Un Blues

Un Blues
Del material conque están hechos los sueños

2 sept 2013

Una cicatriz en una rodilla................Rosa Montero

Michael Poliza

A principios de este verano estuve en una cena en la que dos amigos empezaron a disputar entre sí, jocosa y alegre­mente, cuál de ellos era más biónico debido a sus diversos implantes.
 Y, así, echaron mano de sus smartphones y se pusieron a comparar las radiografías de sus cuerpos. Imágenes espectrales de tornillos y placas de titanio en caderas, brazos, mandíbulas y vértebras empezaron a pasear mesa arriba y mesa abajo para la diversión de los comensales.
 Fue un momento alucinante, porque, en efecto, estaban más llenos de mecanismos metálicos por dentro que un reloj suizo; pero lo más impresionante fue la naturalidad con la que todos asistimos a esa escena de ciencia ficción, y lo asumido que tenemos el hecho de llevar con nosotros, en nuestros terminales electrónicos, todo el archivo, la memoria, la huella completa de nuestras vidas.
 ¿Se imagina alguien yendo a cenar con amigos hace tan sólo cinco años y apareciendo con todas su radiografías bajo el brazo, por ejemplo? Ahora somos como caracoles y vamos con nuestra existencia a cuestas.
 La realidad cambia cada día a velocidad vertiginosa, y es tal la capacidad de adaptación del ser humano que apenas nos damos cuenta.
Con todo, la anécdota me recordó, en ver­­sión cibernética, un momento genial de una película de 1990, Las montañas de la Luna, un estupendo film de aventuras sobre los míticos exploradores británicos Richard Burton y John Speke, que, a mediados del siglo XIX, emprendieron la búsqueda de las fuentes del Nilo a través de una exótica y desconocida África.
 Al principio de la película, Burton y Speke se encuentran en Londres, ya no recuerdo si en mitad de la calle o en un club privado, y, para demostrarse el uno al otro lo avezados exploradores que son, empiezan a enseñarse las cicatrices de sus antiguos viajes, y cada vez la zona que señalan es más íntima: esto fue el zarpazo de un león, dice uno abriéndose la camisa y mostrando las costillas; esto, la herida de la lanza de un masái, dice el otro, bajándose los pantalones y luciendo una nalga agujereada....
“El cuerpo se va llenando de rastros de tu vida,  de muescas de la peripecia de existir”
Y es que ambas escenas, más allá de las evidentes diferencias tecnológicas, comparten un sustrato idéntico y esencial, algo básico desde la aparición de los humanos: el hecho de que la vida rompe, la vida mancha, la vida marca.
 En realidad, si me paro a pensarlo, las cicatrices son lo más parecido al smartphone en su faceta de archivo de datos…
 Es información de tu pasado que queda grabada en tu cuerpo de manera visible e indeleble.
Siempre me han gustado las cicatrices.
Los personajes de mis novelas muestran una inquietante propensión a perder dedos y a sufrir tajos que les señalan todo el cuerpo
. No sé de dónde viene esa tendencia mía, porque la ficción nace del inconsciente, de un territorio oscuro que está más allá de lo que uno cree saber.
Pero, en cualquier caso, también me gustan, o no me desagradan, las cicatrices reales.
 El cuerpo se va llenando de rastros de tu vida, de costurones o agujeros o costuritas, de muescas de la peripecia de existir. Acabo de hacer un rápido recuento y, si no me equivoco, luzco nueve cicatrices, algunas muy evidentes. Todas ellas tienen una historia detrás, y aunque la mayoría sean historias banales, son hitos orgánicos que van jalonando mi tiempo. Es imposible pasar por la vida sin romperte un poco; y creo que la rotura física, la que, tras curarse, deja cierta memoria sobre la piel, es siempre más manejable que la psíquica.
 Las cicatrices, en fin, demuestran que hemos vivido. No olvidemos que nuestra primera huella propia tras nacer es la cicatriz de nuestro ombligo (naturalmente, no he contado este nudo de carne entre mis nueve señales).
Es verdad que hay cicatrices y cicatrices. Que hay destrozos físicos que te deforman de tal modo que resultan insuperablemente traumáticos
. No me refiero a esto, por supuesto; cuando los daños alcanzan tal nivel, son mutilaciones, no cicatrices. Pero de todas formas me gustaría decir que gracias a una de mis cicatrices he aprendido una de las enseñanzas más importantes de mi vida.
 La llevo desde hace cuarenta años, fue de resultas de un accidente y es la más visible y espectacular que tengo: un agujero enorme en una rodilla. Pues bien, con mis veinte años me puse todas las minifaldas del mundo, aunque me faltara media rodilla. Y, ¿saben qué? Nadie se dio cuenta de la cicatriz, o sólo la advertían tras meses de frecuentarme
. Y esto era así porque a mí no me importaba, porque yo no la señalaba con mi angustia o mi complejo, porque yo la hice mía.
 O sea: no hay como quererse y aceptarse para que los demás te acepten y te quieran.

