Un Blues

Un Blues
Del material conque están hechos los sueños

24 jul 2016

Lo público..........................................................................Rosa Montero

Cada vez que un enfermo se complica en la sanidad privada, lo derivan a la pública, que no sólo tiene que hacerse cargo de los tratamientos más costosos, sino también de las muertes.

COLUMNISTAS-REDONDOS_ROSAMONTERO
POR RAZONES que no vienen al caso,últimamente he visitado con cierta asiduidad el hospital madrileño Gregorio Marañón. 
Un lugar feo, destartalado y viejo, pero un magnífico hospital, sin duda alguna, con grandes médicos y una prestación sanitaria de primera clase. 
Siempre se me encoge un poco el corazón cuando voy por allí, porque me parece un símbolo de nuestro maltratado sistema de salud.
 La sanidad pública española ha sido nuestro mayor logro social, un tesoro al que estamos tan acostumbrados que nos resulta impensable que haya países en donde dejen morir a la gente por el hecho de ser pobre.
 Pero existen. 
En Estados Unidos, por ejemplo, los enfermos oncológicos que no pueden abonar la carísima quimioterapia simplemente se quedan sin ella, como se veía en la serie Breaking Bad
Imaginen a un niño con cáncer al que no le ponen tratamiento porque sus padres no tienen el dinero para pagarlo: es repugnante. De esa feroz, inadmisible, asesina desigualdad nos protege nuestro sistema de salud, pero lo estamos desmantelando.
La sanidad pública española ha estado entre los diez mejores servicios de salud del mundo. 
Ahora no sé por dónde andaremos en el ranking, porque llevan años demoliéndola.
 Hace un mes, altos cargos del sistema de salud madrileño dijeron que en la Comunidad sobran “4.000 camas para enfermos agudos”. Nadie parece haberse escandalizado ante esa afirmación, y sin embargo es grave.
 Primero, porque en toda la Comunidad sólo hay 13.000 camas: la reducción es sustancial.
 Y segundo, ­porque hace diez años estos mismos peperos, contra el criterio de los profesionales y dirigidos por una entusiasta Esperanza Aguirre, construyeron 2.000 camas de agudos.
 ¿Qué es lo que va a suceder, previsiblemente? Que se cerrarán camas de los hospitales públicos y se derivará el servicio a los privados.

Verán, la sanidad privada es un negocio.
 Pero es que el objetivo de la sanidad no puede ser el de ganar dinero.
 No todo en la sociedad ha de moverse hacia el lucro.
 En el concepto mismo de la democracia anida un impulso de ordenación social, de moderación de las desigualdades, de freno al botín salvaje.
 Por eso se pagan impuestos: por el bien común. Y la sanidad está en la base de ese bien común.
Argumentan los partidarios del dinero tintineante que la medicina privada es más barata y eficiente que la pública. 
Mienten, porque engañan en la forma de medir. Cada vez que un enfermo se complica en la privada, lo derivan a la pública, que no sólo tiene que hacerse cargo de los tratamientos más costosos, sino también de las muertes. 
Pondré un ejemplo; si no recuerdo mal, hará unos diez años el geriatra del Gregorio Marañón José Antonio Serra (que es una eminencia en su campo) y su equipo hicieron un importantísimo estudio sobre la rotura de cadera en los ancianos y demostraron que, si eran atendidos por geriatras y traumatólogos a la vez, y no sólo por traumatólogos, morían menos y sufrían menos complicaciones.
 El estudio se publicó en la revista especializada más importante del mundo y los resultados se han incluido en los protocolos médicos de medio planeta.
 Pero ese es un modelo de medicina que no todos comparten.
 Aquí hay algunos hospitales privados que operan a los ancianos de cadera y los mandan a las 48 horas a su casa sin rehabilitar.
 ¿Que el paciente no anda? No importa.
 Ya se ocupará la pública, si puede, de arreglar el desaguisado, y además, si se muere, que se muera con ellos, fuera del hospital privado, porque ese fallecimiento les bajaría su rutilante índice de éxitos. 

Así estamos, en plena campaña del desprecio a lo público. 
Ya se sabe: los funcionarios son todos unos sinvergüenzas y unos vagos, mientras que el sector privado es otra cosa. 
Sí, desde luego que es otra cosa: es ahí donde se dan los bonos basura, los abusivos usos bancarios, los fondos de Panamá. ¡Es el muy serio, eficiente y honesto sector de los directivos de Volkswagen! ¿Pero de qué ­estamos hablando?
 Pues me temo que, en el fondo, el único tema es la rapiña. 
Pero, ojo, mucho cuidado con el desmantelamiento de nuestro sistema de salud.


