Un Blues

Un Blues
Del material conque están hechos los sueños

29 oct. 2011

Madrid me aterra

Un director de cine, un escritor de novela negra, un erudito del crimen, un ecologista... Diez personajes se adentran, lejos de los tópicos, en los sitios más terroríficos de la ciudad. La fecha obliga .
Pocas cosas hay tan subjetivas como el miedo (acaso el amor).
A Alex de la Iglesia le parecieron siniestras las Torres KIO cuando rodó en ellas el nacimiento de Satanás en El día de la Bestia. Después de 16 años, al escritor Lorenzo Silva, comisario de Getafe Negro, le dan mal rollo las Cuatro Torres de la Castellana.







1. Satanás con 'barbour'. "Tenían un grafismo claro, eran iconográficas y en aquel momento simbolizaban un gran escándalo financiero", dice Alex de la Iglesia sobre su elección de las Torres KIO, hoy Puerta de Europa, como portal de Belén satánico.
En El día de la Bestia, los malvados Reyes Magos eran pijos xenófobos, armados con barbours, bates y cultura del pelotazo.
"Hoy al Anticristo le quedarían pequeñas las torres", dice el director. Para su última película, Balada triste de trompeta, De la Iglesia rodó en el Valle de los Caídos. "Es un sitio siniestro y fascinante: representa el dolor, no es una cruz, sino un cuchillo que se clava en España.
 Me parece terrorífico, por un lado es la tumba faraónica de un dictador y por otra, la fosa de los 34.000 cadáveres que hay debajo".



Puerta de Europa. Plaza de Castilla.



2. Vampiros especuladores. "Las Cuatro Torres son nuestros vampiros".
Lorenzo Silva, escritor y comisario del festival Getafe Negro, tiene claro el paraje madrileño más siniestro: "Los rascacielos en los antiguos terrenos del Real Madrid son cuatro colmillos que se clavan en un espacio urbano que era de todos y cuya sangre se la han chupado los de siempre".
"Bajo las torres hay enterrados millones de euros", dice el escritor, que considera especialmente "estremecedor y aberrante" que "se vean desde cualquier punto de la ciudad, incluso desde la sierra: se han cargado el skyline". "Debajo no hay nada, es una zona fantasmagórica.
De noche produce escalofríos"
. Para Silva, que incluye el lugar en la última novela de su personaje Bevilacqua, las torres son "un símbolo de lo que de verdad asusta: la especulación, la corrupción, la codicia y esa megalomanía superflua y prescindible". "En el fondo todos los monstruos son metáforas", dice, y cuenta otra historia de miedo: "¿Dónde estábamos todos cuando los vampiros organizaban la crisis? ¿En qué estábamos pensando? ¿Por qué lo permitimos?...
 ¡Porque éramos zombis! Aturdidos y somnolientos, consumiendo sin pensar en nada más. Por eso triunfan las series de zombis, nos sentimos identificados".



Las Cuatro Torres de la Castellana



3. Un infierno delictivo. "La mayor incidencia de delitos se da en la zona de Azca y es así desde hace 20 años". El dato, que tanto la policía local como la nacional se niegan a dar ("para no estigmatizar"), lo ofrece Felipe Hernando, vicedecano de Geografía Humana de la Complutense, que lleva años cartografiando el crimen.
 "Azca es lo que los americanos llaman la ciudad de la muerte: un lugar con vida de día, medio vacío de noche, de concentración terciaria, céntrico, con locales de copas y una configuración física compleja llena de recovecos, desniveles y fondos de saco".
 "Hay carteristas y robos al descuido, robos con intimidación, peleas nocturnas y delitos de cuello blanco", dice el profesor, que considera Madrid "una ciudad muy segura".



Bajos de Azca. Nuevos Ministerios



4. Terror tras la normalidad.



"La mayoría de los crímenes son entendibles, aunque censurables, pero lo de esta señora no me entra en la cabeza". Marco Besas, coautor de De Madrid al infierno, recorre en su libro 10 crímenes terribles que marcaron la ciudad.
De los asesinatos de Jarabo al magnicidio de Canalejas. Pero el que más yuyu le da es el llamado misterio de la mano cortada.
En 1954, la señora Ruiz de Lihory mutiló el cadáver de su hija muerta. "Además de una mano, le cortó la lengua y le sacó los ojos; en un armario encontraron una olla llena de cabezas de perro... Todo espeluznante, muy mal rollo", dice Besas.
El suceso tuvo lugar en un piso de la calle de la Princesa (donde también vivió el barman Chicote). "Una casa de lo más normal, eso es lo más inquietante, que tras una fachada anodina, en lo que podría ser la casa de tu abuela, pasen esas cosas", opina Besas.
"No es un lugar siniestro, esa normalidad es lo que lo hace terrorífico".



