada esforzada derrite el hielo de unos personajes literarios distantes y reprimidos. Esa llaneza sin cálculo unida a la precisión de la propuesta rompe las costuras del cine, dándole la magnitud del arte pero con placer primario y popular.
Rafaela resuelve la ecuación imposible.
El cine ha perdido la calle como los niños han perdido la calle. Pero en otras pantallas más íntimas, al margen de la explotación más industrial resiste el cine sin cines, en ciudades sin ciudad.
13 ene 2011
Grandes de la ópera mundial al servicio de Gluck
'Iphigénie en Tauride' reúne en el Teatro Real a Robert Carsen, Thomas Hengelbrock, Plácido Domingo, Susan Granham y Paul Groves .
Se trata de un acontecimiento escénico de esos con los que pocas veces se puede soñar, pero Gerard Mortier, director artístico del Teatro Real está acostumbrado a no reprimir todo tipo de fantasías en sus sueños.
Iphigénie en Tauride, una de las mejores óperas de todos los tiempos y la más emblemática de Christoph Willibald Gluck (1714-1787), se representa por primera vez como ópera en el Teatro Real de Madrid.
sólo puedo decir que hasta la fecha no se ha superado en absoluto", apunta Hengelbrok, quien a pesar de estar acostumbrado a trabajar con instrumentos originales destaca la flexibilidad de la orquesta con la que ha trabajado a fondo buscando un sonido diferente.
"Es una ópera intensa que ahonda en las emociones humanas", comenta el canadiense Carsen. "En Iphigénie vemos como a través de la tragedia, del dolor, se produce una limpieza del alma, y el público que está sufriendo igualmente, también puede participar de esa limpieza depuradora", comenta el director escénico de este título que ya ha abordado, con parte de este equipo, en varias ocasiones: "Cada vez estamos más cerca de lo que queremos y pretendemos conseguir, en Madrid es donde prácticamente estamos llegando a la meta final".
El director teatral, que cada vez es más reclamado por grandes coliseos operísticos del mundo, aunque nunca abandona su pasión por el teatro, (asegura que le gustaría trabajar en España con Nuria Espert o grandes actores) dice abordar este montaje en un momento muy especial de su carrera: "Y lo hago con una obra estupenda y dos repartos espectaculares; y encima en la ópera, que para mí es la síntesis de todas las artes; la posibilidad de juntarlas es inenarrable, hemos trabajado mucho para fusionar la música con el drama, con los sentimientos, con la sensibilidad que emana de la pieza, eso es muy importante".
Tesoro de directores escénicos
Tanto el alemán Hengelbrok como Graham es la primera vez que están en el Teatro Real, donde Iphigénia en Tauride sí se había paseado por el escenario (en la nueva vida que inició este coliseo a finales del siglo XX) de la mano de otra diosa alemana contemporánea, la coreógrafa Pina Bausch, desaparecida recientemente.
Carsen ha pasado a engrosar la lista de grandísimos directores escénicos que han puesto a lo largo del siglo XX, en pie esta pieza que no hay que confundir con Iphigénie en Áulide que Gluck estrenó en 1775. Entre ellos encontramos a Kleiber, Visconti (con la Callas), Ricardo Mutti, Liliana Cavani.
Y mientras Gerard Mortier, pergeñador del proyecto sonríe a todos, también encantado. "Ésta ópera fue una gran revolución y es muy importante contar con ella en el repertorio de un teatro como el Real, y además es de agradecer mucho que estén en ella grandísimos cantantes todos puestos al servicio de un gran compositor, porque Iphigénie... no es una ópera de estrellas, es coral, su grandiosidad emerge de la unión de todo, de todos, y ha sido emocionante y un gran placer ver la disciplina y concentración que han tenido los artistas a la hora de trabajar", señala Mortier.
Al Metropolitan
Iphigénie en Tauride, un tragedia lírica en cuatro actos con libreto en francés de Nicolas-François Guillard, (quien partió de las tragedias homónimas de Claude Guymond de la Touche y Eurípides), estrenada en París en 1779 (dos años después llegó la versión alemana a Viena), llega al Teatro Real procedente de producciones de Chicago, Londres y San Francisco. Y con otra producción, pero los mismos protagonistas, viajarán con esta ópera el próximo mes de febrero al Metropolitan de Nueva York. En este montaje de Madrid se ha contado con la orquesta y coro (con importante presencia en esta ópera) titulares del Teatro Real.
