Un Blues

Un Blues
Del material conque están hechos los sueños

1 nov 2015

Adiós a todo eso....................................................................... Carlos Boyero .

Cesc Gay cuenta muy bien esta tragedia que a veces se transforma en comedia. Posee sutileza y matices.


Afortunadamente nunca voy a prever como va a ser el desarrollo en las historias que cuenta ese director tan personal como inquietante llamado Cesc Gay, pero sé que cuando está más inspirado o yo más receptivo esos retratos de seres humanos y situaciones tan reconocibles me van a provocar identificación, complejidad, cercanía y en algún momento un notable rubor al constatar que las miserias, mentiras, medias verdades y trampas con las que los personajes intentan engañarse a sí mismos o a lo demás también son las mías.
Hay películas de este hombre que me sorprenden y me envuelven mientras que las veo, pero que siguen dando vueltas en mi cabeza mucho tiempo después.
 En mi caso, estoy hablando de la más que curiosa Krámpack y de las esplendidas En la ciudad y Una pistola en cada mano.
  Lo que ocurre en ellas es cotidiano pero también excepcional, malsano y luminoso, angustioso y realista, revelador de que la persona que se ha inventado ese universo urbanita sabe muchas cosas de la naturaleza humana y que en ésta conviven incertidumbres y seguridades, miedo y esperanza, anverso y reverso, anhelos y derrumbe, lo que expresamos y lo que ocultamos, necesidad de refugio afectivo y soledad, generosidad y egoísmo.
 Ambas terminan con una reunión colectiva entre esa pandilla de amigos de la que antes hemos conocido sus dilemas en pareja o a solas, su desconcierto, su fracaso o su intento de ponerse de acuerdo con la vida.
TRUMAN
Dirección: Cesc Gay.
Intérpretes: Ricardo Darín, Javier Cámara, Dolores Fonzi.
Género: drama. España, 2015.
Duración: 108 minutos.
Si en las anteriores los amigos no se decían adiós, solo como en la canción un “pasa la vida”, en Truman, Cesc Gay hablan de una despedida definitiva, ya no habrá encuentros ni desencuentros, la inminente muerte con formato de cáncer está llamando insistentemente a la puerta y no hay forma de que el depredador ofrezca treguas o se largue.
 Y hay que poner las cosas en orden antes de largarse
. O sea, pasar tres días compartiendo recuerdos, riéndose, contándose lo que jamás se había expresado, disimulando el pavor, con el colega que sabe casi todo de ti y tú de él, alguien que vive en Canadá, lleva una existencia plácida, viene a ofrecer ayuda, complicidad y consuelo al moribundo. Los últimos tiempos de éste deben de haber sido duros
. No tiene un euro. Todo en él huele a intemperie: afectiva, familiar, económica, profesional existencial
. Y el moribundo tiene pasado y vete a saber si se ha merecido tanto infortunio.
 Pero como el capitán Alatriste, es un hombre valiente.
 Aunque esté acojonado se refugia en la causticidad, sabe reírse de sí mismo, no es un llorón, o lo hace a solas.
 Tiene cuentas pendiente con un hijo al que siente perdido (emocionante secuencia la de ese último encuentro en Ámsterdam). Tiene un desgarrador problema con la futura orfandad de su perro.
Y poco más. Solo necesita coraje para acortar el infierno.
Cesc Gay cuenta muy bien esta tragedia que a veces se transforma en comedia
. Posee sutileza y matices, sentimiento, jamás sensiblería ni tentaciones de manipular al espectador. Y dispone de Ricardo Darín, un actor que está mas allá del elogio, haciéndose mutuamente un regalo extraordinario. 
Y un muy meritorio Javier Cámara enfrentándose con temple a un peso pesado, sabiendo escuchar, sin perder el ritmo que le exige el impresionante Darín.

 

Casi una vez.............................................................. Xavi Sancho

Vivimos en una sociedad en la que todos hacen lo mismo para parecer diferentes, y este templo de reafirmación llamado Primark es más consecuencia que causa.

