Un Blues

Un Blues
Del material conque están hechos los sueños

14 sept 2010

Desamor "



Cuando tu cuerpo es nieve
perdida en un olvido deshelado,
y el aire no se atreve
a moverse por miedo a lo olvidado;
y el mar, cuando se mueve
e inventa otra postura,
es sólo por sentirse de este lado
más ágil de recuerdos y amargura.

Cuando es ya nieve pura,
y tu alma señal de haber llorado,
y entre cartas y besos
amarillos suspiras porque, al verlas,
no te serán ya ésos
más que -pendientes de los ojos- perlas;
y las rosas ilesos,
y los blancos sin roce,
entre cintas desnudas, enterradas,
reavivan el goce
triste de ver ya frías, desamadas,
las prendas y el amor que aún las conoce.

Entonces a mí puedes
venir, llegar, oh, pluma que deriva
por los aires más solos:
yo tenderé y tiraré hacia arriba,
altos sueños, mis redes,
para que eterna, si antes fugitiva,
entre mis alas, no en mis brazos, quedes.

Blas de Otero.

Aquí "

Aquí en esta orilla blanca del lecho donde duermes estoy al borde mismo de tu sueño. Si diera un paso más, caería en sus ondas, rompiéndolo como un cristal. Me sube el calor de tu sueño hasta el rostro. Tu hálito te mide la andadura del soñar: va despacio. Un soplo alterno, leve me entrega ese tesoro exactamente: el ritmo de tu vivir soñando. Miro. Veo la estofa de que está hecho tu sueño. La tienes sobre el cuerpo como coraza ingrávida. Te cerca de respeto. A tu virgen te vuelves toda entera, desnuda, cuando te vas al sueño.
En la orilla se paran las ansias y los besos: esperan, ya sin prisa, a que abriendo los ojos renuncies a tu ser invulnerable.
Busco tu sueño. Con mi alma doblada sobre ti las miradas recorren, traslúcida, tu carne y apartan dulcemente las señas corporales, para ver si hallan detrás las formas de tu sueño. No la encuentran. Y entonces pienso en tu sueño. Quiero descifrarlo.
Las cifras no sirven, no es secreto. Es sueño y no misterio. Y de pronto, en el alto silencio de la noche, un soñar mío empieza al borde de tu cuerpo; en él el tuyo siento.
Tú dormida, yo en vela, hacíamos lo mismo. No había que buscar: tu sueño era mi sueño.
Pedro Salínas.

El retorno del diseñador deseado


Cuando Tom Ford era el diseñador más poderoso del mundo tenía una pesadilla recurrente la noche antes de presentar sus colecciones de Gucci o Yves Saint Laurent.
Por algún motivo, la ropa no llegaba -ardía un taller, la robaban- y él tenía que salir a la pasarela y hablar para entretener al público.


El creador prohíbe grabar sus desfiles y se niega a distribuir imágenes

Julianne Moore llevaba un traje del color de su piel bordado en flecos
Lo contó el domingo por la noche, en Nueva York, cuando se plantó ante sus invitados y les dirigió un discurso nada improvisado. Tal como había temido en sus sueños. Pero esta vez no tuvo que hacerlo porque algo terrible le hubiera ocurrido a su ropa, sino porque quiso. Así había escrito el guión de un momento extraordinario de la historia de la moda contemporánea. Su retorno al diseño de mujer, seis años después de su última colección para Gucci.

En este tiempo, el diseñador estadounidense de 49 años ha creado una firma de suntuosos trajes para hombre y ha dirigido con notable éxito su primera película (Un hombre soltero) con la que el actor Colin Firth consiguió la Copa Volpi en 2009. Pero un cabo quedaba suelto.

Si algo ha tenido Tom Ford -desde que en 1994 apareció para revivir Gucci- es una innegociable visión de la mujer. Que él disfruta creando y recreando. La extravagancia decadente de su abuela marcó su infancia en Tejas y, muy probablemente, guió la extraordinaria presentación que concibió para su retorno al diseño femenino.

El escenario era íntimo: apenas un centenar de invitados, repartidos en dos salones de su tienda en la avenida Madison. Un espacio y una audiencia tan reducida como para que Domenico de Sole, presidente de la compañía, se quedara de pie. "Hoy tenemos ropa maravillosa y algunas de las mujeres que más me inspiran para lucirla", anunció Ford -siempre teatral- en su discurso. Se retiró a un lado del angosto pasillo y desde allí presentó y describió cada uno de los modelos que desfilaron.

Farida Khelfa, modelo, actriz y eterna musa de la moda parisiense, fue la primera. Con ella, y su largo vestido blanco de asimétricas aperturas que descubrían un corsé cubierto de rejilla negra, se instaló en la sala un suspiro de emoción que no se perdería en las 26 salidas siguientes.

La mujer que el diseñador Tom Ford defiende puede ser una fantasía, pero no es un cliché, ya que pueden encarnarla caracteres individuales, fuertes y reales. Una de las cosas más hermosas de su colección de ayer, más allá de la divertida y fabulosa apuesta por una elegancia de otro tiempo, fue el respeto que transmitía a cada una de las mujeres que la lucieron.

La actriz Julianne Moore llevaba un traje del color de su piel enteramente bordado con flecos de seda que sugería su desnudez, a pesar de cubrir desde las clavículas hasta los pies y las muñecas -en 2009 le diseñó uno en tono verde para el Festival de Venecia-.

Beyoncé hervía en una pieza de rejilla irregularmente cubierta de lentejuelas doradas y plateadas. Otra actriz, Emmanuelle Seigner, parecía poderosa y relajada con un traje negro, sombrero con pluma y camisa abierta hasta el ombligo.