 Porque cuando aquí empiecen a morir los niños porque no pueden pagar las medicinas, sus padres incendiarán las ciudades. Y yo lo entiendo.

Ya no los quiero ni ver.......................................................Javier Marías

Si producen tanto y tan rápido hartazgo es porque pocos de nuestros políticos son demócratas, y fuera del sistema sólo hay propaganda.

COLUMNISTAREDONDA_JAVIERMARIAS
HA DURADO poco la novedad
, ¿verdad? 
Bueno, esa sensación tengo, y como me considero una persona corriente tiendo a pensar que lo que a mí me pasa le pasa a mucha gente más. 
¿Recuerdan cuando, en tiempos de Aznar, cada vez que éste salía en pantalla muchos cambiábamos automáticamente de canal porque su mera visión nos resultaba insoportable, más que nada (aunque no sólo) por hartazgo y saturación? 
Daba lo mismo lo que dijera, si su intervención era debida a su cuota diaria de televisión o a un anuncio crucial para el país: si se trataba de lo segundo, ya nos enteraríamos por el periódico, sin necesidad de sufrir su rostro desdeñoso, su cadencia pseudopija, sus acentos de importación, su gesticulación ni por supuesto sus permanentes cinismo y vacuidad.
 Lo padecimos ocho años, en gran medida por culpa de Anguita, uno de los mayores ídolos de Podemos junto con Perón, aquel dictador que se refugió en la España de Franco, como tantos otros antes que él.(Manía que le tiene a Anguita)

Pues bien, aquella saturación superior a nuestras fuerzas, ¿no la sienten ya ustedes respecto a casi todos los políticos nuevos, los que llevan tan sólo dos años ejerciendo como tales?
 De los más veteranos no hablemos, eso se da por descontado: ver aparecer a Rajoy, a Cospedal, a Aguirre, a Soraya Sáenz, a Montoro, a Fernández Díaz, a Báñez, equivale a bostezar y a buscar cualquier otro espectáculo, por caridad.
 Lo mismo sucede con los tertulianos “políticos”, que no por ponerse estolas de fantasía y chaquetas rojas o añiles (o rizos de peluquería) dejan de tener el aspecto de señores y señoras de su casa que sueltan obviedades y lo llevan a uno a preguntarse por qué diablos están ahí, contratados para opinar con engolamiento.
 (Dan ganas de acordarse de lo que dijo Stendhal sobre su zapatero, pero la cita sería considerada elitista y clasista; y lo era, aunque no le faltase algo de razón.)

Pero los nuevos no han tenido medida. Como si fueran concursantes de Gran Hermano, y aupados por uno de esos periodistas enloquecidos (hay decenas) que pretenden ser a la vez moderadores, directores de informativos, tertulianos, entrevistadores y entrevistados, no han desaprovechado ocasión y han salido hasta en la sopa, provocando la náusea del espectador.
Cada vez que veo en pantalla a Iglesias, Errejón, Monedero, Bescansa, Echenique, Montero y correligionarios, me asalta un gran sopor.
 Parece que tengan teléfono rojo con ese periodista monomaniaco, García Ferreras, y que estén en todo momento disponibles para él (y para otros), noche y día, hasta el punto de que no se sabe cuándo les queda tiempo para estudiar, debatir o simplemente pensar.
 Se han prodigado menos Pedro Sánchez y Albert Rivera, pero lo suficiente para suscitar asimismo un bostezo pavloviano difícil de reprimir.
 Si uno va a menudo a Cataluña, lo mismo le ocurre con el nuevo político inoportunamente llamado Rufián (inoportunamente para él), con la avinagrada Anna Gabriel, la ufanísima Colau y la estricta Forcadell; no digamos con Mas y Homs, el lloriqueante Junqueras y el atropellador Tardà.
 Todo es como un círculo viciosísimo del que resulta imposible escapar.
 Uno oye las mismas sandeces repetidas hasta la saciedad, los mismos disparates y provocaciones, asiste atónito a la fatuidad de varios (Iglesias habla con desparpajo y sin sonrojo de su propio “carisma” o de su “lucidez”: no tiene abuela), a la sosería infinita de muchos, a las salidas de pata de banco de la mayoría, al pésimo castellano de casi todos. (Es joven Julian, de mayor será como tú, que eres engolado, y no te sonrojas cuando hablas de ti en cabeza ajena)

