Un Blues

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Del material conque están hechos los sueños

1 mar 2017

El obispo de Canarias dice que la gala drag de Las Palmas le apena más que el accidente de Spanair

Las víctimas del siniestro recuerdan al religioso que en el siniestro murieron 154 inocentes.

Drag Sethlas, durante el concursoDrag del Carnaval de Las Palmas de Gran Canaria. FOTO: Foto: EFE (Elvira Urquijo). VÍDEO: ATLAS

El obispo de Canarias, Francisco Cases, ha enfurecido a las víctimas del accidente de Spanair, en el que murieron 154 personas, al decir en un comunicado que el día más triste de su etapa en Canarias ha dejado de ser el día del accidente en Barajas del avión que partía hacia Canarias, para ocupar ese puesto el triunfo de la "frivolidad blasfema" en la Gala Drag Queen del Carnaval de Las Palmas de Gran Canaria en la que el ganador actuó travestido como una Virgen María y también como un Cristo crucificado.
 El Obispo debe callarse y no decir agravios comparativos, no se confunda, una cosa es el Carnaval y un Jurado puso como reinona a un Drag, ese Jurado si hubiera visto todo lo que la Iglesia se escandiliza podría no dejarlo competir y menos darle el Título de Drag del Carnaval de 2017.
No se escandalicen los que no lo hacen con familias que se quedan si casa, sin empleo y sin comer o ¿El Obispo ha dicho algo y no me he enterado? 
Habrá quien le guste o no esa Gala pero estaba aborratada de Gente, un carnaval es eso un festejo una fiesta, una desgracia son los que se mueren de hambre o en trágicos accidentes.
Vaya que ni quitar esa Drag elegida repito....elegida por un Jurado. podían haberla quitado pero tampoco hacía falta y si la coronaron es porque tendrían sus razones. No salió sola, salió, repito porque la eligieron, así que la Iglesia insensible a casos más complicados, pederastas, por ejemplo.....no tiene que decir nada de un Carnaval, no volvamos a tiempos franquistas que se prohibia todo, dejen a la imaginación en paz y no nos distraigan de casos de otra índole, guerras, hambres etc....


Drag Sethlas,en otro momento de su actuación. EFE
La presidenta de la Asociación de Víctimas de Spanair AVJK5022, Pilar Vera, le ha recordado que en aquel siniestro de aviación murieron y se destruyeron "no solo 154 personas", sino también sus familias.
 "Nosotros también estamos muertos en vida, condenados a luchar contra un sistema que nos ha victimizado todavía más al negarnos verdad y justicia, además de herirnos con palabras como las suyas", le ha contestado Vera a través de un comunicado en que también ha pedido al obispo que, "si ha olvidado a las víctimas, lo haga del todo" y deje de citarles.
El espectáculo ganador, del drag Sethlas ha generado una gran polémica y reacciones tanto en las redes sociales como por parte de algunas instituciones
. En su comunicado, el Obispo de Canarias se pregunta "si no hay límites a la libertad de expresión" o "si no hay recursos para cortar la frivolidad blasfema que ofende a muchos ciudadanos". 
El presidente de la Conferencia Episcopal Española, el arzobispo Ricardo Blázquez, también ha pedido respeto a las creencias católicas y ha indicado que no le parecen "adecuadas" esas referencias religiosas en los carnavales.
 
Drag Sethlas defendió este martes que no pretendía "herir a nadie", sino que solo "buscaba polémica". 
"Y lo he conseguido", aseguró.
 Los representantes políticos también se cruzaron mensajes sobre los límites del espectáculo.
El presidente del Cabildo de Tenerife, Carlos Alonso, de CC, publicó desde su cuenta personal un mensaje en Twitter en el que aseguraba que "el Carnaval es transgresión (...) Pero nunca debe utilizarse para ofender tanto los valores de tanta gente".
 Horas después, el alcalde de Las Palmas de Gran Canaria, Augusto Hidalgo (del PSOE), le salió al paso, también desde su cuenta personal, subrayando que, además de "transgresión" y "libertad", el carnaval también representa "la tolerancia".

 

Los Oscar: acertó Trump, menos en una cosa............. Juan Cruz..

Dos hemisferios, uno insomne, pendientes de la gala de los premios más populares.

