Un Blues

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Del material conque están hechos los sueños

29 abr. 2013

El pescador grande se come al chico

Los ‘arrantzales’ vascos venden su cuota de atún rojo a una empresa de Murcia por 5 millones

Por primera vez en generaciones dejarán de capturar el cimarrón en el Cantábrico.

 

Descarga de anchoa en el puerto de Hondarribia. / JAVIER HERNÁNDEZ

Eugenio Elduaien parece satisfecho. Acaba de descargar en el puerto de Hondarribia 8.000 kilos de anchoa. El patrón del Itsas Eder (Mar hermoso), de 31 metros de eslora, al fin ha tenido una buena jornada de pesca.
 Aunque su mejor negocio ha sido otro.
 Este arrantzale, hijo y nieto de pescadores, preside la Federación de Cofradías de Guipuzkoa, que acaba de vender toda la cuota de atún rojo a la almadraba de Barbate (Cádiz), participada por la multinacional Ricardo Fuentes e Hijos, con sede en Cartagena (Murcia).
 A cambio de cinco millones de euros, la flota vasca no saldrá a faenar atún rojo este verano por primera vez en generaciones
. En la lonja, Elduaien se encoge de hombros y explica la venta como algo inexorable:
“No es plato de gusto dejar la pesca de nuestros padres y abuelos, pero la nostalgia no nos da de comer”.
 El pescador grande se come al chico.
El viernes 19 de abril, la asamblea de pescadores de Guipuzkoa tomó una de las decisiones más simbólicas en mucho tiempo
. Por un 70% de los votos acordó vender el ciento por ciento de su cuota de atún rojo.
 Los 450.000 kilos a los que tienen derecho los 43 barcos de la flota de bajura vasca.
 El año anterior habían entrado por primera vez en este sistema de compraventa de cuotas, pero entonces se reservaron un 30% del cupo para mantener la tradición y ayudar a la hostelería.
“La flota está tocada y necesita liquidez.
 Aunque el cimarrón tiene un componente histórico, nostálgico y familiar vender era irrenunciable, porque con la cuota tan pequeña que nos han dado ir a pescar es muy penoso”, explica Elduaien, de 52 años y que comenzó a pescar en 1977.
Sabe de lo que habla. En 2008 batió el récord de la zona al pescar a mano un atún rojo de 300 kilos.
 A diferencia de los grandes cerqueros del Mediterráneo, en el País Vasco se enorgullecían de mantener la pesca del gran atún rojo a mano, uno a uno.
“Es la pesca más de aquí, la más salvaje, la que tiene acción, me gusta más que pescar con redes”, cuenta Bernardo Sistiaga, de 37 años y patrón del Itsas lagunak (Amigos del mar).
 Como los demás, ha accedido a vender.
 “Es lo mejor que me ha pasado en la vida.
Mis cuentas son que voy a pagar el gasoil del año gracias al acuerdo”, cuenta este animoso pescador mientras vigila cómo una grúa va sacando de 20 en 20 las cajas amarillas con anchoa.
“No es plato de buen gusto dejar la pesca de nuestros padres y abuelos, pero de la nostalgia no se come”
Bernardo es “un bicho pescando la anchoa”, según su padre, José Antonio, de 74 años, ya jubilado y que le ayuda a descargar la anchoa.
 Él, que desde los 12 años estuvo en la mar —“empecé en pantalón corto”—, siempre con el cimarrón, comprende la venta. Pero critica las circunstancias que han llevado a esto.
 “Me tiene trastornado. Hay tanto cimarrón en el mar que se come el barco, pero dan una cuota tan baja que es mejor no pescar”.
José Antonio, pelo blanco, gafas y camisa de cuadros, mira el mar mientras fuma un ducados.
 Nada más descargar, los barcos vuelven a zapar
. Solo ha habido tiempo para mantener una pequeña conversación con la novia o ver a los hijos un rato. “De buena gana me iría yo con ellos”, mueve la cabeza.
Las cuentas de los pescadores son tozudas.
 El año pasado comercializaron el atún rojo a unos seis euros el kilo en la lonja.
 Ahora venderán la cuota por unos 11 euros el kilo, casi el doble. Y sin gastos.
Ni carburante ni jornales, aunque los beneficios se reparten al 50% entre el patrón y los marineros, unos 16 por barco. Si cada barco tiene derecho a unos 10.000 kilos, obtendrá más de 100.000 euros.