Tengo para mí que, si producen tanto y tan rápido hartazgo, es porque pocos de nuestros políticos son demócratas, y fuera del sistema democrático sólo hay propaganda y consignas, que aburren pronto.
 No lo son los del PP, como se comprobó con Aznar y se ha vuelto a comprobar con Rajoy.
 No basta con ganar elecciones para serlo. Esto es una condición necesaria pero insuficiente.
 Si no se gobierna democráticamente a diario … Esto significa sin despreciar a la oposición, sin imponer leyes injustas o parciales gracias a una mayoría absoluta, sin utilizar Hacienda e Interior para los propios fines y para represaliar a críticos y adversarios. 
No son demócratas los del actual Unidos Podemos, se ve a la legua, o lo son a la manera de Putin, Berlusconi, Maduro, Orbán; ni los de la CUP, ERC y CDC, como se vio cuando negaron hasta la aritmética para proclamar su “triunfo” independentista.
 Sí lo son por ahora el PSOE, Ciudadanos y el PNV (con sus mil defectos), justamente partidos mal parados en las últimas elecciones.
 Supongo que todo es en efecto como Gran Hermano: se premia a los corruptos y a los que arman bulla, a los que sueltan necedades mayores o muestran desfachatez más llamativa.

 A los que dan espectáculo superficial. Pero nadie cuenta con que eso, lo superficial, lo que carece de verdadero interés y no hace pensar nunca, se agota pronto, y harta y satura hasta decir: “Basta, no puedo oírlos más, ya no los quiero ni ver”.

Burundanga, la droga que anula la voluntad y no es una leyenda..................................... Iñigo Domínguez

La escopolamina se extiende en robos y violaciones por “sumisión química”, pero es difícil de detectar y apenas hay datos.

 
Jóvenes bailan en la pista de una discoteca after hours de Madrid.
No es una leyenda urbana la historia de una droga que le echan en la bebida a una mujer para luego abusar de ella, y ya ha llegado a ancianos intoxicados en pleno día a quienes sacan todo el dinero del cajero y de su casa.
 En los servicios de urgencia de los hospitales españoles se han familiarizado con este tipo de casos y una palabra, burundanga, nombre popular de la escopolamina, una sustancia que anula la voluntad, produce desinhibición y crea amnesia.
 Es la principal, aunque hay otras, y crece su uso por la facilidad con que se adquieren en Internet, a bajo precio.
 En algunos casos son plantas cuyas semillas venden portales de jardinería.
 Se ingiere sin ser percibida, oculta en bebidas, o incluso se inhala, soplada a la cara.
 Sus víctimas luego no recuerdan nada. Se llama “sumisión química”.
Es un tema delicado de abordar, porque puede crear un alarmismo excesivo y al mismo tiempo propagar esta técnica delictiva. 
En realidad es un fenómeno bien conocido en Colombia y otros países latinoamericanos, en robos y secuestros exprés, pero en España aún es subterráneo, y escurridizo, pues estas drogas desaparecen rápidamente del organismo y son difíciles de detectar en análisis.
 Por eso hay una brecha notable entre la experiencia médica en primera línea, el contacto con estos casos en urgencias, y los datos oficiales
. Apenas llega a los juzgados y a las estadísticas, oficialmente casi no existe. Portavoces del Cuerpo Nacional de Policía, del Instituto Nacional de Toxicología (INT) y, en Madrid, de la consejería de Sanidad, son escépticos y transmiten que son muy pocos casos.
 “Ha habido algún episodio en el pasado, pero en España la incidencia es prácticamente nula”, afirma un alto mando de la Policía judicial.
Sin embargo, el día a día en urgencias puede ser muy distinto: “Tenemos dos o tres casos al mes, y esto solo en este hospital, así que imagina en los 35 de Madrid y en el resto de España, si todos estuvieran sensibilizados y actuaran correctamente”, apunta Andrés Santiago, jefe de Medicina Legal del hospital Clínico San Carlos, uno de los principales de la capital y pionero en la comunidad en la concienciación del fenómeno. 
Si no se conoce, no se identifican los casos ni salta la sospecha en los servicios de urgencia. 
Pero los expertos estiman que el 20-30% de las agresiones sexuales se deben a sumisión química.
 También en algunos casos de menores. En el Clínic de Barcelona confirman este porcentaje. “El problema es certificarlo, llegas a esa conclusión más por el relato de las víctimas que por lo que puedes probar científicamente, que por desgracia es poco”, confirma el doctor Manel Santiñà, del centro barcelonés.
Es un problema del que se tiene constancia desde 2003, con sendos estudios de casos en el Clínic de Barcelona, tras una serie de robos, y la universidad de Santiago de Compostela. 
El centro catalán, de referencia en agresiones sexuales, introdujo en 2008 un protocolo específico para identificar estos casos.
 Los hospitales de la Comunidad de Madrid adoptaron uno similar en febrero de 2015.

