Un Blues

Un Blues
Del material conque están hechos los sueños

10 jun 2020

Cantantes Muere el músico Pau Donés a los 53 años

El cantante, guitarrista y líder del grupo Jarabe de Palo era una de las voces más reconocibles del país.

 

Pau Donés, en Madrid en octubre de 2018. En vídeo, repaso a la trayectoria del músico y al impacto en su carrera de su enfermedad. SAMUEL SANCHEZ | VÍDEO: EPV
 
El músico Pau Donés, cantante, guitarrista y líder del grupo Jarabe de Palo, ha fallecido este martes a los 53 años en su casa en el Valle de Arán (Lleida).
 Con él desaparece una de las voces más reconocibles del país, así como con una forma de hacer canciones de una amable simplicidad, anclada en frases cortas con aires de eslogan que revelaron su experiencia en el mundo de la publicidad. 
Y siempre al servicio de una mirada sin recovecos ni segundas lecturas que tradicionalmente, y en especial desde que le fue diagnosticado un cáncer en 2015, celebran la alegría de vivir, la empatía y el agradecimiento.
Con Pau Donés también desaparece un modelo de artista no muy habitual, aquel que llega tarde al éxito, superada la primera juventud
. A Donés le fue esquiva la popularidad en sus primeros años, cuando la intentó alcanzar con proyectos como J & Co Band o Dentaduras Postizas.
 Mientras la música no pasaba de un pasatiempo, Donés trabajó en el mundo de la publicidad, que fue finalmente quien le puso en órbita cuando en una campaña de una marca de tabaco que quería resaltar los valores latinos se coló como tema central La flaca, una canción escrita a vuelapluma en un viaje a Cuba bajo el impacto de una belleza local. 
Esa canción era la que se escuchó en todos los chiringuitos de verano a partir del año 1997. 
Donés, nacido en Montanuy, Huesca, contaba con 31 años y Jarabe de Palo funcionaba desde 1995.
La canción se hizo celebérrima, y en algún sentido le acercó a la órbita sonora de Radio Futura, cuya elaborada latinidad era revisitada en clave más ingenua y despreocupada con este tema.
 De hecho, en algunos conciertos le pidieron a Santiago Auserón que la cantase, al serle atribuida por algún aficionado despistado. 
Y si tras un éxito tan fulgurante se podía pensar que la carrera de Donés ya solo podía ir hacia abajo, su tesón y el gancho de su forma de componer le mantuvieron en lo alto de los favores populares con discos como Depende (1998), De vuelta y vuelta (2001) o Bonito (2003), con otro estribillo genuinamente basado en la cantidad de cosas que en el mundo pueden ser bonitas.
 Esa mirada franca y optimista se acentuó aún más tras serle diagnosticada su enfermedad, momento en el que encontró aún más sentido a una de las frases que le repetía su madre y que solía recordar en sus conciertos “ella me decía que hay que vivir rabiosamente, en presente, que la muerte ya vendrá”.
 Esa sensación de vivir con pasión lo que de vida le restase impregnó sus últimos trabajos, iniciados con el disco y la gira de 50 palos en 2017. 
Es también el caso de su más reciente álbum, Traga o escupe, editado a finales de mayo después de ser compuesto en Estados Unidos.
 Según personas cercanas a su equipo, Donés, que funcionaba por impulsos e intuiciones, decidió publicarlo antes de lo previsto, el mes de septiembre, e ilustrar su primer sencillo, Eso que tú me das, con un emotivo videoclip de aire festivo grabado en la terraza de una vivienda y con la aparición de su hija Sara, con la que Donés no pudo bailar por falta de fuerzas. 
Antes, durante el confinamiento, había grabado en el balcón de su casa una toma a guitarra de Vuelvo, un tema en el que cantaba “vuelvo a hacer lo que siempre he querido hacer”, no otra cosa que componer canciones y cantarlas.

Tras la edición del disco, que coincidió con un empeoramiento de su estado, no estaba prevista la gira que había anunciado con antelación en las redes sociales, de cuya celebración solo dependía entonces la superación de la pandemia.
 A todo esto, su vinculación con los sanitarios se reforzó durante su largo tratamiento, de suerte que en Traga o escupe les rinde homenaje en Los ángeles visten de blanco, cuya letra recitó en primicia en una de sus últimas apariciones en directo, a finales de 2019 en la sala Luz de Gas de Barcelona en un concierto para recoger fondos para el Instituto de Oncología del Vall d’Hebrón. 
De igual manera, durante la pandemia regaló 2.500 mascarillas a otro hospital público, el Moises Broggi.
 Pau ya no es un paciente, pero sus canciones seguirán siendo lenitivas.
 