Decenas de personas abarrotan las escaleras mecánicas de la tienda de Primark, en la Gran Vía de Madrid / Samuel Sanchez

La media de veces que las prendas adquiridas en Primark son vestidas es de 0’9.
 Tiene sentido, pues la marca irlandesa es una experiencia, ese concepto vacío con el que se trata hoy de dotar de contenido a lo que no lo tiene.
 Lo divertido es ir de compras, lo gratificante es contar que se ha ido donde había que ir y se ha hecho lo que tocaba hacer.
Vivimos en una sociedad en la que todos hacen lo mismo para parecer diferentes, y este templo de reafirmación llamado Primark es más consecuencia que causa
. Desde que la economía financiera se impuso a la productiva, otorgamos más valor a la acción de comprar y vender que a lo que realmente compramos y vendemos.
 Lo inútil tiene el respeto social que perdió lo práctico.
 Hablar de inútil en el marco de esta columna me parece lo más meta que he hecho en la vida.
Recuerdo que, un día, mientras estábamos en una clase de Semiótica en la facultad, un amigo, airado por la inutilidad que intuía en la asignatura —a mí me gustaba un poco, debo admitir—, se dirigió a un tipo que se nos había sentado al lado. “¿Te das cuenta de que los que fueron al colegio con nosotros cuando acaben sus carreras sabrán extirpar un tumor o construir un puente?”, le dijo
. El chaval se giró y respondió: “No sé. Yo tengo un Premio Ondas”.
 Le llamamos Premio Ondas el resto del curso.
 Con sorna, pero, sobre todo, con rencor.
 En el fondo, no queríamos aprender a construir un puente, queríamos un Premio Ondas como el suyo para poder decir que poseíamos uno, al menos, 0’9 veces al día.

 

Cuando pesa lo ligero....................................................................... Javier Marías

Uno se pregunta por qué ha habido un retroceso generalizado del entendimiento y el sentido común.