El íntimo enlace del hijo del Aga Khan


Rahim Khan y Kendra Spears, ahora princesa Salwa, en el día de su boda. / Getty Images

El 31 de agosto no solo fue el gran día de Tatiana Santo Domingo y Andrea Casiraghi.
 A unos cuantos kilómetros de Mónaco, en Ginebra, se celebrara otra boda, mucho más discreta aún que la del hijo de Carolina. Se trata del enlace que convirtió a la supermodelo estadounidense Kendra Spears en princesa, al contraer matrimonio con el príncipe Rahim, hijo del Aga Khan.
No hubo cobertura, aunque se sabe que se trató de una ceremonia bajo el rito musulmán, a la que solo asistieron parientes y amigos muy cercanos de la pareja. La celebración llevó a cabo en el castillo de Bellevire, a la orilla del lago Ginebra. Tras la boda, Spears se convierte en la princesa Salwa.
Parece un cuento de hadas
. Y, de hecho, algo tiene de ello. Kendra Spears nació en 1988 en Seattle y tenía pensado dedicarse a la carrera de sociología, pero solo le dio tiempo a graduarse del bachillerato de Artes de la universidad de Portland, ya que tras un casting se topó con el mundo de la moda, que la llevó a protagonizar desfiles del más alto nivel, como los de Prada, Chanel, Versace, Dolce & Gabbana, Armani y Gucci
. En el ambiente se la conoce como la próxima Cyndi Crawford, pero todo eso quedó atrás cuando, hace cuatro meses, anunció su enlace con el guapo heredero de 42 años.
Rahim Khan, segundo hijo del íntimo amigo del rey Juan Carlos, Karim Aga Khan, nació en 1971 y estudió en la Universidad de Brown. Actualmente, trabaja en el AKDN, donde se ocupa de los microcréditos y del fondo para el desarrollo económico
. Su padre es la cabeza de una dinastía que desciende directamente de Mahoma y es el líder de un reino sin país que componen más de 15 millones de musulmanes ismaelitas, corriente del islam chií, que se reparte en más de 25 países.
El Aga Khan y el Rey se conocieron en la década de los setenta en el exclusivo colegio internacional de Le Rosey, donde fueron compañeros.
 Desde esa época, mantienen una especial amistad, muy estrecha.
 De hecho, el Aga Khan es una persona muy cercana al círculo del príncipe Felipe y las infantas Elena y Cristina. Esta última, que acaba de llegar a vivir a Suiza, trabajará para una de sus fundaciones y se esperaba que asistiera a la boda del pasado sábado como primer acto oficial en esas tierras.
Hasta ahora, su asistencia no ha sido confirmada.
No es la primera vez que una modelo entra en la dinastía.
 La propia madre del novio, la princesa Salimah Aga Khan, trabajaba como modelo y era conocida con el nombre de Sarah Croker-Poole antes de su matrimonio con el Aga Khan. Además, el hermano pequeño de Rahim, el príncipe Hussain, se casó en 2006 con la modelo estadounidense Kristin White
. El gusto por la belleza de una dinastía como esta siempre ha llamado la atención.