 

Iglesias y Ayuso elevan el tono en sus ataques por la gestión de las residencias

El vicepresidente advierte a la presidenta madrileña de consecuencias legales por el protocolo sobre los centros de mayores.

El vicepresidente de Derechos Sociales, Pablo Iglesias, el martes tras el Consejo de Ministros. 
En vídeo, declaraciones de Iglesias sobre la situación de las residencias en la Comunidad de Madrid. Europa Press
Las residencias de personas mayores, especialmente azotadas por la pandemia, se han convertido en un arma arrojadiza entre el Gobierno central y el de la Comunidad de Madrid. El vicepresidente Pablo Iglesias, al que desde el PP y Vox señalan como responsable de la gestión de estos centros durante el estado de alarma —aunque una orden ministerial mantuvo las competencias en las comunidades— advirtió este martes de posibles “consecuencias legales” por el protocolo de Madrid que limitó el traslado de ancianos a los hospitales durante la crisis sanitaria.
La amenaza de llevar ante la justicia la gestión de las residencias de mayores durante la pandemia fue el estallido de una crisis que se venía gestando desde hace tiempo. El vicepresidente Pablo Iglesias, que apela a la orden ministerial que mantiene las competencias en las comunidades, fue el martes un paso más lejos al calificar la gestión de las residencias en Madrid de “un escándalo evidente que puede tener consecuencias legales”. 
Iglesias se hizo eco de las palabras del consejero de Políticas Sociales de la Comunidad de Madrid, Alberto Reyero (Ciudadanos), que en varios correos electrónicos internos revelados por EL PAÍS había alertado de que el protocolo sobre la derivación de los enfermos de estos centros a los hospitales era “inmoral” y “eventualmente ilegal”.
La respuesta, en un tono parecido, no tardó en llegar.
 El vicepresidente del Gobierno madrileño, Ignacio Aguado (Ciudadanos), calificó de “inadmisible” que un vicepresidente del Gobierno “hable en esos términos”. 
Y anunció, como ya había hecho la presidenta regional, que están estudiando la opción de emprender acciones legales. “Son declaraciones inaceptables.
 Yo nunca le echaré la culpa a Pedro Sánchez de las muertes en el país, tampoco a Iglesias”, añadió.

Aún no hay cifras oficiales sobre el número de muertos en estos centros en toda España, pero una estimación de EL PAÍS calcula que más de 19.000 personas perdieron la vida en centros de asistencia social. 
En los 710 que acogen en la Comunidad de Madrid a personas mayores con discapacidad o con enfermedad mental han fallecido al menos 5.986 personas por causas vinculadas al coronavirus.
 La tragedia aún se conjuga en presente: 14 residencias siguen intervenidas por su alto número de muertos durante la crisis.
La caída en la velocidad de la expansión del virus, sin embargo, ha abierto el tiempo del reparto de las responsabilidades políticas entre el Gobierno central y el autonómico.
 Y el conflicto lo están protagonizando Iglesias y la presidenta regional, Isabel Díaz Ayuso. 
“La gente no va a perdonar lo que ha hecho la señora Ayuso en la Comunidad de Madrid y lo que se ha hecho en otras comunidades”, dijo Iglesias en TVE el lunes.
 “Es un auténtico escándalo, si no es un crimen”, añadió, en referencia a los protocolos que impidieron el traslado a hospitales de residentes en función de sus niveles de dependencia o discapacidad.
“La gestión de Iglesias al frente del mando único ha sido absolutamente negligente”, espetó el lunes Ana Camins, secretaria general del PP de Madrid, diputada regional, senadora, y persona de la máxima confianza de Pablo Casado, que calificó de “repulsivo” el comportamiento del vicepresidente.
 “¿Dónde están los 300 millones que prometió Iglesias para hacer frente al coronavirus en las residencias de mayores?”, se preguntó, empleando argumentos parecidos a los enunciados por miembros del PP nacional.
Iglesias, después de semanas de no elevar el tono al ser interpelado por el PP o Vox por la gestión de las residencias, dijo basta hace una semana en la Comisión de Derechos Sociales del Congreso: “Lo que hizo este Gobierno fue aumentar las competencias de los Gobiernos autonómicos.  
Y lo que hizo el Gobierno de la Comunidad de Madrid, pudiendo intervenir residencias privadas, fue prohibir el traslado de ancianos [a los hospitales]”.
El choque entre ambos Gobierno no es nuevo.
 No obstante, en público, solía ser unidireccional: de Díaz Ayuso al presidente Pedro Sánchez. Ahora la presidenta de Madrid ha encontrado en el vicepresidente quien le conteste desde el Ejecutivo.
 Mientras el Congreso trata de sacar adelante una comisión entre todos los grupos parlamentarios para la reconstrucción social y económica del país tras la crisis sanitaria, el rifirrafe Iglesias-Ayuso suma cada día frases más gruesas y acusaciones más directas a cuenta de los miles de ancianos muertos.