Muchos de los que leemos el periódico en papel estamos acostumbrados a empezar por lo malo: política nacional e internacional, opinión pesimista o peregrina o (qué alivio) a veces balsámica; economía, sucesos, salud (casi siempre mala y desalentadora, cuando no alarmante).
 Luego aparecen las secciones más amables o sosegadas, o menos indignantes, aquellas que no nos suelen dar sobresaltos ni disgustos: sociedad, cultura, espectáculos, deportes, algún cotilleo o curiosidad.
 Uno agradecía asomarse a esas esferas de relativa armonía, o por lo menos de inocuidad, tras pasar por las atrocidades cotidianas, las sandeces, corrupciones e irresponsabilidades de demasiados políticos, los amenazantes vaivenes laborales y financieros y la ristra de asesinatos individuales, cometidos cada uno en un lugar.
Por eso, a mí, me dice más sobre el estado del mundo lo que traen y reflejan esos ámbitos “ligeros” que las noticias “de peso”, que siempre han sido preocupantes o directamente horribles y lo seguirán siendo siempre.
Lo que me hace ver nuestra época como particularmente tenebrosa no son las salvajadas del Daesh (que también), ni la crisis de los refugiados, ni que Donald Trump y Putin cosechen más entusiastas cuanto más rebuznan, ni la furia sádica de los cárteles mexicanos, ni la dictadura chavista ni el auge de Le Pen, ni la tabula rasa que Rajoy parece tener por cerebro, ni la posesión de Artur Mas (que cada vez se cree más Napoleón, como si fuera un loco de chiste anticuado; sólo que éstos acostumbraban a estar encerrados), ni la tontuna parvularia de sus cerrajeros de la CUP (de ellos depende que pueda utilizar su llave)
. Con todo esto uno ya cuenta.
 Con que los países a menudo los rigen deficientes, sanguinarios o no, y aspiran a regirlos otros deficientes, elegidos en las urnas o no.
 Lo que me indica la gravedad de la situación es comprobar que las irritaciones y estupefacciones no terminan donde deberían sino que se extienden hasta esas secciones inofensivas y las invaden, normalmente de estupidez, con ocasionales gotas de envilecimiento.
No quiero ni pensar la que le habría caído hoy a Marlon Brando, que en 1956 hizo de japonés en La casa de té de la luna de agosto
Llega uno a Cultura y con frecuencia se encuentra a palmarios farsantes a los que se dedican páginas injustificables
. Llega a Deportes y lo que allí lo aguarda son los amaños del nefasto Blatter y sus acólitos, o la enésima pitada a Piqué por parte de cenutrios que ni siquiera saben por qué le pitan, como antes se abucheaba a Casillas por ser sobresaliente y haber rendido incomparables servicios a su club y a su selección.
 Llega a Espectáculos y se topa con noticias como esta: en pocas horas se han recogido 95.000 firmas en “la Red” protestando porque en una nueva película relacionada con Peter Pan se ha encomendado la encarnación de la Princesa Tigrilla a una actriz blanca y no a una “nativo-americana” –india piel roja, para entendernos–, puesto que ese personaje de fantasía pertenece a dicha raza.
No es el primer caso de “ofensa”, cuenta Irene Crespo: la pecosa actriz Emma Stone pidió disculpas (!) por haber interpretado a una piloto mitad asiática y mitad hawaiana. Ridley Scott se la cargó por no contar con actores árabes para Éxodo, que transcurría en Egipto … en los tiempos de Moisés. ¿Y cómo se atrevió Johnny Depp con el papel del amigo indio del Llanero Solitario, siendo él caucásico a más no poder? Según esto, Mac­beth sólo lo podrían hacer actores escoceses y Hamlet, daneses.
 Y Don Quijote, manchegos. Y Don Juan, sevillanos
. Y Quasimodo, jorobados de verdad. No quiero ni pensar la que le habría caído hoy a Marlon Brando, que en 1956 hizo de japonés en La casa de té de la luna de agosto. (Cierto que estaba para darle de bofetadas durante todo el metraje, como alguna vez más, pero esa es otra cuestión.)
Uno se pregunta qué ha pasado para que parte de la humanidad ya no distinga entre realidad y ficción, algo que la especie sabía hacer desde siglos antes de Cristo.
 O cuándo optó por el “realismo” a pie juntillas y decidió inmiscuirse en los criterios de los artistas y protestar por lo que éstos inventen.
 También cuándo dejó de entender que las instituciones y clubs privados tienen sus reglas y que nadie está obligado a pertenecer a ellos.
Si para la Iglesia Católica abortar lleva o llevaba aparejada la excomunión, la opción es clara: si se forma parte de esa fe religiosa, o no se aborta o se expone uno a las consecuencias; lo que no tiene sentido es ingresar en ella, conociendo sus castigos, y pretender que éstos se modifiquen a conveniencia de cada interesado.
 Y sin embargo eso es hoy lo habitual.
 En la Real Academia Española es preceptivo llevar corbata, y yo lo sabía antes de entrar en ella.
 Si un día aparezco sin esa prenda, supongo que no me permitirán pasar y no armaré un escándalo por ello.
 Sabía a qué me atenía al aceptar.
Uno se pregunta por qué grandes porciones del mundo han dejado de entender lo que era fácilmente comprensible hasta hace cuatro días.
Por qué ha habido un retroceso generalizado del entendimiento y del sentido común. Por qué no hay mayor placer que el de quejarse y protestar por todo, más cuanto más inexistente el motivo.
 Cuando la estupidez se apodera de las secciones amables del periódico; cuando éstas prolongan la irritación, en vez de apaciguar, es síntoma de que todo es ominoso y anda fatal.
No es de extrañar que luego la gente vote o ensalce a idiotas, pirados o malvados, y que las secciones “de peso” nos hundan cada mañana el ánimo.
elpaissemanal@elpais.es

 

Os estaré mirando................................................................ Rosa Montero

Nada de cartas blancas, nada de partidismos ciegos. Nuestro apoyo tiene que ser más exigente.

