El hijo de
Carmen Martínez-Bordiú asume el papel de representante de los valores
de la familia y radicaliza su postura en defensa del dictador y en
contra del actual Gobierno.
Luis Alfonso de Borbón el pasado mes de agosto en Sotogrande. Cordon Press
Tuvo que ser un niño triste, no comprendería que la muerte le arrebató a su hermano, más tarde a su hermanastra y luego a su padre.
Muy pequeño para entender que la vida te la puede arrebatar en un soplo.
La Figura de su madre esperando que él llegase en avión no la vió nunca, creeería que no lo querían, por eso fue dspegado, su abuela paterna ya se encargaría de no contarle lo que ella hizo, como su madre.
Ahora le dicen que va a ser Rey, pues se lo cree está curtido en mentiras piadosas, o malvadas.
No le explicarían que una dictadura no se hereda. Debe ser el único lugar del mundo dónde los herederos de un dictador gocen de inmensas fortunas.
Discreto, familiar, deportista y eterno aspirante a títulos más
aceptados por responsabilidad que por deseo propio, el devenir de la
historia le ha vuelto a colocar en el disparadero. Por compromiso, amor a
su abuela, obligación debida a su familia o convicción propia, ha
apostado por abandonar el comedido segundo plano que le ha caracterizado
siempre y se ha situado en el foco mediático como representante de una
de las familias más controvertidas de España: los Franco.
Luis Alfonso de Borbón (44 años) hijo de Carmen Martínez-Bordiú,
primogénita de los siete nietos del dictador, y de Alfonso de Borbón,
primo del rey emérito Juan Carlos I, fallecido en un trágico accidente
de esquí en enero de 1989, ha enarbolado la bandera familiar y la de
España, se ha lanzado a ser portavoz de los Franco y ha aceptado ser
vitoreado como 'rey' por los nostálgicos del dictador. Así ocurrió
literalmente el pasado 15 de julio cuando encabezó una manifestación,
promovida por la plataforma Movimiento por España en el Valle de los
Caídos, en contra de la exhumación de los restos mortales de su
bisabuelo, una medida aprobada por decreto en el Congreso el pasado
jueves con la abstención del PP y Ciudadanos. “Eres nuestro rey”, gritaron algunos de los cerca de mil asistentes a su
paso acompañado de su esposa, la venezolana Margarita Vargas y de sus
tres hijos. Él sonreía y mantenía el tipo. Para eso estaba allí, para
decirle al mundo lo que repitió como argumento en sus redes sociales:
“Hoy asistí junto a mi mujer y mis hijos a la misa de las 11:00 del
Valle de los Caídos; nos encontramos con muchas familias y gente venida
de toda España y del extranjero, para rezar por el futuro de España”. El futuro de España no lo arregla ni oraciones ni creencias, ese es ya otro asunto. Luis Alfonso de Borbón y Margarita Vargas con sus tres hijos, Luis, Alfonso y Eugenia en el polo en Sotogrande este verano.GtresOnline En marzo fue nombrado presidente de honor de la Fundación Francisco Franco, un cargo que ocupaba su abuela Carmen Franco hasta su fallecimiento
en diciembre de 2017, y que de momento no ejerce porque quiere respetar
un año de luto. Pero sí ha realizado un primer movimiento estratégico
para evitar la prohibición de la fundación: promover el cambio de sus
estatutos y pasar de “enaltecer la figura de Franco” a “difundir y
promover el estudio y conocimiento sobre la vida, el pensamiento, el
legado y la obra de Francisco Franco”. Un pequeño matiz que puede
variarlo todo. Su radicalización pública, evidente en sus redes sociales, coincide
con el nombramiento de Pedro Sánchez como presidente y el apoyo de su
Ejecutivo a trasladar los restos de su bisabuelo. Solo dos días después
de asistir a la mencionada manifestación su cuenta de twitter rezaba
así: “Esa inmensa Cruz representa la reconciliación de las dos Españas. Solo había una España que progresaba alegre, orgullosa de su pasado y
esperanzada en su futuro. Pero el rencor nos lleva otra vez a despertar
rancios odios cainitas. La historia condenara a quien profane este Templo grandioso (...)” Por si la historia no llega a condenar a nadie, Luis Alfonso de
Borbón mantiene su propia batalla y “los profanadores de tumbas”, “el
basural político que no quiere que se sepa de Franco” y Pedro Sánchez en
particular son su objetivo. En su cuenta de Instagram promueve una
petición de Change.org para reunir firmas pidiendo la dimisión del
presidente socialista. Mientras, el resto de su familia mantiene un perfil bajo porque el río
anda revuelto y todavía quedan importantes flecos para cerrar el reparto
de la millonaria herencia que dejó la matriarca.