“Si hay algo que parece criminal son esas declaraciones”, replicó Díaz Ayuso a Iglesias. 
“Es absolutamente insensato e impresentable que el vicepresidente del Gobierno siempre esté echando gasolina y azuzando en todas las discusiones y que no le importe politizar el dolor hasta ese punto tan ofensivo y aberrante”, añadió la presidenta regional.
Con los partidos que forman el Gobierno central (PSOE y Unidas Podemos) y el autonómico (PP y Cs) enfrentados desde hace semanas en un cruce de reproches públicos sobre quién tenía las competencias en la gestión de las residencias durante el pico de la pandemia, el enfrentamiento va a más cada día.
 
 

 

El misterio del asesinato de Olof Palme se acerca a su resolución

La fiscalía sueca anuncia este miércoles los últimos avances en la investigación de un magnicidio que sacudió Europa hace 34 años.

Rosas en la placa del lugar donde fue asesinado Olof Palme, en 2011. En vídeo, Suecia espera aclarar el asesinato del primer ministro en 1986. BOB STRONG / REUTERS
Suecia está a punto de resolver un magnicidio que conmovió a Europa hace tres décadas y de cuya onda expansiva nunca se ha recuperado totalmente el país nórdico: el asesinato del primer ministro Olof Palme.
 Después de 34 años de investigaciones fallidas, cientos de miles de folios de sumario, decenas de sospechosos, un arma homicida desaparecida y ningún encarcelado, el fiscal Krister Petersson ha anunciado que este miércoles a las 9.30 de la mañana ofrecerá públicamente ―a través de una rueda de prensa virtual debido a la prohibición de aglomeraciones de más de 50 personas a causa del coronavirus― nuevos datos que arrojan luz sobre el asesinato del líder socialdemócrata, que aún representa uno de los mayores misterios de la historia reciente del Viejo Continente y que sacudió a la socialdemocracia europea.
El enigma alrededor de la muerte de Palme, considerado un símbolo del estado de bienestar, aquella fría noche del 28 de febrero de 1986 ―murió de hecho durante la madrugada del 1 de marzo― a la salida del cine en el centro de Estocolmo, la capital del país, nunca se ha despejado. 
Y ahora, a pocas horas de que se hagan públicos importantes detalles de la investigación, archivada primero y reabierta en 2016, el ruido es cada vez mayor.
 “Durante 34 años la pregunta ‘¿Quién mató a Olof Palme?' y '¿Por qué?’ ha invadido a la gente en Suecia. 
Sea cual sea la respuesta mañana veremos cómo muchos suecos sienten un gran alivio”, señala por correo electrónico Ulf Bjereld, reputado politólogo en la Universidad de Gotemburgo y simpatizante del partido Socialdemócrata, la formación de Olof Palme.
Algunos medios locales como el diario Aftonbladet han llegado a asegurar que el Gobierno del también socialdemócrata Stefan Löfven ha sido ya informado de que lo que mañana miércoles va a mostrar al mundo entero el fiscal Petersson es el arma con el que Palme fue doblemente tiroteado, a quemarropa, por la espalda: un revólver Magnum .357 Smith&Wesson que nunca fue encontrado. Cuando el fiscal anunció en febrero que había obtenido nuevas pistas que le iban a permitir resolver el caso Palme, muchos expertos pensaron entonces que solo el hallazgo de una nueva prueba, que hasta ahora había escapado a los investigadores, le permitiría realizar una afirmación tan contundente. 
Varios medios apuntaron entonces a que se trataba del arma del crimen, pero hasta el momento no se ha filtrado ningún detalle de la investigación.
El Aftonbladet cita un tuit de Daniel Suhohen, tertuliano político cercano a los socialdemócratas, en el que sostiene que una fuente anónima le asegura que el Palme Group (el grupo policial designado tras el suceso para resolver el caso) ha encontrado el revolver. 
Ningún otro medio local se ha hecho eco del supuesto hallazgo. Suhohen añade, además, que otra fuente ―también anónima― le ha asegurado que las autoridades van a revelar el nombre del asesino y apunta al servicio secreto sudafricano. 
“Tengo una fuente de que el Palme Group tiene el arma. Otra fuente dice que es Sudáfrica. Confío en estas dos personas. Será emocionante ver el miércoles lo que Krister Petersson va presentar”, ha dicho en su cuenta de Twitter.