Brian Cullinan, a la izquierda y con cara seria, de PwC, habla con Warren Beatty en el escenario. De espaldas, con vestido rojo, la otra auditora de PWC, Martha Ruiz. LUCY NICHOLSON (REUTERS) | EPV
Acertó Trump, perdonen que les diga.
 Menos en una cosa. Déjenme que les cuente.
Este es un mundo de insomnes que mira cualquier cosa. 
Quedarse de noche, en este hemisferio, viendo a los futbolistas norteamericanos disputándose ligas que no seguimos, o asistir embobados, hasta que la madrugada se hace sol, a los premios más famosos del mundo, es un deporte que arruina la cadencia de los días… en este hemisferio.
No es una bobada, para nada; todo el mundo está fascinado por el cine desde que se inventó el cine. 
Desde que existe la radio estamos fascinados con la radio, nos fascinan los periódicos (todavía), y nos fascina la televisión.
 Nos tendrían que fascinar (también) los libros, los museos, la conversación también es fascinante.
 Pero todo eso que es fascinante no hace caja ni convoca pinchazos. Así está la cosa en los dos hemisferios.
Es difícil calcularlo, pero mientras uno ve la televisión ocurren muchas otras cosas que no se mueven pero que siempre movieron el mundo: por ejemplo, los libros.
 Los libros movieron el mundo hasta el punto que quienes querían que el mundo fuera inmóvil quemaban libros y quemaban a sus autores. 
Aun hoy es así: ahora no los queman, pero les dicen que van a quemarlos.
Todo lo que ocurre quieto tiene poco prestigio; pero lo que se mueve, desde la imagen del futbolista detrás del balón, al ejercicio muscular, y facial, de Gary Cooper solo ante el peligro, el gesto de Frank Underwood mandando matar a los infieles, al gesto de Clint Eastwood disparando y mascando tabaco, resulta imbatible para la audiencia.
 Eso le ha ganado la partida al silencio, a la música y al libro, qué quieren que les diga.

No se han hecho estadísticas, y acaso conviene que no se hagan, sobre lo que se puede hacer, por ejemplo, mientras retransmiten los Oscar, o cualquier otro de los eventos que nos tienen despiertos porque son de visión inexcusable e incluso obligatoria en este universo en el que todo lo prescindible resulta perentorio. 
Pero serían muchos libros, de poesía, de narrativa, de ensayo; habría muchas conversaciones pendientes que se podrían dilucidar en ese tiempo, muchos gestos de amor, incluso muchos odios reprimidos se podrían satisfacer en ese rato largo, y nocturno, que le regalamos a la televisión sobre un acontecimiento que se desarrolla a la primera luz de la noche en su sitio y que nosotros nos disponemos a ver en nuestra propia madrugada.
Pero preferimos los Oscar y así estamos, año tras año, desde Ingrid Bergman y Faye Dunaway a los chicos de La La Land, pendientes de los subtítulos de los discursos.
 Luego nos vamos a la cama habiendo siendo protagonistas sentados de todo lo que se mueve y suscita pasión porque depende de votaciones o marcadores inciertos.
Este año ha habido dos espectáculos paralelos a la gala de los Oscar, uno en la propia sala de Hollywood, donde el desacierto de la burocracia ha puesto de moda otra vez los rostros de Faye Dunaway y de Warren Beatty
 Gran escándalo mundial de los insomnios.
 Valió la pena quedarse, ¿eh? No es lo mismo verlo en directo que ver las imágenes luego en los propios televisores, en las webs de los periódicos, etcétera.
 No es lo mismo, no es lo mismo.
Y luego vamos al trabajo con estas ojeras.
El otro espectáculo paralelo se lo dio a sí mismo Donald Trump, este “hombre del norte, norteamericano”, que diría Pablo Neruda. Como contraprogamar es su poder, reunió en su casa, la Casa Blanca, a un nutrido grupo de congéneres que tampoco podían ver (quizá sí, lo dejaron grabando) el espectáculo de esa gala.
 Luego él se encargó de comentar lo deslucido que había sido todo, triste que eso pase en su país.., esas cosas que dice para ponerse él en el pedestal.
Una teoría se le podía regalar a este hombre tan pragmático y dicharachero: si en lugar de hacer una fiesta para no ver los Oscar se hubiera puesto a leer un libro a lo mejor al día siguiente habría sabido más de la naturaleza humana. 
Todo está en los libros, habría que decirle.
 Pero es imposible, él volverá a ver la televisión, es tan ligero que te lleva a la cama con imágenes que ya te sabes.
 El libro es una lata, siempre te pone a pensar.
En eso no acertó Trump, pero es que él no está aquí para celebrar a otros sino para celebrarse a sí mismo.
 Él es Oscar Trump, que no se olviden.