Plácido Domingo, que debutó hace 41 años en el Teatro de la Zarzuela de Madrid, dijo que sin ese teatro la ópera en la capital de España no hubiera existido: "¡Bendito Teatro de la Zarzuela!", apunta el tenor español, quien en sus 3.500 actuaciones, interpretanco más de 130 papeles, sólo ha suspendido en tres ocasiones y a punto estuvo de hacerlo una cuarta cuando cantó hace 40 años La Gioconda en la Zarzuela y el público reaccionó con tal pasión que las lágrimas estuvieron a punto de impedirle continuar.
Hoy compagina su carrera como cantante, con la dirección de orquesta, la dirección artística de dos teatros de ópera norteamericanos y la dirección de tres programas educativos. Además es un artista comprometido con actividades humanitarias y a lo largo de su carrera se ha volcado con la difusión y la revitalización de la zarzuela y el acercamiento de la música clásica a nuevos públicos. Ahora con motivo de su 70 cumpleaños la Deustche Grammophon tiene previsto reeditar muchas de sus grabaciones.
Su pasión por la zarzuela le viene de familia. "Yo trabajo mucho, pero los que verdaderamente trabajaban era mis padres, que tenían una compañía de zarzuela que representaban dos zarzuelas diarias y al terminar ensayaban las dos del día siguiente y los domingos tres; crecí en ese ambiente y cuando me dicen 'trabajas mucho' digo ¡no!, los que trabajaban son ellos".
Se trata de un acontecimiento escénico de esos con los que pocas veces se puede soñar, pero Gerard Mortier, director artístico del Teatro Real está acostumbrado a no reprimir todo tipo de fantasías en sus sueños.
Iphigénie en Tauride, una de las mejores óperas de todos los tiempos y la más emblemática de Christoph Willibald Gluck (1714-1787), se representa por primera vez como ópera en el Teatro Real de Madrid.
sólo puedo decir que hasta la fecha no se ha superado en absoluto", apunta Hengelbrok, quien a pesar de estar acostumbrado a trabajar con instrumentos originales destaca la flexibilidad de la orquesta con la que ha trabajado a fondo buscando un sonido diferente.
"Es una ópera intensa que ahonda en las emociones humanas", comenta el canadiense Carsen. "En Iphigénie vemos como a través de la tragedia, del dolor, se produce una limpieza del alma, y el público que está sufriendo igualmente, también puede participar de esa limpieza depuradora", comenta el director escénico de este título que ya ha abordado, con parte de este equipo, en varias ocasiones: "Cada vez estamos más cerca de lo que queremos y pretendemos conseguir, en Madrid es donde prácticamente estamos llegando a la meta final".
El director teatral, que cada vez es más reclamado por grandes coliseos operísticos del mundo, aunque nunca abandona su pasión por el teatro, (asegura que le gustaría trabajar en España con Nuria Espert o grandes actores) dice abordar este montaje en un momento muy especial de su carrera: "Y lo hago con una obra estupenda y dos repartos espectaculares; y encima en la ópera, que para mí es la síntesis de todas las artes; la posibilidad de juntarlas es inenarrable, hemos trabajado mucho para fusionar la música con el drama, con los sentimientos, con la sensibilidad que emana de la pieza, eso es muy importante".
Tesoro de directores escénicos
Tanto el alemán Hengelbrok como Graham es la primera vez que están en el Teatro Real, donde Iphigénia en Tauride sí se había paseado por el escenario (en la nueva vida que inició este coliseo a finales del siglo XX) de la mano de otra diosa alemana contemporánea, la coreógrafa Pina Bausch, desaparecida recientemente.
Carsen ha pasado a engrosar la lista de grandísimos directores escénicos que han puesto a lo largo del siglo XX, en pie esta pieza que no hay que confundir con Iphigénie en Áulide que Gluck estrenó en 1775. Entre ellos encontramos a Kleiber, Visconti (con la Callas), Ricardo Mutti, Liliana Cavani.
