Un Blues

Un Blues
Del material conque están hechos los sueños

22 may. 2011

Arnaldo y Dominicio . BORIS IZAGUIRRE

No deja de asombrarnos la sociedad del espectáculo con su despliegue de eventos, todos ellos de enorme interés. Pasan y pasan, asumiendo que cada semana serán sustituidos por otros.
Una alegría para un comentarista semanal, pero también una inquietud.
Si la semana pasada nos preocupábamos por el mundo sin Osama Bin Laden, ¿la que viene habremos encontrado presidente suplente en el FMI? ¿Los valientes jóvenes que acampan junto a sus familias en la Puerta del Sol, los héroes de la Spanish revolution, seguirán allí tras los resultados del lunes?





La fama y la riqueza generan en los hombres problemas de testosterona






Los jóvenes que acampan demuestran que el descontento no es superficial

Tras la castellanización de Kate Middleton en Catalina, esta semana tendríamos que inventar palabras para traducir Strauss-Khan y Schwarzenegger.
 Con respecto a Strauss-Kahn y la acusación por presuntos delitos sexuales contra una camarera en un hotel de Nueva York, Jorge Lanata comentó con brillantez que "habría tratado a la empleada con la misma actitud que el Fondo Monetario emplea con los países", es decir, abalanzándose, sometiéndolos a su imperiosidad y recetas económicas. En vez de dar sabor, coaccionan.
En los ochenta del siglo pasado, el fondo estranguló las economías latinoamericanas exigiéndoles brutalmente que pagaran su deuda, mientras que a los Estados Unidos les permitían acumular más. En los años noventa, el fondo no supo ver que el euro mordería al dólar y que más adelante la República Popular China se convertiría en el verdadero banco mundial. La misma miopía impidió al fondo avistar la crisis en la que estamos sumidos. No pudieron imaginar que Grecia y Portugal serían un drama para Europa, al mismo tiempo que ni se les ocurrió que Twitter iba a forzar revoluciones en el mundo árabe y en la Puerta del Sol. El FMI pasó de ser el ojo vigilante a una entidad distraída, ajena a una realidad que les despertaría con su director gerente entre rejas por delitos no fiscales sino de índole sexual. Lo único que va quedando claro en todo este embrollo es que los precios de las suites de lujo de los hoteles son más que flexibles. El primer precio que nos dieron de la suite 2.806 (por si alguien quiere jugarlo en la lotería), donde Strauss-Kahn presuntamente se abalanzó sobre su víctima, fue de 4.000 dólares (2.826 euros), bajó a 3.000 a 2.000 hasta alcanzar la barrera psicológica de los 800 billetes verdes, por noche. Tanto en los hoteles como en el FMI el dinero parece carecer de valor real. Su precio depende del cliente. Si la semana que viene Strauss-Khan es noticia pasada, podríamos desear para el FMI un nuevo futuro como agencia de viajes, negociando con pericia tarifas hoteleras.



Strauss- Kahn nació en Francia en 1949.
Arnold Schwarzenegger lo hizo en Austria dos años antes.
 El 2011 ha querido reunirlos esta semana y convertirlos en los europeos sexagenarios más celebres de Estados Unidos.
Incluso permitirnos observar que el bisturí va más a su aire en California que en Francia, que son economías de similar peso, como el propio Arnold y Dominique. Mientras uno era expuesto a la prensa mundial esposado y sin afeitar, el otro, estirado, maquillado y encorbatado confesaba a cámara la existencia de un hijo que calificó de secreto.
 Pronto sabríamos el nombre de la madre, Patty, que llevaba trabajando 20 años como asistente del actor y gobernanta de su casa incluso durante su etapa como gobernador de California.
Desde luego si Bellini volviera a vivir recompondría Norma, su ópera más famosa, en la cual una sacerdotisa de los druidas esconde dos hijos habidos con un gobernador romano.
 En la casa de Terminator, ¿cuántas Navidades, cuantos días de Acción de Gracias no habrán compartido los hijos del gobernador con el hijo de la gobernanta?
No ha sido hasta que los rasgos del niño hablaron más que las palabras que llegó el momento de reconocer que de aquellos polvos llegaron estos lodos.



Causa risa asociar la palabra secreto con el exgobernador, porque en sus películas siempre se ocultaba algo.
Terminator viene del futuro, exactamente del año 2029 (¡ojalá lleguemos!) con la misión de exterminar una mujer que engendrará al líder de la futura resistencia.
En Mentiras arriesgadas, Arnold y Jamie Lee Jones, su esposa en la ficción, ocultan que ambos son espías y mercenarios.
Nunca antes alcanzó tan de lleno a un hogar estadounidense la máxima de que la realidad supera a la ficción.



A primera instancia, queda patente que el poder, la fama y la riqueza generan en los hombres grandes problemas de testosterona y autocontrol.
 Mientras uno ve su carrera pasar ante las rejas de una celda, otro se enfrenta a un divorcio que puede dejarlo en la intemperie, cautivo de una taquilla siempre caprichosa.



Podría suceder que los hijos de ambos, pese al privilegio que les suponemos, se sumen al movimiento que esta semana ha transformado la campaña electoral.
Todos esos jóvenes y sus familias que acampan en lugares como la Puerta del Sol vienen a demostrarnos que no es superficial el descontento producto de economías infladas y egos disparados.
 Demandan una sola cosa: trabajo. Al ser jóvenes ofrecen esa energía que por un tiempo te hace invencible.
Esperamos que su presencia ayude a cambiar el panorama, pero sobre todo esperamos que al cumplir 60 años no sean ni como Arnold ni como Dominique.

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