Imagen del Grand Cinema, ante el que fue asesinado Olof Palme, en Estocolmo.
Imagen del Grand Cinema, ante el que fue asesinado Olof Palme, en Estocolmo.Fredrik Sandberg / EFE
La teoría sudafricana ha sido siempre una vía abierta en la investigación del asesinato de Palme cuando salía del Grand Cinema y volvía caminando a casa ―y sin guardaespaldas― con su esposa Lisbet. 
El que fuera primer ministro de Suecia entre 1969 y 1976 primero, y 1982 y 1986 después, era un grandísimo defensor de los derechos humanos y se había opuesto fervientemente al régimen del apartheid sufrido por la mayoría negra en Sudáfrica.
 Una semana antes de su muerte, pidió públicamente la abolición del sistema de apartheid y mostró su apoyo al Congreso Nacional Africano. 
“Apoyaba a los países del tercer mundo y su derecho a la independencia”, recuerda Bjereld.
El diario británico The Guardian publicaba este lunes una investigación en la que aseguraba, citando fuentes anónimas, que los servicios secretos suecos se habían reunido con sus homólogos sudafricanos el pasado 18 de marzo en Pretoria; y que estos le entregaron un dosier a los escandinavos.
 Se desconoce su contenido, pero podría tratarse de nuevas evidencias que inculpan de la muerte de Palme a los espías sudafricanos de aquella época, o simplemente podría ser más información de lo ya recabado durante más de 30 años.
Pero también hay quién dice que las autoridades podrían mañana dar carpetazo al caso responsabilizando de la muerte de una vez por todas a Stig Engström, conocido como el hombre de Skandia (nombre de la empresa en la que trabajaba).
 Engström había mostrado su rechazo el discurso político de Palme días antes de su asesinato y la investigación sostiene que tuvo acceso a un revólver del mismo tipo y modelo con el que Palme fue tiroteado. 
Murió, sin embargo, hace 20 años. Engström ya fue señalado en el pasado como sospechoso, aunque nunca llegó a ser procesado.
Suhohen y algunos medios suecos han avivado estos días el debate previo a una comparecencia oficial que podría poner fin a 34 años de una investigación llena de descuidos y torpezas.
 Por ejemplo, no se acordonó con suficiente rapidez la escena del crimen; una de las dos balas fue hallada por una persona ajena a la investigación. 
 Pero la realidad es que impera la incertidumbre.


Muchos analistas, como el columnista del Aftonbladet Oisin Cantwell, sostienen que lo más lógico es que el anuncio tenga algo de sustancia. 
Apunta, en este sentido, a que las autoridades podrían mostrar el arma del delito y descarta, por otro lado, nuevas inculpaciones pues Cantwell sostiene que en ese caso ya habría habido detenciones, algo de lo que no tiene constancia. 
Hasta ahora, y pese a las innumerables pistas y 130 inculpados, solo una persona, un vagabundo sin mucho que perder, ha pasado brevemente por prisión.
 Fue reconocido por la esposa de Palme, pero poco después de su entrada en la cárcel, fue liberado por falta de pruebas.
Lo que está claro es que el magnicidio de Palme, un hombre incómodo para muchos ―también fue crítico con la intervención estadounidense en la guerra de Vietnam y con la dictadura franquista―, puede cerrar una herida que ha envenenado la sociedad sueca durante más de 30 años. 
El magnicidio de un político carismático, tan popular como controvertido, tan respetado como detestado, supuso un trauma colectivo en Suecia porque la violencia política parecía algo totalmente ajeno a este país, cuna del estado de bienestar, donde un primer ministro podía ir en metro al cine un viernes por la noche sin escolta.
 La incapacidad de la policía sueca para resolverlo, la multiplicación de las hipótesis y de las teorías de la conspiración, han mantenido abierto un caso, que incluso llegó a investigar a fondo antes de su muerte el célebre novelista y periodista Stieg Larsson
Quedan horas para que el fiscal aclare quién cometió el asesinato, añada una vía más a la investigación, o cierre el caso sin más.