Y mientras Gerard Mortier, pergeñador del proyecto sonríe a todos, también encantado. "Ésta ópera fue una gran revolución y es muy importante contar con ella en el repertorio de un teatro como el Real, y además es de agradecer mucho que estén en ella grandísimos cantantes todos puestos al servicio de un gran compositor, porque Iphigénie... no es una ópera de estrellas, es coral, su grandiosidad emerge de la unión de todo, de todos, y ha sido emocionante y un gran placer ver la disciplina y concentración que han tenido los artistas a la hora de trabajar", señala Mortier.
Al Metropolitan
Iphigénie en Tauride, un tragedia lírica en cuatro actos con libreto en francés de Nicolas-François Guillard, (quien partió de las tragedias homónimas de Claude Guymond de la Touche y Eurípides), estrenada en París en 1779 (dos años después llegó la versión alemana a Viena), llega al Teatro Real procedente de producciones de Chicago, Londres y San Francisco. Y con otra producción, pero los mismos protagonistas, viajarán con esta ópera el próximo mes de febrero al Metropolitan de Nueva York. En este montaje de Madrid se ha contado con la orquesta y coro (con importante presencia en esta ópera) titulares del Teatro Real.
Plácido Domingo, que debutó hace 41 años en el Teatro de la Zarzuela de Madrid, dijo que sin ese teatro la ópera en la capital de España no hubiera existido: "¡Bendito Teatro de la Zarzuela!", apunta el tenor español, quien en sus 3.500 actuaciones, interpretanco más de 130 papeles, sólo ha suspendido en tres ocasiones y a punto estuvo de hacerlo una cuarta cuando cantó hace 40 años La Gioconda en la Zarzuela y el público reaccionó con tal pasión que las lágrimas estuvieron a punto de impedirle continuar.
Hoy compagina su carrera como cantante, con la dirección de orquesta, la dirección artística de dos teatros de ópera norteamericanos y la dirección de tres programas educativos. Además es un artista comprometido con actividades humanitarias y a lo largo de su carrera se ha volcado con la difusión y la revitalización de la zarzuela y el acercamiento de la música clásica a nuevos públicos. Ahora con motivo de su 70 cumpleaños la Deustche Grammophon tiene previsto reeditar muchas de sus grabaciones.
Su pasión por la zarzuela le viene de familia. "Yo trabajo mucho, pero los que verdaderamente trabajaban era mis padres, que tenían una compañía de zarzuela que representaban dos zarzuelas diarias y al terminar ensayaban las dos del día siguiente y los domingos tres; crecí en ese ambiente y cuando me dicen 'trabajas mucho' digo ¡no!, los que trabajaban son ellos".
Cambios en masculino
La alianza entre diseñadores vanguardistas y firmas de alcance masivo y el dominio de la Red marcan la temporada .
Vuelve "La Arruga es Bella"
Si algo no está estropeado, no lo arregles. Tan simple como efectivo credo preside el ánimo de la industria masculina cuando arranca su temporada de presentaciones para otoño/invierno 2011.
Con una optimista cautela, se vive estos días en la feria florentina Pitti Uomo y se preparan las pasarelas de Milán y París (la primera empieza el 15 de enero; la segunda, el 19). Las cifras del mercado internacional que allí se manejan son algo más esperanzadoras. Y centros comerciales como Saks (Nueva York), Liberty (Londres), La Rinascente (Milán) y Printemps (París) planean renovar o ampliar su área masculina este año. Algo tímidamente nuevo se divisa en el no siempre agitado horizonte de la moda para hombre.
- Virtual o real. "La forma de comprar de los hombres ha cambiado muchísimo en los últimos dos años", opina Goyo Otero, que regenta en Madrid tiendas como Mini y Sportivo. "Ahora están metidos en Internet y saben mucho más, conocen las marcas y quieren cosas distintas. Que les sorprendan".
La Red no solo dinamiza los comercios tradicionales. El trío moda, hombres e Internet alcanzará su clímax con el lanzamiento de Mr.Porter. La versión masculina del exitoso portal de comercio electrónico de lujo Net-a-porter -propiedad del grupo Richemont desde 2010- está prevista para este mes.
- Moda en la mochila. La alianza entre diseñadores vanguardistas y marcas de alcance masivo es cualquier cosa menos noticia. Pero llama la atención la categoría de los últimos creadores que se han apuntado a la estrategia. Adam Kimmel se une a Carhartt en una colección de ropa que se venderá en mayo. El estadounidense, que presenta en París, ha ideado desde vaqueros hasta camisas, chaquetas y bolsas. Por su parte, el belga Kris Van Assche presentará en su desfile parisiense del 21 de enero su colaboración con otro gigante del textil de resistencia, Eastpak. Una firma de mochilas veterana en la cuestión: se ha asociado en el pasado con Raf Simons o Gaspard Yurkievich.