Los síntomas de 30 sustancias

Sustancias usadas. Son 30, entre ellas, alcohol etílico, benzodiacepinas (flunitrazepam y alprazolam), hipnóticos (zolpidem, zopiclona), cannabinoides, analgésicos-anestésicos (ketamina, fentanilo, escopolamina o burundanga), barbitúricos, ácido Gamma Hidroxi Butírico (GHB), disolventes orgánicos y drogas de abuso (opiáceos, cocaína y alucinógenos).
Los síntomas. Amnesia completa o parcial, resaca desproporcionada, desinhibición, parálisis sin pérdida de conocimiento, agitación o alucinaciones, pérdida de conocimiento, alteración del juicio, disartria y alteraciones en el habla, mareo o vértigo, alteraciones visuales, alteraciones de la motricidad o del equilibrio, somnolencia, nauseas o vómitos, confusión, comportamiento inusual.
Qué hacer. Muchos casos no se denuncian por vergüenza o confusión de la víctima, sea por agresión sexual o robo, al no estar segura de lo que ha pasado.
 Los médicos aconsejan acudir a un hospital o denunciar en comisaría si a la persona no le cuadran las cosas, no recuerda bien lo sucedido o se nota raro. 
Si pasa demasiado tiempo la sustancia no deja rastro en el organismo y desaparece. En sangre, en seis horas, y en orina, doce, aunque pueden quedar restos una semana.
El hospital madrileño de San Carlos acaba de publicar una Guía de detección de la sumisión química, para uso del personal de urgencias
. Porque lo esencial es conocer el problema para que surja la sospecha ante algunos síntomas y poder así actuar rápidamente.
 La guía, que denota la preocupación ante un fenómeno infravalorado, se abre con estas palabras: “España está viviendo junto con los países de su entorno un incremento en el número de casos de intoxicaciones con una intención de agresión sexual o robo. 
Gobiernos, administraciones, instituciones, sociedades científicas y los profesionales van tomando conciencia de la necesidad de evaluar la situación y proponer acciones para la detección precoz”. El texto asegura que es “una situación relativamente frecuente, pero de difícil diagnóstico”. 

El problema clave a solucionar es precisamente ese, que la mayoría de los casos no pasan de ser una sospecha, por muy fundada que sea. 
 Raramente se traducen en denuncia con pruebas, porque hay que moverse rápido, desaparece de la sangre en 2-6 horas. 
En la orina, la mayor parte se elimina a las doce horas, pero puede llegar a localizarse hasta una semana después.
 Es decir, a menudo las víctimas se enfrentan al drama de no ser creídas. 
En los casos de violación se añade otra circunstancia adversa: que no presentan lesiones genitales porque la droga anula la resistencia. En cuanto a los ancianos, los síntomas de desorientación y pérdida se pueden atribuir a senilidad, a un ictus o accidentes cerebro-vasculares.
Por otro lado, el examen debe seguir un protocolo legal estricto, de cadena de custodia de las muestras.
 La escopolamina hay que ir a buscarla con un análisis específico. Además, la sumisión química también está subestimada en las leyes. 
En contra de las indicaciones de Naciones Unidas y a diferencia de algunos países europeos, el código penal español no la considera un agravante y la incluye en el supuesto de abuso sexual son consentimiento, pero sin violencia o intimidación.
No solo es significativa la incidencia, también los métodos. 
En algunos hospitales madrileños, el de Henares y otros, revelan fuentes médicas, atendieron en 2015 casos sorprendentes de ancianos extraviados.
 Les habían robado pero no recordaban nada. La novedad es que se sospecha que la intoxicación fue a través de la piel: con folletos de publicidad repartidos en la calle e impregnados con burundanga. Luego se acercaba alguien, les pedía dinero y se lo daban, o se dejaban acompañar a casa.
 Otra técnica sería con cremas hidratantes.
La intoxicación cutánea es un punto controvertido, no todos los expertos la creen posible. “Es difícil de probar, pero hemos tenido sospechas en varios casos y puede suceder, estas sustancias se absorben fácilmente”, afirma Helen Dolengevich, psiquiatra y coordinadora del libro Nuevas drogas psicoactivas, publicado en 2015
No obstante, la Policía asegura no tener constancia de ningún caso y María Antonia Martínez, del Servicio de Drogas del Instituto Nacional de Toxicología, afirma que es “casi ciencia ficción”. 
Lo mismo opinan en el Clínic de Barcelona: “Es un mito, siempre es por ingestión”. 
Santiago cree que deberían ser dosis muy altas para tener efecto.