Victor Jose Vargas y su segunda mujer, Maria Beatriz Hernandez, con sus dos hijos en Sotogrande en agosto.GtresOnline
Luis Alfonso de Borbón ha adquirido protagonismo entre los Franco
pero en cuestiones de economía está enfocado desde hace años hacia el
mundo de las finanzas y la empresa.
Licenciado en empresariales, máster
en finanzas y con un MBA en el IESE Business School, su presente está
ligado al Banco Occidental de Descuento donde es vicepresidente
internacional.
Se trata de una de las entidades bancarias más importantes de Venezuela y es propiedad de su suegro, Víctor Vargas Irausquín,
a quien se le calcula una fortuna de más de 850 millones de euros que
muchos venezolanos atribuyen en parte a los beneficiosos contratos
petroleros conseguidos gracias a su amistad con Hugo Chávez.
Una
relación que no le impidió mantener entonces, ni ahora con Nicolás
Maduro en el poder, el halo de un cierto espíritu opositor y el centro
cultural BOD que reúne a esa sociedad plural venezolana que
caracterizaba al país antes del chavismo.La versión emprendedora de Luis Alfonso de Borbón le ha hecho probar
con distintos proyectos y en la actualidad mantiene activas la empresa
Spanish Influencers que se presenta como “el primer portal español para
unir a las empresas y la influencia de las celebrities” y el
gimnasio madrileño Reto 48, basado en técnicas que utilizan los
militares estadounidenses. El resto de su vida transcurre más de puertas
adentro que en fiestas sociales, costumbre que rompe en verano cuando
se deja ver en las competiciones de polo de Sotogrande, en Cádiz. En su futuro inmediato, además de su cruzada familiar, está la llegada
de su cuarto hijo y seguir tirando de responsabilidad impuesta o
elegida.
La que le han inculcado desde pequeño para no defraudar a los
suyos: por un lado a la rama legitimista de los monárquicos franceses de
un país sin reino, que le consideran su heredero; y por otro a los
melancólicos españoles del régimen franquista, que se han apresurado a ungirle como salvador de los valores de la patria.
GEsta fotografía dice tanto de sí misma que resultaría ocioso comentarla.
E El papa Francisco, de otro lado, se retrata en ella con tal naturalidad
que nos deja mudos. En cuanto al grupo de mujeres, se las ve tan
felices que para qué amargarles la fiesta. El problema de tener en la
pared un corcho en el que vas clavando las imágenes que te llaman la
atención es que un día, tras leer lo de Pensilvania, levantas la vista y se produce un clic dentro de tu cabeza. Clic. Hablaba el periódico de 1.000 víctimas, 300 sacerdotes abusadores y
70 años de complicidad criminal por parte de las altas instancias,
incluido el Vaticano. Casi todo prescrito. Y nos referimos solo a un
trocito del mundo, pues la pederastia ha prosperado en la Iglesia como
los hongos en el estiércol. La red corrupta estaba tan organizada que
disponía de un manual donde al manoseo no se le llamaba manoseo, ni a
las penetraciones anales penetraciones anales, ni al sexo oral sexo
oral. La jerarquía, que sabía latín, había elaborado una lista de eufemismos para que las cosas no parecieran lo que eran. Algunos obispos alegaron en su defensa que los niños provocaban mucho. Que en una organización cerrada haya sexo nos parece normal, incluso si
se trata de una organización que lo prohíbe. Lo raro es su calidad.
¿Cómo es posible tal grado de perversión entre quienes abominan de ella?
Esa es la pregunta todavía sin responder por quienes, frente a la
evidencia, condenan ya sin subterfugios. Pero observen atentamente esta
foto y quizá dentro de su cabeza se produzca un clic semejante al que se
produjo en la mía.
El diagnóstico de las enfermedades se ha hecho tradicionalmente con
varones, y la inmensa mayoría de los fármacos se han desarrollado para
ellos.
ESTE VERANO, a raíz de un artículo de la revista onlineSaber Vivir,
ha circulado por las redes un tuit inquietante que nos informaba de que
las señales de infarto en las mujeres son distintas que en los hombres,
y que, según un estudio del doctor Fradejas Sastre, nosotras tardamos de media 237 minutos en llegar a urgencias,
mientras que los hombres llegan en 98 minutos. Teniendo en cuenta que
casi la mitad de los fallecimientos por infarto agudo de miocardio se
producen en las tres o cuatro primeras horas desde el comienzo de los
síntomas, este retraso resulta catastrófico: 237 minutos, les ahorro el
fácil cálculo, son prácticamente cuatro horas.