Como cualquier hijo de vecino"Banderas....... "La ropa me la compra Melanie"

Aunque ahora apuesta por las prendas sencillas y sobrias, el actor recuerda cómo vestía en el inicio de su carrera, cuando se dejaba llevar por el estilo excéntrico y colorista de los años 80.

Antonio Banderas 
Regresa a la pantalla con la película de animación Justin y la espada del valor, que se estrena en España el próximo 20 de septiembre. En ella pone voz a Sir Antoine, del que dice que viste «un poco pasado». Confiesa que es su mujer quien le compra la ropa, que siente respeto por la industria de la moda… y que no le importa hablar de prendas interiores.
Entenderá que empiece preguntándole por la capa de El Zorro.

Creo que es la prenda con la que más a gusto me he sentido en el cine. El primer día me vi disfrazado, pero luego fui haciéndola mía y me encontré muy cómodo.
¿La conserva?

Claro. Varias. Y las espadas. He cedido algunas para subastas benéficas.
¿Le gusta ir de compras?

Es que casi todo me lo compra Melanie. Ella tiene buen gusto y me conoce bien. Yo sólo compro prendas sencillas, camisetas, pantalones anchos...
¿Algún capricho relacionado con la ropa?

Unas botas que me hace a medida un artesano mexicano. Me encantan. Son comodísimas y ni siquiera son muy caras.
¿Cuándo fue la primera vez que sintió que se estaba vistiendo como una estrella?

Sin duda, cuando fui al Festival de San Sebastián con La ley del deseo. Llevaba una chaqueta negra de piel que era una pasada. La guardé durante años, hasta que me la robaron.
Recuerde la primera ocasión en que se vistió para ir a los Oscar.

Eso tiene una historia. Iba a presentar un premio con Sharon Stone y llevaba un esmoquin. Pero cometí el error de estrenar zapatos. Me equivoqué con el número y me apretaban muchísimo.
¿Y qué pasó?

Me dijeron que me los quitara, pero habría sido incapaz de volver a ponérmelos. Salí y entregué el premio, aunque sólo pensaba en mis pies. Cuando ves las imágenes, se me nota encogido por el dolor.
Lo más espectacular que ha lucido en la alfombra roja…

Un esmoquin muy loco que me hizo Armani para el estreno de Evita en Londres, con levita larga hasta los pies. Aquella noche me pasó otra cosa…
Pues cuente...

Vinieron mis padres de Málaga y pillé a mi madre en la sala de invitados dándole instrucciones de algo a John Major. Él escuchaba, muy serio, y le decía que sí.
¿Cuándo se sintió ridículo vistiendo?

Yo me he puesto de todo. Pero ahora me da vergüenza ver fotos mías de los 80 con zapatos rojos, pantalones blancos y camisa transparente. ¡Y yo pensaba que iba estupendo!
Bueno, era el momento.

Ya, pero es que yo me dejaba llevar por la moda parchís. ¡Si hasta me ponía calentadores de colorines y andaba por ahí con ellos a 40 grados, tan feliz! Tengo 53 años y me da miedo ver mis fotos a lo Tony Manero, con el pantalón de campana y la melena rizada. O con un peto. Terrible.
Nunca se pone…

Sandalias. No me gustan.
¿Hasta qué punto le interesa la moda?

La verdad es que ahora aprecio todo lo que hay detrás de ese negocio. He aprendido a ver los desfiles como arte. A mi hija Stella del Carmen le encanta el diseño y me ha enseñado muchas cosas.
Se siente bien vistiendo... ¿qué?