“Saldrán más casos, en unos años será un problema asumido”

“El tiempo nos está dando la razón, con indicadores de sospecha y personal bien entrenado en urgencias se consigue sacar a la luz los casos. 
La clave es sensibilizar al personal sanitario y a jueces y fiscales. La meta es lograr que la gente vaya al hospital o denuncie si sospecha los síntomas. 
En dos o tres años será algo generalizado, un problema conocido y asumido”, opina Andrés Santiago, jefe de Medicina Legal del hospital San Carlos de Madrid.
Uno de los obstáculos para tomar conciencia del fenómeno es la ausencia de datos. 
Acaban aflorando en publicaciones y congresos: un estudio de 306 casos de agresiones sexuales en Madrid entre 2010 y 2012 concluyó que un tercio, 107, podían haber sido víctimas de estas sustancias.
Solo llegan a los medios casos extremos o llamativos.
 Dos jóvenes muertos en 2011 en una fiesta en Getafe habían tomado burundanga.
 Un violador arrestado en 2012 en Madrid se hacía pasar por chamán y sometía a sus víctimas con esta sustancia.
 A veces las víctimas son menores: el pederasta de Ciudad Lineal, detenido en 2014, usaba golosinas con Orfidal, que contiene benzodiacepinas, otra sustancia muy usada.
Esta semana ha comenzado en Granada el juicio a dos hombres acusados de agresión sexual a una mujer en 2013 que, según la fiscalía, habrían usado escopolamina.
 La víctima, de 40 años, casada y con tres hijos, salió a una cena de empresa y regresó al día siguiente en estado de confusión, "como si viniera de una orgía", en palabras de su marido.
 Contó que había tomado dos copas en una discoteca. 
Los dos acusados le invitaron a la última y luego mantuvo relaciones con ellos.
 Ambos aseguran que fueron consentidas. Los análisis de sangre, orina y cabello no detectaron ninguna sustancia en la mujer, pero la fiscalía sostiene que el relato de la mujer es creíble y compatible con un caso de sumisión química.


 

Manuela y un señor de Murcia.......................................................... Miguel Ángel Noceda

Trinitario Casanova, el empresario que ha adquirido el Edificio España de Madrid, tiene pendiente una cita con la alcaldesa Carmena, que no lo tiene contemplado en su agenda.

En Ninette y un señor de Murcia, Miguel Mihura presenta a un sencillo ciudadano de esta ciudad que se va a París en busca de experiencias y se enamora de una parisina, hija de emigrantes españoles dueños de la pensión en la que se hospeda, con la que se acaba casando y viviendo en la ciudad española. 
No parece ser ese el caso de Trinitario Casanova, otro señor de Murcia que de ingenuo parece tener poco
. Casanova acaba de irrumpir en todos los huecos informativos nacionales por la compra del edificio España en la capital a la firma china llamada Wanda, que había llegado con el mismo jaleo mediático y con muchas promesas y esperanzas (añadidas en este caso por su entrada en el capital del Atlético de Madrid).
No es la primera vez que esta persona de nombre pegadizo penetra en Madrid, pero ahora se lanza a por un edificio emblemático, cuyo futuro está muy controlado por el Ayuntamiento.
 Casanova lleva tiempo analizando su compra y negociando con el magnate chino Wang Jian Lin, propietario de Wanda; pero no se ha visto con la alcaldesa, Manuela Carmena, en cuya agenda tampoco contempla ninguna reunión en las próximas fechas. Ahora, tras el acuerdo, tiene pendiente solicitar una entrevista, según fuentes de su entorno.

