Un Blues

Un Blues
Del material conque están hechos los sueños

29 abr. 2012

Lilas, malvas, violetas...........................

Cuando subí, todo lo por florecer en estas faldas de la Colina estaba en flor. 
Lilas, malvas, violetas de los cardos y de los hierbajos que para mí continúan innominados. (¡Qué dicha, las cosas con nombre todavía por adivinar!).
 Y los amarillos de los silvestres generales, los pequeños, aterciopelados botones, los diminutos, espigados pétalos que brotan con más desparpajo rompiendo el asfalto, el cemento, la costra de las basuras sólidas.
Las acacias se habían sacado sus flores blancas olorosas, como sucede cada vez que vuelven los vencejos, que en la Colina se adelantan por muy poco a las golondrinas.
Blanco de acacia y gemido todavía tímido de vencejo.
Luego se fue viniendo la bruma desde el mar, omitiendo la costa, las edificaciones del espanto que procuramos que se nos pase desapercibido.
Entré, por primera vez desde el último otoño, en el Manzanares, que también está cambiado, con otros dueños, otros olores, sin las fotos dedicadas de Ana María Matute en la pared.
-¡Hola, judío! -me saludó un buenapersona, un conocido de alguna noche de borrasca y discusión, uno que no nació con todo lo que debiera y que un día de estos, qué más da, se irá sin echarlo en falta.
-¡Y también canario! -volvió a exclamar desde una punta de la barra.
Se me acercó. Me dieron ganas de pasarle la mano por la espalda. Desvalidos del mundo...
-¿Y Sharon Stone también es judía?
Me fui hacia la niebla. Tomé el autobús con una tarjeta caducada. ¡Todas las glorias rubias y judías de Hollywood!
-¡Le comería hasta el hueso! -profirió, ya en delirio, mi conocido, mi buenapersona-. Aunque ya es mayor... -añadió no sé si con pesadumbre.
Todas las glorias judías y rubias, toda la rubiez judía y de mediodía que nunca me acompañará mientras subo a la Colina en el autobús y en su poco pasaje se nos prenden los ojos, una americana del Sur, uno de donde no es nada.
Piscinas judías de Hollywood... A mí al principio no se me venía el nombre.
 Quería decir que sí, que soy judío, como cualquier persona normal, y también canario, vaya por dios, con esos canarios en el exterior que tenemos, vergüenza ninguna y mucha mafia de papel, y dije: "Sí, como aquella que cruzaba las piernas... Sí, como aquella que cruzaba las piernas, dios, cómo se llama..."
Y el de al lado, levantando los ojos de El Periódico de Catalunya, intervino con una sonrisa:
-Sharon Stone.
Al otro costado de este mundo, debe de haber otro con Stone cruzando sus judías piernas, unas piscinas, unos mediodías en los que jamás entrará la bruma, y sí toda la fragancia blanca y alimonada de las acacias, arriba de todo las golondrinas, las nubes de azul y blanco, la alegría de los altamares.
 
Jose Carlos Cataño

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