Un Blues

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Del material conque están hechos los sueños

25 sept 2010

Primera visita a Bruegel 'El Viejo' en los talleres del Museo del Prado

Antes de iniciarse el proceso de restauración y de atribución de El vino de la fiesta de San Martín, de Pieter Bruegel El Viejo el Museo del Prado firmó una opción preferente de compra. "Esta fórmula supone una novedad absoluta para El Prado; en el caso de que no se hubiera certificado que la pintura fuera de Bruegel, podríamos haber desistido y no haberla comprado".
















"Los siete millones se ajustan a nuestro mercado", dice Miguel Zugaza

Son palabras de Miguel Zugaza, director del museo, quien considera que "siete millones de euros es, efectivamente, un precio que se ajusta al mercado nacional, no al internacional, donde en una subasta en Londes o Nueva York podría haberse disparado". La fórmula fue sencilla; el cuadro no puede salir de España porque la Junta de Calificación, Valoración y Exportación de Bienes del Patrimonio Artístico Español, lo declaró en su día Bien de Interés Cultural (BIC). Algunas fuentes del museo citan la cifra de 50 millones de euros en una hipotética venta internacional, frente a los siete que finalmente pagará Cultura a los propietarios, la familia Medinaceli.






Con las garantías de inexportabilidad en la mano y una vez hecha la presentación pública del jueves, el cuadro se encuentra de nuevo en el taller de restauración del Prado. Ayer por la mañana se trabajaba sin descanso al olor de los materiales de rescate de las viejas obras maestras. Pilar Silva, jefa del departamento de pintura holandesa, la restauradora Elisa Mora y Gabriele Finaldi, director adjunto del museo, rememoraban los momentos clave del descubrimiento.






Hace un año llegó al Museo del Prado con una oferta de compra. Los propietarios habían entregado la tela a Sotheby's Madrid. Un informe firmado por una restauradora del Museo del Louvre lo atribuyó a Bruegel El Viejo. No había más garantías. Existía ya un informe de Matías Díaz Padrón, conservador del museo, en el que se decía que era de Bruegel El Joven. La pista venía de lejos: Finaldi recuerda que vio la obra hace un par de años en el pasillo del domicilio de los propietarios. "Fui a cenar a la casa y, pese a la oscuridad del lugar, en el que se exponía les aconsejé que lo llevaran al taller del Prado. Para ver qué se podía hacer".






Pilar Silva recuerda cómo recibió personalmente el cuadro en el muelle de carga del museo. Al entrar en el taller la sarga sufría serios daños. Un inadecuado baño de barniz de polyester, utilizado para abrillantar la superficie (seguramente en los años 70 u 80) había emborronado una parte importante de la superficie y había penetrado en el tejido poroso. La mugre hizo su efecto: "Haremos lo imposible, pero esta obra nunca recuperará su frescura original". Palabra de Gabriele Finaldi.

Mujeres al borde de Broadway

Uno de los musicales más esperados de la temporada adapta la famosa comedia de Pedro Almodóvar en el escenario del Lincoln Center de Nueva York



ANDREA AGUILAR - Nueva York -

  1. Mujeres en apuros, con mal de amores, una casa delirante con gallinas y conejos en la terraza, una portera testigo de Jehová, una malvada abogada matrimonialista, un amante traicionero, terroristas chiítas, el mambotaxi equipado con colirio y un irresistible gazpacho aliñado con tranquilizantes son algunos de los ingredientes que Almodóvar reunió en 1988, en la película Mujeres al borde de un ataque de nervios. Su mezcla, disparatada y tierna, cautivó Nueva York, una ciudad que conecta como pocas la neurosis y el humor. Más de 20 años después, Pepa despechada, la desesperada Candela y los demás personajes de la película dan el salto a los escenarios de Broadway, en uno de los estrenos más esperados del año, de la mano de Bartlett Sher, director residente del Lincoln Center, estrella del momento, con pedigrí alternativo y operístico y un Tony el año pasado en South Pacific.






"Pedro nos explicó la película plano a plano", dice el director de la obra

Desde finales de agosto los ensayos progresan a ritmo frenético para llegar a la fecha del estreno, el próximo 5 de octubre. Es la última fase de un proyecto que arrancó hace tres años cuando Jeffrey Lane, autor del libreto y admirador desde hace décadas del director manchego, buscó una comedia para adaptar como musical junto al compositor David Yazbez. No encontró nada en el panorama estadounidense y pensó en cine europeo e inmediatamente en Almodóvar. "Tiene una imaginación salvaje y sus películas no tienen una narración lineal, pero lo más importante es que reconoce la excentricidad de cada uno de sus personajes y la respeta. Eso es de una enorme generosidad", apunta en conversación telefónica. El acuerdo tardó un año en cerrarse y aunque Pedro Almodóvar no está directamente implicado, ha asistido a los talleres de revisión del libreto y les ha prestado su ayuda. "Vimos la película con él y nos la explicó plano a plano", dice Lane.