Resumiré esas diferencias: dolor agudo en el pecho que se irradia a
la espalda, o a los hombros, al cuello o la mandíbula (en el hombre se
irradia al brazo); vómitos; a veces el único síntoma es la falta de aire
y la dificultad al respirar; sudor frío; ansiedad inexplicable; presión
en el pecho y ardores en la parte alta del abdomen. Cuento todo esto
porque sin duda es útil, pero de lo que quería hablar en realidad es del
sexismo reinante en el mundo de la salud. Y de cómo las mujeres lo
tenemos doblemente difícil a la hora de enfermar. No sólo el diagnóstico de las dolencias se ha hecho tradicionalmente teniendo como modelo a los varones, sino que la inmensa mayoría de los fármacos se han desarrollado para ellos. Este sesgo machista puede alcanzar cotas asombrosas: en uno de los trabajos sobre la influencia del alcohol en la llamada viagra femenina se experimentó con 25 sujetos, 23 varones y 2 mujeres, aunque se trataba de una píldora que sólo usarían ellas.
Numerosas investigaciones demuestran que en la atención médica
primaria, ante los mismos síntomas, a las mujeres se les recetan más
ansiolíticos o antidepresivos y a los hombres más pruebas diagnósticas. O
lo que es lo mismo: a ellos los creen y a nosotras se nos considera
unas neuróticas. Según un informe de la Sociedad Española de Salud
Pública y Administración Sanitaria, el tiempo de espera de las mujeres
para acceder a una visita diagnóstica con un especialista es un 13,6%
más largo que el de los hombres.
Pero lo que más me sobrecoge es la diferencia en el tratamiento del
dolor. Empezando porque los analgésicos se han experimentado casi
exclusivamente con ratones machos, como dice el investigador canadiense Jeffrey Mogil en un reportaje de Fermín Grodira en Público. Durante años se ha creído que el dolor se transmitía a través de la
microglía, células inmunes del sistema nervioso, y los fármacos se han
desarrollado partiendo de ahí. Pero Mogil ha demostrado que la microglía sólo funciona en los
machos. Los ratones hembras transmiten el dolor a través de otro tipo de
células, como los linfocitos T (pobres ratones, dicho sea de paso: no
puedo evitar ese pensamiento). Además de la menor efectividad de las medicinas, a las mujeres nos
dan menos calmantes. Según un estudio estadounidense, los pacientes
masculinos sometidos a una operación cardiaca recibieron más analgesia
que las pacientes femeninas. Otro trabajo realizado sobre 1.300 enfermos
con cáncer demostró que las mujeres tenían un 50% más de posibilidades
de ser inframedicadas contra el dolor. Un sesgo sexista que también se
da en la infancia: una investigación sobre el dolor posoperatorio en
menores reveló que los niños recibían más codeína, un potente analgésico
opiáceo, mientras que a las niñas se les daba más paracetamol, que no
tiene efecto antiinflamatorio y es de una eficacia muy limitada. Resulta
espeluznante. Sin duda habrá doctoras y enfermeras que participen de esa mirada
manchada, porque el sexismo es una ideología en la que nos educan a
todos. Aun así, parece que hay cierta diferencia. Según una
investigación norteamericana, los médicos dan más calmantes a los
pacientes masculinos y blancos y las médicas dan mayores dosis a mujeres
y negros.
Todos sabemos, en fin, que el color de piel y el nivel social
discriminan; pero me temo que prejuicios milenarios hacen que no
tengamos tan claras unas desigualdades de sexo como éstas que pueden
conducir al maltrato sanitario, a un mayor sufrimiento o incluso a la
muerte.
Doscientos cuarenta cargos del ‘Govern’ cobran más que Sánchez. Si la
“República” iba a ser “incorruptible y sin tacha”, es obvio que la
infección ha prendido en ella.