 

‘El año del Mono’, adelanto del nuevo libro de memorias de Patti Smith

'Babelia' adelanta un fragmento del texto, que llega este jueves a las librerías españolas.

 
Patti Smith.
Patti Smith.

Epílogo de un epílogo

Se lo suplico a todos. Templen el miedo con la razón, el pánico con la paciencia y la incertidumbre con la educación. (Abdu Sharkawy)
Hace ya tiempo que terminó el año del Mono, y hemos entrado en una nueva década, que de momento se ha desarrollado con retos crecientes y una náusea sistémica, aunque no necesariamente inducida por la enfermedad o el movimiento. Se trata más bien de una náusea psíquica, que nos vemos obligados a paliar por cualquier medio que tengamos a nuestro alcance. Aunque el nuevo año albergaba mensajes de esperanza, su progresión ha hecho que nuestras preocupaciones personales y globales queden eclipsadas por una profunda falta de juicio.
Recibimos 2020 mientras nuestro centro moral constitucional es rediseñado de una forma cada vez más inmoral, gobernado por quienes afirman que se amparan en los valores cristianos pero dejan de lado la esencia del cristianismo: amarse los unos a los otros. Vuelven la cabeza ante el sufrimiento mientras siguen por propia voluntad a alguien que carece de una respuesta auténtica ante la menguante condición humana. 
Confiaba en que nuestra nueva década nos proporcionara un escenario más tolerante, imaginaba la apertura de unos paneles ceremoniales, como los laterales de los grandes trípticos de los altares abiertos en las fiestas de guardar, que revelarían 2020 como el año de la visión perfecta. 
Tal vez esas expectativas fuesen ingenuas, pero aseguro que las sentía de todo corazón, igual que siento la angustia de la injusticia, un borrón oscuro que no se irá jamás.
¿Dónde está la luminosidad? ¿Dónde está la justicia prudente?, nos preguntamos, labrando nuestra tierra con un arado mental, sobrecargados con la tarea de mantenernos en equilibrio en estos tiempos tan desequilibrados.

Un panel para el año de la Rata

Hay un dicho en los cánones de la astrología lunar según el cual el Mono necesita de la Rata. 
No estoy segura de en qué medida, aunque hay quien dice que las ratas son capaces de alegrar a los monos cuando se sienten deprimidos, porque cuando están juntos, el ambiente se llena de risas. 
Por supuesto, no solo nos referimos a las especies animales en sí, sino a ciertas cualidades inherentes de las personas nacidas en el año de su augurio. 
En cualquier caso, en este preciso momento estamos entrando en el año lunar de la Rata de Metal, que se celebrará por todo lo alto en nuestras grandes ciudades, sobre todo en las que cuentan con magníficos chinatowns, con impresionantes despliegues de fuegos artificiales, bailes de leones sagrados, confeti y serpentinas multicolores cayendo del cielo.
 Festejos que culminarán con un desfile el 10 de febrero, coincidiendo con la luna llena, con carrozas y dragones y símbolos del nombre del año que empieza.
 En un abstracto gesto de generosidad, me zambullo en una caja de discos viejos y desentierro Hot Rats, de Frank Zappa.
 La chica de la portada, que asoma de una piscina vacía, es miss Christine, una frágil belleza victoriana del grupo Girls Together Outrageously, también conocido como The GTO’s.