El texto del musical incluye escenas que no aparecen en la película y así muestra a Candela con el terrorista chiíta del que busca refugiarse en casa de Pepa, o el juicio en el que la perturbada Lucía logra salir del sanatorio mental. "Las emociones son universales", apunta Lane. "No hemos querido hacer una traducción americana de la historia, sino simplemente convertirla en un musical. Pedro nos dijo que hiciéramos algo nuevo".



La novedad no tiene por qué significar traición y por eso la fidelidad al trabajo original se materializa en muchos guiños y detalles. En abril, el diseñador de los decorados, Michael Yaergan, acompañado de todo el equipo creativo, visitó de nuevo Madrid, ciudad en la que vivió un año como estudiante a mediados de los sesenta. El fotógrafo Juan Gatti -histórico colaborador de Almodóvar que ha diseñado también el cartel del musical- les ayudó a desentrañar la estética del cineasta. "Las películas de Pedro tienen algo muy abstracto, el color es fundamental Y Gatti nos ayudó mucho", apunta Yeargan. Sobre el escenario, sus decorados recrean el Madrid posfranquista y el universo de estas nerviosas mujeres. El mambotaxi de Broadway, aunque solo es un esqueleto, tiene fantas y revistas españolas de la época. La portería de Chus Lampreave también tiene su sitio y tampoco faltan los animales de la terraza de Pepa, aunque en menor número. El telón antes de subirse y dar paso a la función muestra una antigua ficha de una receta de gazpacho.






Para plasmar el frenético dinamismo ha puesto sobre el escenario un par de cintas mecánicas por las que pasean los actores. El vestuario, creado por Catherine Zuber, tiene referencias directas a la película como la blusa de lunares y el traje rojo de Pepa o el abrigo de leopardo de Lucía. "Almodóvar comprende de una manera muy especial a las mujeres y esto también se traduce en su estilismo", dice Zuber.



¿Cómo convertir en baile el loco día en la vida de Pepa? El coreógrafo Christopher Gatelli ha creado cinco números. "Hay elementos de flamenco, de tango, de pasodoble y de movimientos de los sesenta", explica. "Como Pepa, he intentado meterlo todo en la batidora. Las canciones capturan el estado anímico de los personajes". El principal reto dice que ha sido no sucumbir al look de Broadway. "Almodóvar te fuerza a pensar e ir más allá de las convenciones".

24 sept 2010

Cuba comienza su apertura limitada a la iniciativa privada con la legalización de 178 profesiones

Muchas de estas actividades ya eran legales pero los gobiernos locales no daban licencias porque trabajar por cuenta propia estaba mal visto .
La apertura a la iniciativa privada en Cuba es imparable, pero se administrará con cuentagotas. Todo lentamente, con numerosos controles y sin recursos ni facilidades para garantizar el auge del autoempleo. Es la sensación que se desprende de los nuevos reglamentos sobre el trabajo por cuenta propia, de los que informa el diario Granma. Los oficios aprobados son 178, aunque en realidad solo hay siete nuevos, algunos tan peculiares como "cuidador de baños públicos y de parques".







Cuba impulsa el trabajo autónomo y las cooperativas para salir de la crisis





Del total, 29 actividades ya eran legales pero desde hace años los gobiernos locales no daban licencias para ejercerlas porque el cuentapropismo estaba mal visto. Era el caso, por ejemplo, de los "fabricantes-vendedores de coronas y flores" o los masajistas. Ahora volverán a darles permisos. La reforma es rácana en este y otros muchos aspectos. Los dueños de paladares (restaurantes privados) solo podían tener 12 sillas; ahora les dejaran atender a 20 comensales a la vez y vender patatas, carne o marisco, algo oficialmente prohibido pero que la mayoría siempre se saltó a la torera.



En muchos casos, la nueva ley simplemente legaliza cosas que los cubanos hacían sin autorización del Estado (pero ahora deberán pagar impuestos). Las autoridades se meten en jardines de vocabulario increíbles para autorizar actividades hasta hace nada consideradas la oreja peluda del capitalismo, como la figura del intermediario en el campo. Se llamarán "vendedores de producciones agrícolas en puntos de venta o quiscos en carreteras y autopistas".






Hay nueve oficios restringidos, para ellos no se concederán nuevas licencias porque "no existe un mercado lícito para adquirir la materia prima". Entre ellas, "elaborador de artículos de granito o mármol", fabricantes de jabón o betún y profesiones como las de herrero y (sic) "oxicortador".






El de los suministros es un grave problema, pues de ello depende en gran medida el desarrollo masivo del autoempleo. El propio ministro de Economía, Marino Murillo, admitió a Granma que el Estado no tiene recursos para garantizar el suministro de productos y materias primas a los cuentapropistas a precios mayoristas. De momento, tampoco está previsto permitir que los particulares puedan importar directamente.






Entre las novedades que se anuncian hay cosas interesantes, que si suponen cambios en Cuba. La gente, por ejemplo, podrá alquilar sus casas en divisas -no solo uno o dos cuartos, como hasta ahora, sino la vivienda completa-. También está previsto el arrendamiento de espacios o inmuebles a particulares para el establecimiento de locales comerciales. Los cubanos que residen legalmente en el extranjero podrán alquilar sus viviendas y vehículos, posibilidad prohibida ahora.