- Vuelve el traje... si es que se fue. Luis Sans, de la tienda barcelonesa Santa Eulalia, señala que para entender la recuperación del sector hay que partir del severo correctivo que sufrió hace dos años. "El mercado masculino, sobre todo el de vestir, se vio especialmente castigado.
El hombre es más disciplinado que la mujer. Si no hay que gastar, no gasta. Además, el que llevaba traje a diario, tenía suficientes en su armario para aguantar sin comprar".
Por otra parte, estos tiempos de contención han rebajado el umbral de tolerancia con ciertas tonterías.
Eso siempre simplifica las cosas. "El casual friday complicaba las reglas del juego.
El hombre no necesariamente controlaba ese código. Ahora se recupera el traje y su valor esencial: transmitir seguridad y confianza en un ambiente laboral", termina Sans.
- Háblame del mar, marinero. A pesar de todo, la moda no se resiste a introducir alguna alegría en el armario masculino. En las colecciones para la primavera de 2011 destacan dos concesiones a ese cliché del niño grande. Las rayas marineras, que acaso solo Pablo Picasso lució sin ápice de infantilismo, son propulsadas por Miuccia Prada y reciben hasta el benéplacito del diario The Financial Times.
Los colores estridentes, combinados con sensibilidad de parvulario, se cuelan incluso en el vocabulario de una firma tan profundamente vinculada a lo sobrio como Jil Sander. Aunque es probable que la defensa generalizada de los colorines se parezca más al pijo coloreado de Tommy Hilfiger y que, finalmente, la tendencia quede reducida a la ocasional compra de unos pantalones chinos en rojo o verde menta.
- La piel herida. Texturas que simulan vivencias y superficies que se antojan más humanas por su imperfección.
Si la experiencia es un grado, por qué negárselo a la ropa. Todo el armario, desde los zapatos de ante gastado hasta las cazadoras de piel envejecida, se empapan de un renovado gusto por la imperfección.
Tal vez en la oficina haya que transmitir confianza, pero fuera de ella hay licencia para mostrar vulnerabilidad. Y para los que no teman exteriorizar su fragilidad en el trabajo, buenas noticias.
Los trajes de lino ya no son solo aptos para bodas ibicencas. Aunque para todo el que no trabaje en una plantación, mejor olvidarse del blanco.
Vuelve "La Arruga es Bella"
Si algo no está estropeado, no lo arregles. Tan simple como efectivo credo preside el ánimo de la industria masculina cuando arranca su temporada de presentaciones para otoño/invierno 2011.
Con una optimista cautela, se vive estos días en la feria florentina Pitti Uomo y se preparan las pasarelas de Milán y París (la primera empieza el 15 de enero; la segunda, el 19). Las cifras del mercado internacional que allí se manejan son algo más esperanzadoras. Y centros comerciales como Saks (Nueva York), Liberty (Londres), La Rinascente (Milán) y Printemps (París) planean renovar o ampliar su área masculina este año. Algo tímidamente nuevo se divisa en el no siempre agitado horizonte de la moda para hombre.
- Virtual o real. "La forma de comprar de los hombres ha cambiado muchísimo en los últimos dos años", opina Goyo Otero, que regenta en Madrid tiendas como Mini y Sportivo. "Ahora están metidos en Internet y saben mucho más, conocen las marcas y quieren cosas distintas. Que les sorprendan".
La Red no solo dinamiza los comercios tradicionales. El trío moda, hombres e Internet alcanzará su clímax con el lanzamiento de Mr.Porter. La versión masculina del exitoso portal de comercio electrónico de lujo Net-a-porter -propiedad del grupo Richemont desde 2010- está prevista para este mes.
- Moda en la mochila. La alianza entre diseñadores vanguardistas y marcas de alcance masivo es cualquier cosa menos noticia. Pero llama la atención la categoría de los últimos creadores que se han apuntado a la estrategia. Adam Kimmel se une a Carhartt en una colección de ropa que se venderá en mayo. El estadounidense, que presenta en París, ha ideado desde vaqueros hasta camisas, chaquetas y bolsas. Por su parte, el belga Kris Van Assche presentará en su desfile parisiense del 21 de enero su colaboración con otro gigante del textil de resistencia, Eastpak. Una firma de mochilas veterana en la cuestión: se ha asociado en el pasado con Raf Simons o Gaspard Yurkievich.
