Un Blues

Un Blues
Del material conque están hechos los sueños

5 jul. 2011

Verité DAVID TRUEBA

Cacen en Canal + la tv movie de HBO titulada Cinema verité.
 Es un recordatorio de los tiempos paleolíticos de la televisión.
Trata de la primera familia que fue sometida a un marcaje televisivo, cuando la PBS, cadena pública norteamericana, decidió poner en marcha el primer programa de telerrealidad, siguiendo durante su jornada a una familia media.
American Family era precisamente el título del programa y para entonces el proceso consistía en la filmación impenitente en 16 mm. de la cotidianidad de una familia aparentemente perfecta. Hay que conocer la ciudad de Santa Bárbara para entender lo que se entiende por una familia feliz en los Estados Unidos.
Ciudad aseada, neutra, donde tostarse al sol y ver crecer a los cachorros era la tarea de un país envidiado en el mundo entero.





Corría 1973 y la familia elegida, los Loud, resultó ser una mina desconcertada y en descomposición, como en una pieza de Arthur Miller.
La película está dirigida por Robert Pulcini y Shari Springer Berman, que ya fueron capaces de trasladar en American Splendor el universo particular de Harvey Pekkar, ese guionista de cómics que revolucionó el género sin saber dibujar.
En esta ocasión centran su mirada ácida sobre otro esplendor norteamericano, la familia moderna, y el nacimiento de la telerrealidad.
El título de Cinema verité llama a engaño, porque se trata de un oxímoron que durante años fue apuesta de estilo, pero que desembocó en el reality, un género de ficción que transmite la verosimilitud del voyerismo.



La familia Loud se transformó ante las cámaras y tuvo que pelear, tras la escandalosa emisión del programa, con divorcio en directo de la pareja protagonista, por restablecer su dignidad.
En el papel de la madre de familia, moderna, ejemplar, víctima y manipulada por un visionario televisivo, Diane Lane vuelve a confirmar que no hay nada mejor que cumplir años para pasar de buena actriz a soberbia presencia.
 La cinta deja abiertos los interrogantes, quizá el tiempo los ha respondido mejor que nadie, pero disfrutarán de un paseo por las cuevas de Altamira de la televisión moderna y será inquietante y perturbador razonar sobre la deriva que las palabras verdad y retransmisión han tomado en nuestro tiempo.
Es hora de escarbar en la televisión dentro de la televisión.

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