Hot Rats salió a finales de 1969. En aquella época yo vivía con Robert Mapplethorpe en el Chelsea Hotel y solíamos hablar con ella en el vestíbulo. Era un ser etéreo, con una melena incluso más indomable que la mía y la piel como el melocotón.
 En algún momento a principios de 1970, miss Christine me pidió que me uniera a su revolucionaria banda de rock, y aunque aquella no era mi verdadera vocación, me sentí halagada. 
Cuando le di la mano para sellar el trato, tuve la impresión de que estaba ante una delicada ave de presa.
 De eso hace más de medio siglo, algo de lo que cuesta hacerse a la idea, porque todavía puedo visualizarla con sus grandes ojos y la voz suave, con la cabeza ladeada, la hija guapa de un pirata que no llegó a cumplir los veintitrés.
 Saludo con la cabeza a la joven protegida de Zappa, saco el vinilo de la funda de plástico y lo examino con sumo cuidado, para descubrir que está cubierto de diminutas rayadas, como huellas de patas de una colonia de ratas dando vueltas
‘El año del Mono’, adelanto del nuevo libro de memorias de Patti Smith
Un tocadiscos gira de forma natural a través del tiempo. Dejo la carátula del disco encima del escritorio, ocultando momentáneamente una lámina pequeña de una ilustración de Tenniel en la que aparece Alicia conversando con el Dodo. Apoyado junto a la lámina hay un regalo de cumpleaños de un amigo muy querido, una rata de cristal erguida bañada en oro a la que he llamado Ratty. Presidirá mi habitación como un talismán lunar.
 Así es como funciona; nos dirigimos a la Rata de Metal que se yergue con un optimismo sin límites, pues cada año nuevo comienza con su criatura lunar asignada, con su particular armadura y su personalidad característica, así como con la creencia integral de que las cosas no tardarán en mejorar.

Panel de la festividad

“Las cosas no tardarán en mejorar”. Eso fue lo que escribí hace unos días en previsión de las celebraciones que iban a tener lugar en todo el mundo; el ambiente ya estaba cargado con la expectación de lo nuevo.
 La Rata de Metal es el primer signo del ciclo de doce animales en la astrología china, sin duda alguna un momento para la renovación y el optimismo. Pero, por desgracia, un giro inesperado, la amenaza repentina de una pandemia global ha enmarcado la entrada de la Rata de Metal, y ha minado los ánimos, hasta el punto de aguarle la fiesta al desfile. 
 Con China a punto de confinarse por completo, me pregunté cómo se celebraría el Año Nuevo chino en nuestras propias calles y fui con Lenny Kaye a Chinatown, con la esperanza de atisbar los restos de la celebración de bienvenida al año, con su tradicional cúmulo de basura resplandeciente y tal vez unas cuantas ratas coloridas en palos engalanados con serpentinas rojas y doradas, por no hablar de la sensación general de júbilo. 
Esas eran nuestras infantiles expectativas, esperábamos ver calles abarrotadas, dudábamos de si encontraríamos aparcamiento, pero, por sorprendente que parezca, abundaban las plazas libres  
Nos sentamos en el Silk Route Café y compartimos una tetera de té de arroz integral, antes de dar un paseo en busca de indicios de la acción. Aunque aún era media tarde, las calles estaban tan desiertas que resultaban fantasmales, apenas se veían algunos peatones. Los restaurantes, salvo por nuestro querido Wo Hop, estaban vacíos, y cada vez sentíamos más urgencia por hallar algún atisbo de la primera ronda de festejos. Supongo que habíamos llegado demasiado tarde para una fiesta y demasiado pronto para otra.
Al final de Mott Street hay unos desgreñados restos de espumillón multicolor y pequeños montículos de confeti.
 ¿Dónde están las vaporosas estelas de los dragones dorados que ondean entre deseos que, cuando la luz capta en un ángulo concreto, sin duda se cumplen? 
En China, las cosas se han torcido para los juerguistas que se habían preparado para la mayor fiesta del año. En una rápida operación, Pekín ha cancelado las celebraciones a gran escala, incluso los templos se vacían conforme el letal coronavirus se extiende con insidia. 
Así ha quedado el heraldo de la pobre Rata de Metal, atrapada en la cuarentena junto con varios millones de personas más.
 Un virus que amplía la histeria mientras la enfermedad se embarca desde Wuhan hasta los puertos vecinos y provoca prohibiciones de desplazamiento y el cierre de fronteras.
 Justo donde habíamos aparcado vi una mascarilla protectora arrugada. En un esfuerzo por evitar el contagio, muchos se ponen esas mascarillas desechables. 
 Algunos se ponen una encima de otra. “He dibujado una rata en la mía —dice un ciudadano desafiante—. Y aunque nos veamos privados de nuestra unión lunar, lo celebraré por mi cuenta con bengalas por la noche”.
Pues a pesar de los decretos que prohíben las festividades, la gente encuentra maneras de exteriorizar sus jubilosas tradiciones. Patalean con un fervor propio de Brueghel y se aferran a la certeza de que el mundo no dejará de girar, y de que el año nuevo lunar siempre estará ahí mientras exista la luna; reinará, se esfumará, regresará.
El año del Mono. Patti Smith. Traducción de Ana Mata Buil. Lumen, 2020. 224 páginas. 18,90 euros.