- Vuelve el traje... si es que se fue. Luis Sans, de la tienda barcelonesa Santa Eulalia, señala que para entender la recuperación del sector hay que partir del severo correctivo que sufrió hace dos años. "El mercado masculino, sobre todo el de vestir, se vio especialmente castigado.
El hombre es más disciplinado que la mujer. Si no hay que gastar, no gasta. Además, el que llevaba traje a diario, tenía suficientes en su armario para aguantar sin comprar".
Por otra parte, estos tiempos de contención han rebajado el umbral de tolerancia con ciertas tonterías.
Eso siempre simplifica las cosas. "El casual friday complicaba las reglas del juego.
El hombre no necesariamente controlaba ese código. Ahora se recupera el traje y su valor esencial: transmitir seguridad y confianza en un ambiente laboral", termina Sans.
- Háblame del mar, marinero. A pesar de todo, la moda no se resiste a introducir alguna alegría en el armario masculino. En las colecciones para la primavera de 2011 destacan dos concesiones a ese cliché del niño grande. Las rayas marineras, que acaso solo Pablo Picasso lució sin ápice de infantilismo, son propulsadas por Miuccia Prada y reciben hasta el benéplacito del diario The Financial Times.
Los colores estridentes, combinados con sensibilidad de parvulario, se cuelan incluso en el vocabulario de una firma tan profundamente vinculada a lo sobrio como Jil Sander. Aunque es probable que la defensa generalizada de los colorines se parezca más al pijo coloreado de Tommy Hilfiger y que, finalmente, la tendencia quede reducida a la ocasional compra de unos pantalones chinos en rojo o verde menta.
- La piel herida. Texturas que simulan vivencias y superficies que se antojan más humanas por su imperfección.
Si la experiencia es un grado, por qué negárselo a la ropa. Todo el armario, desde los zapatos de ante gastado hasta las cazadoras de piel envejecida, se empapan de un renovado gusto por la imperfección.
Tal vez en la oficina haya que transmitir confianza, pero fuera de ella hay licencia para mostrar vulnerabilidad. Y para los que no teman exteriorizar su fragilidad en el trabajo, buenas noticias.
Los trajes de lino ya no son solo aptos para bodas ibicencas. Aunque para todo el que no trabaje en una plantación, mejor olvidarse del blanco.
La nueva Lisbeth Salander da miedo
Primeras imágenes de la adaptación al cine de 'Millennium' que dirige David Fincher.- Blomkvist será menos mujeriego, Lisbeth más agresiva y el desenlace cambia completamente .
Pequeña y fibrada, adicta a los tatuajes y el cuero y con una mirada glacial.
Cuando David Fincher eligió a la poco conocida Rooney Mara para encarnar a la hacker Lisbeth Salander muchos dudaban de aquella chica de apariencia frágil pudiera dar vida con solvencia a la ambigua y letal protagonista de la trilogía novelística Millennium.
Las primeras imágenes del rodaje, sin embargo, indican que la transmutación de la actriz en el ángel vengador de Stieg Larsson es bastante convicente; escuálida pero inquebrantable, macilenta aunque elegante, tal como la ideó su creador.
La actriz Rooney Mara ('La red social'), caracterizada como Lisbeth Salander para la adaptación al cine de 'Los hombres que no amaban a las mujeres', en la revista 'W'.- JEAN-BAPTISTE MONDINO/ W
El guión de Steven Zaillian ('La lista de Schindler') se desvía del original: Blomkvist es menos mujeriego, Salander es más agresiva y el desenlace cambia completamente
A Fincher le ha atraído especialmente que los villanos de la novela no sean políticos o dictadores, sino hombres de negocios. "El fascismo ha encontrado su camino en las grandes finanzas".
