Un Blues

Un Blues
Del material conque están hechos los sueños

6 sept 2010

El libro de los otros



Novedades. No he leído pero están a la vista; Retratos y encuentros, de Gay Talesse; Un hombre muerto a puntapiés, de Pablo Palacio; Las islas desconocidas, de Raúl Brandao; Cómo vivir con veinticuatro horas al día, de Arnold Bennett; Los voladores, de Peter Stamm…


***


De El libro de los otros (una recopilación de relatos editada por Zadie Smith que se vende como la flor y nata de la literatura anglosajona) destaco dos cosillas: el relato de la propia Zadie Smith que me gusta y no sé por qué (no lo acabo de entender, quizá sea eso); puede ser también por esa forma de desordenar un relato y a un personaje; me quedo también con el relato de Jonathan Lethen, que me volví a acordar de él pasados unos días después de leerlo. Se fue al fondo pero volvió a la superficie, y entonces volví a leerlo y estaba bien. Ahora, buscando algún enlace para este libro me leo que el relato de Lethen en este libro no es más que el primer capítulo de una novela suya. No lo sé; no me fio de todo lo que leo en cualquier parte. Pero me parece lo de menos.


Los demás relatos son como vallas que quiero saltarme. Tan bien hechos, tan ocurrentes, tan satisfactorios y claros y bienintencionados. Hablo en general, así que por supuesto soy injusto, pero dejarme ser injusto en mi rincón antes de que me de el infarto.


Vuelvo a la edición de Cuentos reunidos de Faulkner que acaba de editar Alfaguara. Y por ahora no necesito más.

Portada de la primera edición británica de esta novela de Faulkner.


Portada de la primera edición británica de esta novela de Faulkner. (Light in August. London: Chatto and Windus, 1933).
"El hombre se reía; tendido en su cama, se reía:
- Palabra de honor. No hay quien pueda con una mujer. Porque, ¿sabes lo que creo? Creo que ella sólo quería viajar. Creo que no tenía la menor esperanza de encontrar al que decía que estaba siguiendo. Creo que no tenía la menor intención de hacerlo, aunque todavía no se lo había dicho a su acompañante.
Creo que era la primera vez en su vida que se encontraba tan lejos de su casa, a una distancia demasiado grande para que pudiese regresar antes de la puesta del sol. Y que hasta entonces se las había arreglado muy bien, porque encontró a personas que se preocuparon por ella. Creo que, si se había decidido a ir un poco más lejos, a ver todas las tierras que pudiese, era porque sabía muy bien que, en cuanto se estableciese en algún sitio, probablemente sería para el resto de su vida.
Eso es lo que yo creo. No había más que verla, allí, sentada en el camión, con el hombre a su lado, y el niño que no había dejado de mamar, que, durante casi dos millas, no había dejado de desayunar, como si fuese en tren, en un vagón restaurante, y ella dedicada a mirar a todos lados, a ver pasar los postes telegráficos y los cercados como si viese un desfile de circo. Y al cabo de un momento, dije: "Dentro de un momento estaremos en Saulsbury". Y ella dijo: ¿Qué?". Y yo dije:
- Saulsbury, Tennesse -y miré hacia atrás y le vi la cara. Y parecía que la tenía totalmente dispuesta a la sorpresa, y que sabía que, en cuanto la sorpresa llegase, le resultaría muy agradable. Y la sorpresa llegó, y ella se puso muy contenta, y entonces dijo:
- ¡Dios mío, Dios mío! ¡Cuánto camino se puede hacer! Sólo hace dos meses que salí de Alabama y ya estoy en Tennesse."


Luz de agosto, W. Faulkner (traducción de Enrique Sordo, editorial Alfaguara 2006)

5 sept 2010

Rosas Negras


"ROSA DE LAGRIMAS"



Un caballero lanzaba semillas al suelo,

Cada vez que su prometida le daba un beso,

De agradecimiento se arrodillaba y miraba al cielo,

Agradeciendo a Dios por tan bello suceso.



En un parque abandonado llamado Rosario,

El caballero estaba sollozando,

Porque su novia le hizo vivir un calvario,

Ella confeso que lo estaba engañando.



Ese día el caballero muchas lágrimas derramó,

Un pequeño charco se formó,

Y en ese lugar una rosa negra nació.



Cada espina tenía forma de lágrima,

Y en cada pétalo un numero diminuto,

Su color fue todo un enigma,

Ella nació vestido de luto.



Los números de los pétalos significaron:

Las veces que ella lo engañó,

Ella por infiel al poco tiempo murió,

El, al siguiente año con su nueva novia se casó.



Héctor Pérez

LA Noticia


He leído el comunicado de ETA. Me produce repugnancia. La noticia (lo que hay de bueno en la noticia de que anuncien que dejan de matar) me produce alegría. La presunción, inscrita en el comunicado, de que su objetivo es el bien del pueblo vasco me produce repugnancia, porque en su cinismo ocultan que ese bien lo han perseguido matando. Cerca de mil muertes avalan ese cinismo. La mayor parte de los comentarios que han circulado después del primer aviso que leí en elpais.com alertan contra el exceso de confianza, ante la posibilidad que la organización terrorista busque la manera de alargar el brazo para ayudar a HB y a otros a rearmarse con los instrumentos de la democracia mientras ellos, los terroristas, se rearman también de las armas negras dde la muerte.
De la esperanza no hay que espantarse jamás, hay que atesorarla; cuando leí la noticia me acordé, en seguida, de José Ramón Rekalde, el consejero vasco de Educación que en los años en que él, como socialista, formó parte del Gobierno vasco, tanto hizo por el euskera.
Fue víctima de un brutal atentado, al que sobrevivió. En la última tregua, que ETA traicionó, le entrevisté; algún tiempo antes me había dicho, en una entrevista, que no se atrevía a contarme cuál era su paisaje favorito en Donosti, por si los matones le descubrían allí.
Cuando ETA anunció aquel alto el fuego le pedí que me llevara a ese sitio, y me llevó a un noray, en el muelle. Y luego fuimos a almorzar a uno de sus restaurantes favoritos. Ahora me he acordado de él.
Luego, algún tiempo después, evocamos juntos la decepción y el desamparo, de nuevo la muerte volvió a tocar a la puerta de la vida, en Euskadi, en España. Ahora le he llamado de nuevo, porque siempre que hay una esperanza, aunque sea liviana, me acuerdo de él. Y después leí el comunicado, lleno de arrogancia y de cinismo. Cuánto cuesta mantener la esperanza. Ni un hilo nos une a ella, pero esa parte del hilo hay que agarrarla.

Juan Cruz