Casa de la mano cortada. Princesa, 72



5. Veneno en el aire.



El punto con más contaminación de Madrid es un parque infantil: la plaza de Luca de Tena, en Delicias.
"Allí había una estación de medición de la contaminación que registraba, año tras año, los peores datos de la ciudad", explica Francisco Segura, de Ecologistas en Acción, "pero el Ayuntamiento decidió quitarla, alegando que las circulaciones pervertían su medición, que llegaba a quintuplicar los límites exigidos".
"Lo más espeluznante es que la estación estaba junto a un parque infantil", dice Segura. "Ya no está la estación, pero el parque y la contaminación siguen allí".



Plaza de Luca de Tena (Delicias)






6. La guerra, peor que el demonio. Lo más fácil, puestos a elegir una escultura siniestra en Madrid, sería optar por el demonio.
Pero para el historiador experto en escultura Luis Miguel Aparisi el ángel caído del Retiro es "un ejercicio académico". ¿Quizá alguna en un cementerio? "Son buenos lugares para ver escultura", concede.
El mejor: San Isidro, donde hay "ángeles lastimosos y figuras femeninas que son verdaderos fantasmas". También un "extrañísimo sarcófago suspendido por cadenas que sujetan unos ángeles cabeza abajo". Al final el experto se decide por una escultura que se sale del tópico tenebroso. Una obra de Aniceto Marinas en homenaje a los héroes del Dos de Mayo, escondida en un jardincillo cerca del Templo de Debod.
 Entre sus figuras -un cañón, un soldado, un cadáver- "hay un muchachito con una expresión de verdadero espanto porque sabe que le espera la muerte", dice Aparisi. "La guerra da mucho más miedo que el demonio".



Escultura en los jardines General Fanjul.



7. Un fantasma llamado paro.
Los números son implacables: en el barrio de San Cristóbal el paro llega al 24,6%, casi el doble de la media madrileña (12,92%). "Hay muchos factores que desequilibran un barrio", explica Víctor García, director general de Participación Ciudadana.
 "Causas históricas, ciclos que duran décadas, como la inmigración". En San Cristóbal los que llegan de fuera ahora son extranjeros, pero en los cincuenta llegaban, buscando alojamiento asequible, los emigrantes del campo.
Su falta de medios provocó una carencia de servicios, que llevó a un abaratamiento del barrio, que atrajo a más población desfavorecida...
 "Es una pescadilla que se muerde la cola", dice García. San Cristóbal, un barrio con personalidad y asociaciones vecinales peleonas, cuenta con un plan de barrio (186.000 euros al año de 2009 a 2012) que sufraga servicios sociales, educación, seguridad, formación, asesoramiento a parados de larga duración y tutorización en la búsqueda de empleo. "Pero para paliar un proceso histórico, no basta con un par de años", dice García.



Barrio de San Cristóbal



8. La muerte sin tabúes. "En el siglo XIX el sexo era tabú; en el XXI lo es la muerte", dice Asunción Cardona, directora del Museo del Romanticismo, donde se conservan muchos retratos luctuosos, comunes entre la burguesía decimonónica.
 Llama la atención la escultura de un bebé muerto, pero el que más impresiona a Cardona es un apunte de Bécquer en su lecho mortal. "Se nota la lividez del rostro y el rigor mortis, lo pintó su amigo Vicente Palmaroli". Retratar a un amigo recién fallecido puede parecernos terrible, "pero es en realidad un acto valiente y lleno de ternura. Palmaroli solo quiso captar, con rápidas pinceladas, el alma que se escapaba del poeta".
"Quizá lo más terrible es cómo hemos convertido algo natural en intocable", opina Cardona, "que nos resulte espeluznante lo que era, hace no tanto, una muestra de cariño".





Museo del Romanticismo. San Mateo, 13.






9. Tres patíbulos en la plaza. "En uno se degollaba, en otro se ahorcaba y en el tercero había un garrote". Concha de la Torre, guía turística del Ayuntamiento, arranca la visita guiada Crimen y Misterio en Madrid mostrando la cara más siniestra de la plaza Mayor donde "hubo tres patíbulos fijos y se realizaron autos de fe que la gente iba a ver como un espectáculo". La visita, que no recorre crímenes cualquiera sino los que tienen que ver con personajes históricos (mucho magnicidio), cuesta 3,90 euros pero el 1 de noviembre será gratis y, si se acude disfrazado, habrá premio.






Plaza Mayor.






10. Puertas abiertas en el cementerio. "Según los celtas, la fiesta del Samain, origen de Halloween, celebraba el final de la cosecha y el principio del tiempo oscuro, cuando los días eran más cortos", explica Miguel Blanco, director del esotérico



Espacio en blanco de RNE. "Era un momento en que la barrera que separa a los vivos de los muertos se diluía".
 Por ello el locutor recomienda un clásico: visitar el cementerio de la Almudena ahora que la puerta al otro lado está entornada.
 "Pero hacerlo de forma luminosa, no tétrica".

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