La sufrida novia de Mark Zuckerberg en La red social, de 25 años, se exhibe casi irreconocible bajo la caracterización: palidez extrema, mejillas hundidas, pelo cortado a dentelladas y ojos de hielo, según muestra un reportaje de la revista W sobre el rodaje en Estocolmo de Los hombres que no amaban a las mujeres (titulada en inglés The girl with the dragon tattoo), primera entrega de Millennium, trilogía de la que se han vendido 50 millones de ejemplares en todo el mundo. "La Lisbeth Salander de Fincher, tal como la canaliza Mara, es excepcional: un ángel vengador genial aunque aniñado que conoce y aprecia la violencia". ¿Hará olvidar la solvente interpretación de Noomi Rapace en la adaptación sueca al cine de la serie? El estreno está previsto para diciembre.
Con todo, Mara no lo ha tenido fácil. Tras barajar numerosas candidatas, Fincher se decidió finalmente por una actriz de ascendencia más que acomodada.
Hija de dos dinastías de los deportes en EE UU (los Rooneys, propietarios de los Pittsburgh Steelers, y los Maras, dueños de los New York Giants), su distinguida educación le daba un aire que podía no casar bien con un personaje marginal. Pero, tras dirigirla en La red social, el cineasta no tuvo dudas. "La quise a ella desde el principio", asegura Fincher. "Puede que Rooney sea una niña adinerada de la realeza del fútbol, pero es muy sensata y trabajadora.
Es extraño cómo se desenvuelve la gente en los cástings [que implicaron escenas de violaciones con consoladores de por medio]. No se lo pusimos fácil y no hubo manera de disuadirla".
Una idea recurrente de la trilogía original es que Salander es una especie de Pipi Calzaslargas tecnófila, violenta y asocial. En la película, Mara luce piercings en la nariz, los labios y los pezones, y un gran dragón tatuado ("no de tipo oriental, sino como si lo hubiera dibujado Escher") le recorre la espalda.
Un desenlace diferente
Las películas de Fincher se adentran en universos siniestros poblados por marginados rebeldes (El club de la lucha), santones desequilibrados (Se7en) e investigadores obsesivos (Zodiac), no muy alejados del mundo de Larsson (de hecho, el título original del primer libro es Hombres que odian a las mujeres).
El cineasta, sin embargo, quiere llevarlos más allá. "Para The girl with the dragon tattoo, Fincher ha ideado algo más que lo obvio: un absorbente thriller sobre la cruzada de un reportero [Mikael Blomkvist, interpretado por Daniel Craig] y de su misteriosa compañera, Lisbeth Salander.
En vez de ello, quiere que Salander sea a la vez subversiva y un nuevo tipo de modelo que imitar" , indica W.
Va a ser la Salander de Fincher, lo que conlleva cambios respecto al original. El guionista, Steven Zaillian (oscar por La lista de Schindler), va a hacer que Blomkvist sea menos mujeriego, que Salander sea más agresiva y, sobre todo, va a cambiar completamente el final. "Esto va a suponer un sacrilegio para muchos, pero Zaillian ha mejorado a Larsson: el final del guión es más interesante", asegura el reportaje de W. Eso sí, se mantiene la escena de venganza con cierto asistente social corrupto y violador que recibe una buena dosis de su propia medicina.
Entre lo que más le llamó la atención de la novela, Fincher destaca los villanos, que no son políticos ni dictadores, sino hombres de negocios. "El fascismo ha encontrado su camino más allá de la política", ha señalado el cineasta, "y lo ha encontrado en las grandes finanzas".
Y lo ejemplifica con un símil. "Hoy Woodward y Bernstein [los periodistas que destaparon el caso Watergate, que ocasionó la dimisión del presidente estadounidense Richard Nixon], investigarían la corrupción en el campo de batalla financiero. Eso me interesó. Y por supuesto la chica".
Pequeña y fibrada, adicta a los tatuajes y el cuero y con una mirada glacial.
Cuando David Fincher eligió a la poco conocida Rooney Mara para encarnar a la hacker Lisbeth Salander muchos dudaban de aquella chica de apariencia frágil pudiera dar vida con solvencia a la ambigua y letal protagonista de la trilogía novelística Millennium.
Las primeras imágenes del rodaje, sin embargo, indican que la transmutación de la actriz en el ángel vengador de Stieg Larsson es bastante convicente; escuálida pero inquebrantable, macilenta aunque elegante, tal como la ideó su creador.