Los códigos habituales de Tom Ford estaban ahí -los trajes masculinos, los guiños a la transición de los setenta a los ochenta, la sexualidad explícita-, pero no se imponían a las mujeres que lo llevaban, sino que se adaptaban a ellas. Y eso que las había de muy variada edad, forma y condición. Desde Rita Wilson, Rachel Feinstein, Marisa Berenson, Daphne Guinness, Lou Doillon o Lisa Eisner hasta top models de todas las épocas como Lauren Hutton, Karen Elson, Natalia Vodianova, Stella Tennant, Liya Kebede, Amber Valletta o Daria Werbowy.

Subidas a fetichistas tacones atados al tobillo, con ajustadas faldas lápiz, estampados felinos pintados a mano y generosos escotes, transmitían un sentido de la belleza atemporal, grandilocuente y memorable que hoy escasea en una industria entregada a la histeria de lo inmediato.

Una dinámica contra la que Ford se rebela estética y conceptualmente. No habrá más desfiles. Ni como este, ni como ninguno. En la era de la pasarela retransmitida en directo, él prohíbe el uso de métodos de grabación en su presentación y se niega a distribuir imágenes.

No hay duda de que acabaremos viéndolas, ya que Terry Richardson fotografió cuanto quiso. Pero Tom Ford elegirá dónde y cuándo. De momento, prefiere que su retorno deba narrarse e imaginarse.

Aun así, cuando la presentación de Nueva York terminó, las 27 mujeres tomaron el pasillo y se hizo difícil circular. Lauren Hutton se descalzó, se subió a una silla y empezó a sacar fotos. Era un atasco que merecía la pena inmortalizar.
EUGENIA DE LA TORRIENTE - Nueva York

Aterrizaje forzoso en el gulag


Stalin confinó en campos de trabajo a los pilotos republicanos que se instruían en la URSS y que reclamaron su repatriación al final de la Guerra Civil .
"Yo, Hermógenes Rodríguez, me dirijo a usted respecto al siguiente asunto: fui enviado por el Gobierno de la República Española a la Unión Soviética para participar en 1938 en un curso de pilotaje, que no pude terminar. Pedí inmediatamente mi repatriación, que hasta hoy me han negado. Desde 1941 me encuentro en un campo de concentración solo por ser español".

Presos rojos en el 'paraíso' rojo
Iósif Stalin

"Los niños tienen que defender de sus padres su alimento", escribió un aviador
Hermógenes Rodríguez era uno de los 180 aviadores republicanos en fase de formación a quienes el final de la Guerra Civil sorprendió en la URSS. "Usted" era G. M. Malenkov, sucesor de Stalin en la presidencia del Gobierno de la URSS. El texto pertenece a una carta de mayo de 1953, dos meses después de la muerte de Stalin, que se reproduce en el libro Los últimos aviadores de la República, escrito por Carmen Calvo Jung y editado por el Ministerio de Defensa y la Fundación Aena.

Carmen Calvo es la hija de uno de esos aviadores -José Calvo- que salió de España con el objetivo de retornar pronto para ir a la guerra y que, acabada ésta en 1939, tardó 15 años en volver a su tierra. En ese tiempo le zarandearon por diferentes cárceles y campos de trabajo forzoso.
Fue una víctima más del Archipiélago Gulag, la maraña de campos de castigo soviéticos donde cualquiera podía acabar por cualquier cosa. Allí fueron encerrados los españoles de la División Azul que habían ido a pelear contra el Ejército Rojo. Su confinamiento encaja dentro de la lógica de la guerra, que divide el mundo entre amigos y enemigos. Pero, ¿qué hacían allí los aviadores de la República?

Carmen Calvo congeló temporalmente su trabajo en Berlín -como arquitecta se dedica a la restauración y conservación de patrimonio- para responder a una cuestión que su padre había eludido en vida.
Ni en los documentos que recibió tras su muerte ni en libros de historia se aclaraba la incógnita. Así que Calvo ha dedicado 10 años a rastrear en 24 archivos e instituciones de España, Suiza, Francia, Alemania, Holanda y Rusia la pista de aquellos pilotos atrapados en la URSS que deseaban volver a España o exiliarse en otro país.

Su vinculación familiar, además, le abrió las puertas de los archivos personales de los protagonistas. Casi nadie quería hablar, pero casi todos ordenaron sus recuerdos por escrito. Como José Romero Carreira, que describió la crudeza en el campo de Kok-Usek -la mortalidad superaba el 60%- en unas memorias inéditas: "La mínima ración que se suministraba de alimentos nos había postrado a todos en un estado de inanición. (...) Todo barniz social había desaparecido.
Los títulos, los espíritus refinados, los aristócratas habían descendido al rango de hombre primitivo. Los espíritus más refinados de Viena convivían con los analfabetos y rudos carreteros y pastores de Rumania. Los niños tenían que defender sus alimentos contra la expoliación de sus padres. Situación trágica en la que puede caer el hombre cuando las circunstancias desatan las fuerzas de su subconsciente".

De los 25 pilotos internados hasta 1948, Romero fue de los pocos juzgado y condenado. La razón: sumarse a la huelga de hambre de los presos de la División Azul para exigir una mejora en las condiciones del campo en 1952. El segundo delito que cometió fue montar una escuela para enseñar a leer a los divisionarios. "Los republicanos siempre tuvieron la cabeza alta.
Su gran lección fue la de que cada persona tiene que cuidar de los demás", destaca Carmen Calvo, que da vueltas a la realización de un documental sobre los hijos de aquellos pilotos secuestrados por el régimen de Stalin. ¿Por qué? "Porque no querían que el mundo supiese que había republicanos incómodos en el paraíso".