 

 

El suicidio asistido de Dj Fabo reabre el debate sobre la eutanasia en Italia


Un italiano de 40 años murió ayer en una clínica de Suiza y denunció en sus últimas palabras el exilio al que tuvo que someterse para terminar con su calvario.

Fabiano Antoniani, conocido como Dj Fabo. ASSOCIAZIONE LUCA COSCIONI / EPV
Fabiano Antoniani, conocido como Dj Fabo, perdió el control de su vehículo la madrugada del 13 de junio cuando volvía de una sesión en un club milanés.
 El impacto le dejó tetrapléjico y ciego. 
Pero pocos días después, comenzó una lucha política y mediática para poder morir dignamente en Italia
. Intentó de todo y convirtió su batalla en una cuestión nacional. Pero agotadas las posibilidades, cruzó los Alpes el domingo con su pareja, su madre y un tercer acompañante hasta llegar a Zúrich, donde ingresó en la clínica que le ayudó a morir ayer a las 11.40.
 En sus últimas palabras criticó duramente el exilio al que le había obligado la legislación italiana para termianr con su sufrimiento.
 Su caso se ha convertido ahora en un asunto de estado que reabre el debate sobre el suicido asistido y la eutanasia en Italia, intermitentemente agitado en un país profundamente influenciado por los valores católicos y que nunca ha encontrado una respuesta clara a las demandas de los italianos, que en esto también se encuentran profundamente divididos. 
Italia ya tuvo que afrontar la cuestión en 2009 con el caso de Eluana Englaro, una mujer que llevaba 17 años en coma hasta que su familia logró que la justicia interrumpiese su alimentación artificial. 
Todo ello a pesar de una intensa campaña del Vaticano y de Gobierno de Silvio Berlusconi en sentido opuesto.
 Pese a todo, como se ha encargado de recordar hoy su padre, aquel caso era algo distinto.
Fabiano Antoniani necesitaba un suicidio asistido, porque no podía moverse.
 Meses después de su accidente contactó con el Partido Radical para empezar su campaña y poder así liberarse de los dolores y de la "larga noche" en la que vivía. 
En enero, después del aplazamiento de la ley que tramitaba el Parlamento sobre el testamento biológico, mandó un videomensaje al presidente de la República, Sergio Matarella, para que interviniese.
 No logró absolutamente nada y el 26 de febrero le pidió a Marco Cappato, dirigente del Partido Radical, que le acompañase hasta Suiza para llevar a cabo su suicidio asistido.
Esta fue la última parte de la historia que ha terminado hoy con el propio Cappato autodenunciándose ante la policía.
 En una entrevista con la Repubblica, Cappato, que también pertenece a la Associazione Coscioni, una organización que promueve la libertad en la investigación científica y defiende el derecho a la muerte digna, explica que Fabo le pidió que le acompañase a Suiza. 
“Me contactó porque no quería que su madre o su novia, Valeria, se arriesgasen a 12 años de cárcel por ayudarlo a salir de la jaula en la que se había convertido su vida. 
La ley prevé de 5 a 12 años”, ha señalado.

En realidad, la justicia italiana tiene ahora la opción de dejar pasar el tema y seguir permitiendo que aquellos que tienen dinero se vayan a Suiza a morir (en 2016 fueron unos 50 italianos los que optaron por un proceso que cuesta unos 10.000 euros) o abrir un proceso que pondría en la primera página informativa la cuestión de la eutanasia. 
Justamente lo que quieren todas las asociaciones que la defienden.
Un asunto con aproximaciones diametralmente opuestas en los países de la Unión Europea, que tienen la potestad de decidir por sí mismos.
 Se encuentran en las antípodas los ejemplos de países como Irlanda, donde la legislación castiga con hasta 14 años de cárcel a quien practique la eutanasia, a Bélgica, donde se puede ayudar a morir hasta a los niños siempre que se justifique con los protocolos oportunos.

En su último mensaje Fabo cargó contra Italia y agradeció la ayuda prestada por Cappato: “Finalmente, he llegado a Suiza y lo he hecho, lamentablemente, con mis propias fuerzas y no con la ayuda de mi estado.
 Quiero agradecer a una persona que ha sido capaz de sacarme de este infierno de dolor, de dolor, de dolor. 
Se llama Marco Cappato y se lo agradeceré hasta la muerte”.