De momento, el empresario, casi desconocido en la capital más allá de los círculos empresariales en los que siempre se ha movido, ha limitado las relaciones al concejal de Urbanismo, José Manuel Calvo, que ya le ha transmitido a Casanova cuáles son las líneas rojas que debe respetar en los sondeos que se supone ha realizado. Es decir, principalmente, respetar la fachada que perfila la plaza de España de la capital y que se ha convertido en un tema tabú.
 Su proyecto, según las fuentes, contempla la posibilidad de subarrendar los negocios hotelero y residencial a expertos en la materia
. Esa es la parte clave para los intereses de este empresario, que de momento ha depositado un millón de euros de los 272 millones comprometidos, siete más de lo que pagó Wanda en 2014 al Banco Santander.
Una operación tan importante para la fisonomía de Madrid no puede limitarse a un acuerdo privado.
 Por eso, los responsables municipales están al acecho.
 Este hombre que se mueve en avión privado se ha presentado en la capital con un rostro de hombre constructivo y emprendedor; pero en el seno del Consistorio no dejan de preocuparse por su pasado, relacionado con la cultura del pelotazo, que tanto se ha asimilado al sector inmobiliario, y que ha sobrevivido a la crisis con holgura. Pero no es santo de devoción dentro del sector, donde recuerdan que siempre ha estado rodeado de polémica, y eso trasciende en el Ayuntamiento.
Hace un mes fue condenado a un año de cárcel por haber difundido falsos rumores de una opa en el Banco Popular en 2008
Su entramado de empresas tenía como cabeza al Grupo Hispania, que vendió al empresario José Ramón Carabantes en 2008 por 650 millones.
 Precisamente, aquella operación incluía la participación del 3,5% del Banco Popular y, precisamente, hace un mes fue condenado a un año de cárcel por haber difundido falsos rumores de una opa en el Banco Popular para aumentar el precio de las acciones en 2008. El rumor provocó una fuerte volatilidad en los títulos del Popular y minusvalías para varios accionistas, que llevaron el tema a los tribunales. 
La condena del mes pasado le inhabilita, además, para intervenir en el mercado financiero "como actor, mediador o informador" durante un año. También pasó por los juzgados por el caso Zarrichera de presunta corrupción en la urbanización de unos terrenos protegidos en el municipio de Águilas (Murcia), en la que se proyectaron viviendas, hoteles de lujo y un campo de golf, que paró un juez.
 Casanova pagó en 2004 a través del Grupo Hispania 10 millones de euros, un dinero que en 12 meses multiplicó por 15 al vender el terreno en 150 millones.

Un hombre hecho a sí mismo con buenas relaciones

M. Á. N.
Trinitario Casanova es uno de esos hombres hechos a sí mismos sin ningún tipo de preparación académica y de los que cada vez quedan menos en el universo empresarial. 
Casanova nació en la tierra de Miguel Hernández, Orihuela, donde nació en 1964, pero se instaló en la vecina Murcia donde se licenció en el ladrillo y donde conectó pronto con los poderes regionales (en la foto con el entonces consejero de Obras Públicas de la Comunidad de Murcia, Joaquín Bascuñana, durante una corrida de toros en 2005). 
Después dio el salto a la esfera nacional a través de varias empresas (de hecho, aparece ligado a 55 sociedades en el registro mercantil) en las que diversificó en diferentes negocios: prensa, aviación, promoción de centro comerciales y de conciertos, explotaciones agrícolas… 
En ellos se desenvolvió con mayor o menor éxito hasta aterrizar en Madrid, donde adquirió terrenos en Valdebebas y en la Gran Vía madrileña con la compra de una sucursal a Bankia por 20 millones que luego vendió por 2,5 millones más.
Siempre más de lo mismo, un señor sin preparación académica a ser posible de origen humilde hacen un Imperio ecónómico salido de la nada y barajan cifras que no se ganan con un sueldazo, ni trabajando, algo así como otro "mauro" millonario a tope Amancio Prada. Si empiezan con una tiendita ¿Cómo acaban llenos de edificios emblemáticos?

 
Manuela Carmena. EFE