Pantalones cómodos y camiseta. Y para ir formal, trajes negros. Me gusta mucho Armani o Dolce & Gabbana, y sus diseños me quedan bien. Oye, me decepciona que no me preguntes por mis calzoncillos.
No quería ser indiscreta, pero si quiere hablarme de ellos, adelante.

La verdad, ¡siempre son negros!
 

 

Lo que se borró del portátil de Bárcenas

El ordenador del extesorero guardaba varios años de su caja b y los gastos de una campaña electoral que probarían el engaño al Tribunal de Cuentas.

El Partido Popular ordenó en abril pasado destruir el disco duro de uno de los portátiles que utilizó Luis Bárcenas durante su etapa de gerente (1990-2008) y tesorero del partido (2009), y entregó a la Audiencia Nacional el otro ordenador de su exdirectivo sin el disco duro.
Cuando dispuso la eliminación de esa información almacenada en los discos duros, el PP ya sabía de las andanzas de su extesorero y, sobre todo, conocía que Bárcenas, el hombre que controló sus cuentas durante 20 años, había ocultado una fortuna en bancos suizos que llegó a sumar, en el momento de mayor crecimiento de la bolsa, hasta 48 millones de euros.
El juez Pablo Ruz, que ordenó al PP la entrega de los ordenadores, pretendía verificar si, como le había confesado previamente Bárcenas, en ellos había información relevante sobre la caja b de la formación conservadora y la supuesta financiación ilegal para campañas electorales.
 Sería otra prueba más que añadir a las que ya ha acumulado Ruz para acreditar la doble contabilidad del PP y el pago de dinero oculto al fisco a diversos dirigentes.
En los papeles de Bárcenas que EL PAÍS publicó el pasado 31 de enero, y que el extesorero ha reconocido como auténticos en su última declaración judicial, hay al menos 55 apuntes que suman casi dos millones de euros que el juez considera ya acreditados.
 Esas anotaciones prueban algunas donaciones ilegales que el PP recibió entre 2002 y 2007, así como los pagos que hizo sin declararlos a Hacienda.
La instrucción judicial no ha conseguido ahora información directa sobre lo que ocultaban los dos ordenadores que usó Bárcenas durante 20 años debido al borrado de los discos duros ejecutado por el PP.
EL PAÍS

 Destrucción de pruebas

La actuación de los populares ha desencadenado un nuevo escándalo en la investigación del caso Bárcenas por la supuesta destrucción de pruebas para investigar las irregularidades cometidas por la formación conservadora durante sus últimos 20 años de vida. Las acusaciones particulares han pedido al juez que investigue si el PP cometió delito al destruir o eliminar los discos duros de los portátiles que usó su extesorero.
Desde hace cinco meses, el juez Pablo Ruz investiga al PP por supuesta financiación ilegal y acumula indicios para atribuir un delito contable a los tesoreros de esta formación política castigado con entre cinco y siete meses de cárcel.
En su última confesión, Bárcenas no solo contó que en esos ordenadores guardaba información contable sobre las irregularidades cometidas durante 20 años y algunas anotaciones sobre sus cuentas suizas, sino que entregó una memoria digital en la que supuestamente había descargado la información guardada en uno de los dos ordenadores que utilizó.
Esa información fue descargada del pendrive en la Audiencia Nacional e impresa en un dossier de 40 páginas facilitado a las partes personadas en el caso al que ha tenido acceso EL PAÍS. La información contenida en esas páginas revelaría algunas de las irregularidades que investiga el juez Pablo Ruz.

