Un Blues

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Del material conque están hechos los sueños

6 jul. 2011

Cuando Don Mario solo puede hablar de él

Una sala, pequeña y calurosa, abarrotada. Medio centenar de lectores, algunos sentados en el suelo. Una docena de especialistas en su obra.
Un puñado de medios atentos a sus palabras.
Muchos libros por firmar.
Y llega Mario Vargas Llosa (Arequipa, Perú, 1936) y cuenta tranquilo que estas charlas son para él un antídoto contra las ínfulas de grandeza: "Me vacuno contra la vanidad".!!!!JA!!!














El escritor, reciente Premio Nobel de Literatura, acudió ayer casi por sorpresa a San Lorenzo del Escorial (Madrid) para dar una pequeña charla en el curso sobre su obra Mario Vargas Llosa: literatura, realidad y disidencia.
 Su presencia no estaba anunciada en el programa de la Universidad Complutense para evitar una excesiva presencia mediática y permitir que el autor charlara con los lectores y admiradores que acuden a estas charlas, que acabarán el viernes.



"No me parece que hablen de mí, sino de otro. Es como si fuera otra persona", contaba a la salida de la charla el nobel. Relataba así Vargas Llosa el encuentro con colegas: "Es muy grato y un poco incómodo.
 "Me encuentro más seguro cuando opino sobre autores que he leído; de mi propia obra no estoy tan seguro, no tengo perspectiva", aseguraba el escritor mientras algunos lectores, ponentes yamigos seguían tras él para pedirle que le firmara alguna de sus obras. "Esta es para mi madre", le pedía una de sus admiradoras, "que ha cumplido 92 años y le sigue leyendo". Y él se lo firmó gustoso: "A Mercedes".



La ponencia distendida y breve de Vargas Llosa estaba enmarcada en una mesa redonda a las que estaban convocados el escritor Fernando Iwasaki, el crítico literario Gonzalo Santonja y la catedrática de Literatura Juana Martínez.
 Pero también estuvieron presentes ponentes de otras charlas del curso, como el crítico José Miguel Oviedo, el novelista Juan José Armas, la directora del curso, Fanny Rubio, o la escritora y periodista Rosa Pereda.



Todos relataron sus experiencias con los libros de don Mario: su importancia para ellos, para la cultura y la literatura; su papel en el periodismo... En definitiva, pequeños homenajes al autor de La ciudad y los perros o Conversación en La Catedral.



Mientras ellos alababan su obra, Mario, sereno y sonriente, agradecía los elogios acompañado por la mirada de su esposa, Patricia.
Ella, que se abanicaba sentada en un pequeño pupitre, le escuchaba hablar con entusiasmo de su reciente experiencia en China, donde conoció a uno de los traductores de El Quijote al mandarín.
Vargas Llosa explicaba la importancia de la identidad de grupo, de la comunidad, en la formación del autor y de su literatura.
 Pero, continuaba el escritor, un gran autor y sus obras superan lo local (La Mancha del Quijote, la Rusia de Dostoievski), para convertirse en una experiencia para todos, universal.
 Como ayer la literatura peruana llegó a la sierra madrileña.

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