Todavía no ha empezado la campaña oficial del 20-D y ya estoy hasta la coronilla de las elecciones y de su carga añadida de pactos y rupturas, insultos, promesas, amenazas, loas encendidas a la honestidad y declaraciones sublimes.
 Tengo la sensación de llevar todo el año dentro de una inacabable campaña electoral, lo cual resulta agotador.
Pero aún deben de estar más agotados los políticos, y eso es todavía más preocupante, porque no parece que la media intelectual de la clase política sea excesivamente elevada, de modo que el peso del cansancio sobre tan pocos mimbres debe de empeorar considerablemente su raciocinio.
Esto lo cuenta muy bien la serie danesa Borgen: las jornadas interminables, la falta de sueño, la imposibilidad de leer un libro, ver una película, estar con tus hijos o con tus amigos, hacer una mínima vida de persona, en fin
. Con sus consecuencias de embrutecimiento y encallecimiento fulminantes.
 Esto, en lo que respecta a los políticos con ideales, que los hay.
 Los otros, los que utilizan el cargo para robar y figurar, para grandes comilonas, viajes y cacerías, ya están embrutecidos y envilecidos desde el principio.
 Y el problema es que los políticos son los encargados de defender y gestionar nuestros diversos proyectos de sociedad, es decir, son muy necesarios y muy importantes, pese al espantoso descrédito social al que han llegado.
Pienso ahora en los miles de candidatos que rellenan las listas de las próximas elecciones y me pregunto qué les lleva a postularse
. Supongo que, grosso modo, responderán a las dos categorías antes mencionadas: los que quieren cambiar la sociedad, los que piensan que pueden mejorar las cosas, por un lado, y por otro, los que quieren medrar y están convencidos de que el poder les ayudará muchísimo en el latrocinio.
De estos segundos me contaron un chiste: un político recién elegido de uno de los grandes partidos, escoge el que más rabia te dé, PP o PSOE, va en su primer viaje oficial a Alemania y se encuentra con un colega veterano del partido germano correspondiente
. El alemán agasaja al español en su casa, una mansión tan magnífica que deja a nuestro representante boquiabierto. “Pero tú, ¿eras rico de antes?”, pregunta. “Nooo, esto viene del cargo. Mira, ¿ves esa autopista?”, contesta el alemán, señalando un colosal nudo de carreteras de cinco carriles por cada lado que pasa cerca. “Sí”, responde el español. “Pues…”, dice el teutón dándose dos maliciosos golpecitos en el bolsillo.
Dos años después, el alemán devuelve la visita, y nuestro político le recibe en su casa de campo, un palacio barroco con una finca de mil hectáreas y coto de caza.
 El germano se queda sin aliento: “¡Pero bueno! ¿Y todo esto?”. “Nada, seguí tu consejo”, dice el español: “¿Ves esa autopista?”. “No”. “Pues…”, contesta nuestro representante palmeándose el bolsillo.
Gastar dinero propio y tiempo, someterse al desdén de muchos, ser ignorado después en las urnas: eso sólo se puede hacer por vocación de servicio
Pero luego hay otros candidatos.
 En las pasadas elecciones autonómicas iba andando por Madrid cuando un hombre me alargó una de esas hojitas satinadas publicitarias.
 Siempre las cojo, porque sé que les pagan por copias repartidas.
 El papel, amarillo, parecía un anuncio de compraventa de oro, pero cuando lo miré vi que era un panfletillo electoral del Partido Castellano, con la foto de un tal Mariano Navarro, el candidato al Ayuntamiento.
Y el que me había dado la hoja era el propio Navarro, entregado a esa ingrata y modesta labor de intentar meter sus ideas entre los dedos descuidados de la gente
. Gastar dinero propio y tiempo, someterse al desdén de muchos, ser ignorado después en las urnas: eso sólo se puede hacer por vocación de servicio.
 Y lo digo más allá de este partido en concreto: creo que hay candidatos así en todo el arco ideológico.
 La cuestión es cómo conseguir que el sistema prime a estos políticos; cómo vigilar para que luego no se corrompan o se envanezcan hasta el mesianismo.
Por muy cansados que estemos, creo que las próximas elecciones son muy importantes.
 Necesitamos regenerar el sistema político; necesitamos restaurar el pacto social de credibilidad con nuestros representantes. “No podemos resolver los problemas usando el mismo tipo de pensamiento que teníamos cuando los creamos”, dijo Einstein.
Sí, tenemos que cambiar de pensamiento, pero todos.
 También los electores. Nada de cartas blancas, nada de partidismos ciegos.
Nuestro apoyo tiene que ser más exigente y la responsabilidad política no se acaba al votar. Vigilemos, reclamemos, protestemos y salgamos a la calle incluso contra quienes hemos votado si no se comportan como es debido
. En concreto, para mí la prioridad es Sanidad y Educación, es el apoyo a los más indefensos, a las familias sin recursos, los ancianos, los niños, los animales, los refugiados, las personas en riesgo de desahucio.
 Os estaré mirando.
@BrunaHusky
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