"Guardaba imágenes de visitas"

El abogado de Luis Bárcenas, Javier Gómez de Liaño, aseguró ayer por la noche, en una entrevista en La Sexta TV,que el segundo ordenador de Luis Bárcenas cuyo contenido destruyó el Partido Popular tenía “imágenes de personas que visitaban el PP”, dejando caer que se trataría de donantes que aparecen en los papeles del extesorero.
Gómez de Liaño subrayó que ese ordenador que fue inhabilitado contenía información “relativa a agendas, visitas, nombres y circunstancias”, de los visitantes que pasaron por Génova 13. El partido aseguró al juez que, agarrándose a la Ley de Protección de Datos, había destruido el registro de entradas y salidas que el magistrado requirió a la formación conservadora. Sin embargo, Bárcenas, según su abogado, guardó en ese dispositivo parte de esa información de la que no tendría copia.
Preguntado por si el extesorero y miembros de su familia son los únicos que figuran como titulares del dinero bloqueado en Suiza, el abogado dijo: “No lo sé, si hay más no lo sé. Su explicación \[de Bárcenas\] es que no hay más titulares”. E insistió en que lo relevante es que “avance la investigación judicial”.
Por un lado, Bárcenas guardó en el ordenador una exhaustiva recopilación de presupuestos de ingresos y gastos relacionados con la campaña de las elecciones generales de 1993. En esa contabilidad, desglosada por provincias y por distintos conceptos vinculados a las actividades de una campaña electoral, figuran unos gastos totales de 2.091 millones de pesetas. Sin embargo, el PP remitió al Tribunal de Cuentas un estadillo de gastos que sumaba apenas 1.579 millones de pesetas. Los auditores públicos dieron su visto bueno a esas cuentas sin poner reparo alguno.
Por otro lado, el ordenador Toshiba, según la información que descargó el extesorero del mismo, también contenía la contabilidad que el propio Bárcenas llevaba de una supuesta caja b del PP que incluía los años 1993, 1994, 1995 y 1996. Se trataría supuestamente de la parte de la caja b que Bárcenas no controló a través del cuaderno manuscrito cuya autoría también ha reconocido y que abarca los años 1990 a 1993 y 1997 a 2009.
En ese estadillo se incluían ingresos de donativos ilegales junto con pagos de sobresueldos a dirigentes de la cúpula del PP, fundamentalmente Francisco Álvarez Cascos, y otros gastos. Bárcenas anotó en el margen derecho de esa contabilidad algunas indicaciones sobre la persona o personas que ordenaban hacer esos pagos.
Entre los supuestos ordenantes de los pagos figuraba la siguiente anotación “Por indicación J.M.”. Bárcenas no supo precisar en su declaración ante el juez si esas siglas pertenecían a quien entonces era líder del partido, José María Aznar.

 Prueba prefabricada

Si el juez pudiera comprobar la fecha de elaboración de esos documentos y coincidiera con las señaladas por Bárcenas (1993 a 1997) sería muy difícil sostener, como hace el PP, la teoría de que el extesorero prefabricó una prueba falsa 16 años antes de ser imputado por corrupción.
 Pero de momento el juez Ruz se tiene que conformar con la palabra de Bárcenas y con el pendrive que puso a disposición de la Audiencia Nacional, dado que en los ordenadores no hay ni rastro de los discos duros utilizados por Bárcenas.
El Partido Popular señaló el pasado jueves, a través de un escrito remitido a la Audiencia Nacional, que Bárcenas no pudo almacenar la información contenida en su ordenador Toshiba en un pendrive dado que ese modelo de portátil carecía de puerto USB con el que poder descargar los archivos.
De esa manera, el PP pretende cuestionar la veracidad de la información que su ex tesorero ha puesto a disposición de la investigación judicial para acreditar la financiación ilegal del PP y las infracciones fiscales cometidas por los dirigentes que cobraron diversas cantidades de dinero sin declarar esos ingresos a Hacienda.
El abogado de Bárcenas sostiene por su parte que la información contenida en los dos ordenadores que utilizó el ex tesorero y destruida por el PP es de “extraordinaria importancia” para la investigación abierta en la Audiencia Nacional.
El PP se ha escudado en la Ley de Protección de Datos para justificar la destrucción de los discos duros. Esa Ley tan sólo avala la eliminación de información personal. Por lo que ha confesado Bárcenas, los archivos de sus ordenadores contenían información del partido para el que trabajaba.