En 83 profesiones de las autorizadas se permitirá la contratación de fuerza de trabajo asalariada - incluye las paladares-. Se contempla también que los cuentapropistas puedan vender sus servicios o productos al Estado y alquilar locales para ejercer su actividad. Otra cosa que "se analiza" es la posibilidad de que se puedan solicitar créditos al banco para comenzar negocios, pero de nuevo aquí el problema es la escasez de recursos del Estado.






Del establecimientos de pymes y cooperativas, fundamentalmente en la esfera de los servicios, todavía nada. Se deja para un segundo momento y se aclara que el incipiente desarrollo de la iniciativa privada se hará "bajo el ojo atento del Estado" y que su objetivo es "continuar perfeccionando el socialismo, no destruirlo". Las limitaciones y restricciones previstas no son pocas -por ejemplo, en la esfera de la educación se autoriza la actividad de "repasador", pero se excluye de ella a los "maestros en activo"-, y la gran incógnita es cómo de este modo, y en medio de la actual crisis, el Estado podrá lograr que se desarrolle masivamente el trabajo por cuenta propia y se convierta en una alternativa para al medio millón de funcionarios y empleados estatales que en el próximo año se quedarán en la calle.






Sobre el futuro hay dos tesis. Los escépticos dicen que nada esencial va a cambiar, como ocurrió con la apertura de los años noventa. Los optimistas, que se consideran "realistas", dicen que lo más importante ahora es que la reforma eche a andar, pues la vida y la crisis se encargarán de ordenar las cosas, corregir los titubeos y tumbar los diques.

Cantautores

Como a tanta gente, la muerte de José Antonio Labordeta me causó tristeza. Se iba una persona y artista mayúsculos, un hombre encomiable, una referencia vital para sobreponerse a los tiempos de zozobra, de corrupción e hipocresía, también a los tiempos de la caverna, de los grises y la represión. Era un hombre entre hombres, un tipo admirable.







De alguna manera, me sentí muy identificado al leer la columna de opinión de David Trueba en el diario El País, como otras que se han escrito o dicho en otros medios, sobre El Abuelo. Dejadme que os la reproduzca, letra por letra:






“Permítanme limitar la onda expansiva de la tristeza por la muerte de José Antonio Labordeta a los territorios de la televisión. Al menos en esta columna. Otros contarán con más criterio muchas cosas de alguien a quien sus amigos apodabanEl abuelo. El profesor de instituto, el cantautor, el político, el escritor y hasta el actor ocasional, se refundieron en el presentador de televisión.






Aquel guía entre antropólogo y caminante disperso, condujo a una numerosa audiencia por casi 30 capítulos de la serie Un país en la mochila. Y seguramente reemitirá más de una vez en el futuro como prueba de la dignidad de un programa. Labordeta era el perfecto sherpa de un viaje a pie, sin afanes de protagonismo, cuajado con conversaciones casuales donde se ayudaba de la retranca, la cultura cercana y la socarronería emboscada tras el bigote.






Labordeta y su mochila fueron hasta objeto de burla en aquellas tardes infames donde el Congreso de los Diputados debatía sobre la guerra de Irak. Allí, cuando tuvo que mandar a tomar por culo a algún diputado conservador que por fidelidad a su caudillo no lo dejaba hablar, Labordeta terminó de forjar un recuerdo imborrable. El del tipo sencillo que hablaba sobre un plato de borraja con la misma pasión que si fuera caviar. Aquella imagen de viajero por caminos sin gloria, tenía algo de otro tiempo. Pero no de un tiempo pasado y perdido, sino de un tiempo que quizá no existió nunca. Labordeta encontró su utopía en los caminos sin nombre, en la gente de una aldea que sabía de algo por la fuerza de la costumbre, en paisajes que nunca tuvieron glamour de postal.






Retrató una España cordial frente a la patria cainita, humilde ante la desmesura, silenciosa frente a la vanidad. Se fue a buscar algo que echarle a la televisión que no tuviera sabor a televisión, sino a tierra. Una apuestaprovocadora y hasta intransferible. Había que ser Labordeta para hacer aquello y no caer ni el paternalismo ni en la cutrez. Su legado televisivo permanecerá terco entre productos de usar y tirar, como sus canciones hechas a guitarrazos siguen siendo himnos a la utopía más asequible del mundo, pero siempre inalcanzable”.






De alguna manera, siempre pude sentir una afinidad humana con ese caminar. Pude admirar el peso espiritual de esa mochila, tesoro de la libertad y la fraternidad. Cuando uno, centrandose en su ruta norteamericana, dice emocionarse con el viaje de costa a costa de Woody Guthrie, con las andanzas de Bob Dylan por Greenwich Village, con las noches de neón de Tom Waits, con la carretera eléctrica de Neil Young o con el camino dolido de Steve Earle, es imposible que no sienta el mismo sentimiento de arrebato y admiración por el caminante disperso que era Labordeta. Incluso la simbiosis casi es mayor por la cercanía, la comunidad que representa en esta nuestra tierra.