 

 

Marta Etura y Dolores Redondo, una historia de crímenes y mujeres

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La actriz Marta Etura, a la izquierda, protagoniza El guardián invisible, película basada en la novela homónimade la escritora Dolores Redondo. / Alex Iturralde
DEBE DE ser extraño el encuentro de un personaje con su creador. Y al revés.
 El de un autor con su criatura.
 De eso va esta cita en una suite del hotel María Cristina.
 Un cielo encapotado cubre San Sebastián, la ciudad donde nacieron y crecieron ambas.
 Chispea a ratos. Y en el interior de la estancia, las mujeres posan al principio con rigidez. Correctas, pero en silencio. 
Visten de negro riguroso. Una con falda y tacones.
 Otra con pantalón y deportivas. Como si exhibieran dos formas parecidas, pero no iguales, de enfrentarse al mundo.
 Y el calor se va adueñando de la habitación a medida que comparten su historia común. 
Hasta hace un año, comienzan el relato, no se conocían.
 O mejor, sabían de la existencia de la otra a través de las películas y los libros.
 Marta Etura, de 38 años, era una actriz reconocida, con tres lustros de trayectoria y un Goya.
 Dolores Redondo, de 48, aún no había ganado el Premio Planeta, pero ya se había convertido en un fenómeno editorial con El guardián invisible y el resto de la trilogía del Baztán, con casi un millón de ejemplares vendidos.
 Ambientada entre valles navarros sacudidos por un asesino en serie, la protagonista de las novelas es la inspectora de la policía foral Amaia Salazar.
 El personaje que unió sus caminos. 
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Los libros le llegaron a Etura a través de su madre.
 La intérprete, según cuenta, siempre anda a la búsqueda de personajes femeninos. 
 Escasos en una industria en la que los roles y el punto de vista suelen ser masculinos.
 Cuando conoció a la inspectora Salazar, mujer dura e intuitiva, enseguida quiso ser ella.
 Se interesó por los derechos cinematográficos de la trilogía. Descubrió que estaban en manos de un productor alemán, el mismo que había adquirido la saga Millennium, de Stieg Larsson.
 Mala suerte: todo indicaba que acabaría convirtiéndose en una película extranjera, quizá estadounidense. 
No ocurrió así. Redondo invitó al alemán a pasar unos días en Navarra, y ahí le arrancó la promesa de rodar en Elizondo, la localidad real donde transcurren sus novelas.
 Y comenzó a girar la rueda cinematográfica.
El director Fernando González Molina tomó las riendas del proyecto.
 Y la película El guardián invisible llega el viernes a los cines.
 “Un thriller femenino, la historia de un matriarcado”, lo define el realizador. 
Antes de rodar, la autora le transmitió una obsesión: “Respetar la esencia del personaje”. 
Y Etura, añade González Molina, encajaba a la perfección: “Tiene exactamente los ingredientes de Amaia.
 Es del norte. Sobria, contundente, firme.
 Y a la vez emocional y de corazón frágil”.
El primer encuentro entre las dos mujeres sucedió en una iglesia. La escritora observaba a la actriz desde el combo del director. 
Se rodaba una escena sin diálogos, durante un funeral.
 La intérprete debía mostrar el peso de una investigación de crímenes encadenados sobre su espalda. 
 El realizador le había colocado sus manos en los hombros, oprimiéndola con fuerza para explicitar la carga: ha muerto otra niña asesinada; el pueblo espera una respuesta; el tiempo se agota; el valle, la familia, la lluvia, los recuerdos de una infancia aterradora; todo concentrado en una mirada.
 Según recuerda la escritora, enseguida se produjo la magia: “De pronto vi a mi personaje. 
No importaban los detalles, si era rubia o morena. Sino la emotividad. Ese poso interior”.
 Al otro lado de la cámara la presión era auténtica. En palabras de la intérprete: “¡Tenía al director y a la autora observando!”.

El rodaje fue duro. Dos meses en Elizondo.
 Etura trabajó casi cada día. A menudo bajo la lluvia.
 En la ficción, su alter ego persigue con extenuación, además de a un asesino, un embarazo que no llega.
 En el mundo real, la actriz ha tenido al bebé hace tres semanas.
 Y, de pronto, en la suite, gira la cabeza alertada por el lloro. 

Ha traído a la recién nacida con ella.
 Redondo menciona cierta magia presente en el valle donde ubicó sus novelas.
 Y añade una idea central en esta historia de crímenes y mujeres: “Maternidad”.