DESCUIDEN, DETESTO que me cuenten sueños, sobre todo en las películas
y en las novelas . En cuanto me aparece uno en imágenes, o me lo cuela
un escritor, me dan ganas de salirme del cine o de abandonar la lectura,
y lo hago si se reitera el latoso recurso. Así que el mío será
brevísimo: soñé, hace un par de meses, que me metían en la cárcel; tenía
que compartir celda con una señora de mediana edad, y mi mayor
preocupación era si me permitirían fumar a mis anchas o no. Eso es todo. Ahora bien, me quedé preguntándome por qué había soñado tal cosa, y en
seguida llegué a la conclusión de que no tenía nada de particular, dada
la grandísima cantidad de personas, en principio “respetables”,
repartidas por las prisiones o con visos de acabar en ellas, es decir,
inmersas en procesos que pintan mal, o ya condenadas y en libertad
provisional a la espera de sentencia en firme, o bajo elevada fianza
hasta que se inicie su juicio. Nos hemos ido acostumbrando y ya no nos
sorprende. Pero constituye una gigantesca anomalía una sociedad con las cárceles llenas de ministros
(pongan ustedes los “ex-”), presidentes autonómicos, alcaldes,
concejales, militares, sacerdotes, empresarios, constructores,
directores de bancos, miembros de consejos de administración variados,
directores del FMI (bueno, el único español que ha habido), presidentes de clubs de fútbol
y de federaciones deportivas, consellers catalanes y valencianos,
políticos andaluces y madrileños, insignes profesores, sindicalistas,
responsables del Liceu y del Canal de Isabel II, tesoreros de partidos, comisarios de policía, abogados, fiscales y jueces. Y hasta el cuñado del Rey. La mayoría de esta gente recibía excelentes sueldos, a diferencia de sus
conciudadanos, muchos de los cuales no pasan de mil euros al mes desde
hace años. Además, ejercían cargos vistosos e influyentes, que les daban
popularidad (a cada uno en su ámbito) y proyección social. Ninguno era
un “don nadie” frustrado o resentido con el mundo en general. Eran más
bien privilegiados, individuos con suerte (los méritos ya son
discutibles) y en todo caso bien relacionados, porque a nadie se le
otorga nada si no resulta de utilidad. Lo natural sería que se hubieran
estado quietos en sus magníficos despachos; que hubieran ejercido sus
respectivas tareas impecablemente, y aun agradecidos; que se hubieran
dado con un canto en los dientes cada mañana al levantarse y comprobar
lo bien que les iba en su mundo. ¿Cómo es posible que tantos de ellos se
hayan jugado sus carreras, su prestigio, su respetabilidad, su familia,
su dinero y su libertad por un exceso de ambición, de codicia, de
nacionalismo locoide o de salacidad?
Uno entiende el delito de quien ante sí ve un negro futuro sin
posibilidad de mejorar, de quien poco posee y nada tiene que perder. No,
en cambio, el de quienes tienen tantísimo que perder. El extraño
fenómeno se ha achacado a la sensación de impunidad dominante
entre “los importantes”. Esa explicación tal vez valga para los
primeros casos, pero no para el resto, para cuantos ya habían visto las
barbas del vecino puestas a remojar. ¿Qué raro virus atraviesa nuestra
sociedad, que ni siquiera tiene la excusa de estar visiblemente
amenazada por mafias, como la italiana? Sea cual sea, ese virus no ha remitido pese a los escarmientos
acumulados. Pedro Sánchez ha alardeado demasiado pronto de “Gobierno
ejemplar”. Está por ver. Lo cierto es que, sin cometer delito por ello,
en sus primeros 54 días de Presidencia el BOE publicó 484 decretos de
ceses y nombramientos. Según contó aquí Carlos Yárnoz, los relevos
afectaron a casi todas las empresas y entes públicos: Hunosa, Sepi,
Tragsa, RTVE, Renfe, Adif, Correos, Instituto Cervantes, Cetarsa,
Navantia, Sociedad de Caución Agraria, Red Eléctrica, Paradores, Agencia del Medicamento… ¿Tantos funcionaban mal? Algunos de
los agraciados con los nuevos cargos son amigos de Sánchez o gente que
le ha servido bien. Algunos están remunerados con 200.000 euros anuales o
más. La medida será sin duda legal, y es la misma que antes tomaron
Rajoy, Zapatero y Aznar, nada más ocupar el poder. Pero es muy fea y
huele fatal, a todo menos a “ejemplar”. En cuanto al remedo de
“República Catalana pura y sin mácula” en que ya está convertida la
semidictatorial Generalitat, 240 cargos del Govern (240, no 24) cobran más que el propio Sánchez. Frente a los 81.000 euros anuales de éste, Torra el Tenebrós percibe
147.000, y encima tiene a su servicio 413 “personas de confianza” —413—
con sus abultados salarios. Los consellers reciben 110.760 euros, un 55%
más —un 55%— que los ministros del Gobierno estatal. Los directores de
TV3 y de Catalunya Ràdio, Vicent Sanchis y Saül Gordillo, no les van a
la zaga, con 109.080 cada uno. No es extraño que actúen como felpudos.
También son cuantiosos los sueldos para los famosos fugados: 82.210
euros para Meritxell Serret, 85.000 para Lluís Puig, etc, etc. El virus demuestra que Cataluña es tan brutalmente española como
Andalucía o Madrid.
Si la “República” iba a ser “incorruptible y sin
tacha”, es obvio que la infección ha prendido en ella con aún más
virulencia que en ningún otro lugar.