La actriz Rooney Mara ('La red social'), caracterizada como Lisbeth Salander para la adaptación al cine de 'Los hombres que no amaban a las mujeres', en la revista 'W'.- JEAN-BAPTISTE MONDINO/ W
El guión de Steven Zaillian ('La lista de Schindler') se desvía del original: Blomkvist es menos mujeriego, Salander es más agresiva y el desenlace cambia completamente
A Fincher le ha atraído especialmente que los villanos de la novela no sean políticos o dictadores, sino hombres de negocios. "El fascismo ha encontrado su camino en las grandes finanzas".
La sufrida novia de Mark Zuckerberg en La red social, de 25 años, se exhibe casi irreconocible bajo la caracterización: palidez extrema, mejillas hundidas, pelo cortado a dentelladas y ojos de hielo, según muestra un reportaje de la revista W sobre el rodaje en Estocolmo de Los hombres que no amaban a las mujeres (titulada en inglés The girl with the dragon tattoo), primera entrega de Millennium, trilogía de la que se han vendido 50 millones de ejemplares en todo el mundo. "La Lisbeth Salander de Fincher, tal como la canaliza Mara, es excepcional: un ángel vengador genial aunque aniñado que conoce y aprecia la violencia". ¿Hará olvidar la solvente interpretación de Noomi Rapace en la adaptación sueca al cine de la serie? El estreno está previsto para diciembre.
Con todo, Mara no lo ha tenido fácil. Tras barajar numerosas candidatas, Fincher se decidió finalmente por una actriz de ascendencia más que acomodada.
Hija de dos dinastías de los deportes en EE UU (los Rooneys, propietarios de los Pittsburgh Steelers, y los Maras, dueños de los New York Giants), su distinguida educación le daba un aire que podía no casar bien con un personaje marginal. Pero, tras dirigirla en La red social, el cineasta no tuvo dudas. "La quise a ella desde el principio", asegura Fincher. "Puede que Rooney sea una niña adinerada de la realeza del fútbol, pero es muy sensata y trabajadora.
Es extraño cómo se desenvuelve la gente en los cástings [que implicaron escenas de violaciones con consoladores de por medio]. No se lo pusimos fácil y no hubo manera de disuadirla".
Una idea recurrente de la trilogía original es que Salander es una especie de Pipi Calzaslargas tecnófila, violenta y asocial. En la película, Mara luce piercings en la nariz, los labios y los pezones, y un gran dragón tatuado ("no de tipo oriental, sino como si lo hubiera dibujado Escher") le recorre la espalda.
Un desenlace diferente
Las películas de Fincher se adentran en universos siniestros poblados por marginados rebeldes (El club de la lucha), santones desequilibrados (Se7en) e investigadores obsesivos (Zodiac), no muy alejados del mundo de Larsson (de hecho, el título original del primer libro es Hombres que odian a las mujeres).
El cineasta, sin embargo, quiere llevarlos más allá. "Para The girl with the dragon tattoo, Fincher ha ideado algo más que lo obvio: un absorbente thriller sobre la cruzada de un reportero [Mikael Blomkvist, interpretado por Daniel Craig] y de su misteriosa compañera, Lisbeth Salander.
En vez de ello, quiere que Salander sea a la vez subversiva y un nuevo tipo de modelo que imitar" , indica W.
Va a ser la Salander de Fincher, lo que conlleva cambios respecto al original. El guionista, Steven Zaillian (oscar por La lista de Schindler), va a hacer que Blomkvist sea menos mujeriego, que Salander sea más agresiva y, sobre todo, va a cambiar completamente el final. "Esto va a suponer un sacrilegio para muchos, pero Zaillian ha mejorado a Larsson: el final del guión es más interesante", asegura el reportaje de W. Eso sí, se mantiene la escena de venganza con cierto asistente social corrupto y violador que recibe una buena dosis de su propia medicina.
Entre lo que más le llamó la atención de la novela, Fincher destaca los villanos, que no son políticos ni dictadores, sino hombres de negocios. "El fascismo ha encontrado su camino más allá de la política", ha señalado el cineasta, "y lo ha encontrado en las grandes finanzas".
Y lo ejemplifica con un símil. "Hoy Woodward y Bernstein [los periodistas que destaparon el caso Watergate, que ocasionó la dimisión del presidente estadounidense Richard Nixon], investigarían la corrupción en el campo de batalla financiero. Eso me interesó. Y por supuesto la chica".
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