 Y no se quedarán parados, sino que en verano saldrán a pescar bonito.
 Los palangreros de Carboneras (Almería) ya hace años que venden cupo.
La clave está en la economía de escala. La pesca de cerco captura cardúmenes enteros de atunes en alta mar.
 Luego los engorda en granjas hasta que obtienen el punto óptimo de grasa y lo sacan al mercado, principalmente a Japón, poco a poco. Así pueden vender a más de 30 euros el kilo.
Y atunes mucho mayores. La almadraba también da más precio porque funciona a mayor escala, con redes fijas en el Estrecho.
Fuentes de la almadraba de Barbate explican que “el pescado que va a engorde en almadrabas y en granjas tiene un valor añadido. Se le alimenta, tiene mejor calidad y es de mayor tamaño. En el País Vasco hacen venta local y sin grasa”.
 El murciano Ricardo Fuentes, que en los sesenta vendía pescado puerta a puerta, ha forjado gracias al atún un imperio con actividad en Italia, Malta, Túnez y Marruecos.
Tiene acciones en la almadraba de Barbate, la que ha formalizado la venta, aunque la negociación ha sido con representantes de Fuentes, según personas conocedoras de la negociación.
Hay cierta ironía en que durante años, los pescadores de cebo del Cantábrico han acusado a los grandes cerqueros de esquilmar el atún rojo. Juan Serrano, director general del grupo Balfegó, que tiene granjas en L’Ametlla de Mar (Tarragona), critica que este sistema se perpetúe: “La cuota es para pescarla, no es para alquilarla, transferirla o venderla”.
 El Gobierno ha aprobado una orden para limitar estas ventas a dos años seguidos. Su objetivo es que las flotas tradicionales no hagan negocio de forma sistemática con la cuota asignada gratuitamente por el Ejecutivo.
El año pasado, el Gobierno Vasco criticó la venta de parte de la cuota
. Argumentó que no era serio pelear para conseguir más cupo para la flota vasca si luego se vendía a pesquerías industriales.
El País Vasco ha creado una etiqueta, la Eusko Label, para identificar el atún rojo autóctono como “pescados de alta calidad capturados por barcos del País Vasco, de uno en uno sin redes, con artes de pesca tradicionales: caña (cebo vivo) y cacea o curricán”.
 Este año no habrá pescado con la etiqueta.
Entre una campaña y otra ha cambiado el Ejecutivo vasco y su posición. El director de Pesca, Leandro Ezkue, dice que comprende la postura de la flota “porque viene motivada por un pésimo reparto de la cuota en 2008” entre las distintas flotas.
 Azkue, que el año pasado era secretario de la cofradía de pescadores y partidario de la venta, insiste en que el parón “ni mucho menos va a ser definitivo” y que cuando se amplíe el cupo por la recuperación que experimenta el atún volverán a faenar.
Los arrantzales saben que su decisión tiene repercusiones cadena abajo, en lonjas, pescaderías, bares y restaurantes. “Entendemos que no es plato de gusto para los hosteleros, pero ellos también diversifican con pescado de otro sitio”, afirma Elduaien. Sistiaga da una opinión similar:
 “Es malo para los restaurantes que no haya cimarrón, pero este es un pueblo pesquero y sería mucho peor que no hubiera barcos. Si me garantizan que lo compran a 12 euros yo preferiría pescarlo”.
El cocinero Pedro Subijana, dueño del restaurante Akelarre, muestra sorpresa al conocer la venta:
 “No me hago a la idea. Todos los años usamos atún rojo de aquí porque está pescado de forma artesanal y sostenible. Será un inconveniente si este verano no hay ninguna pieza, aunque hay que entender las dificultades de los arrantzales, que no están suficientemente remunerados”.
 Subijana prepara cada año un plato con atún rojo comprado en Hondarribia.
En el pasado triunfó con una combinación de lomo de atún rojo con ventresca de bonito.
 Esta temporada será de cambios. O

Alfredo Sáenz deja el Santander

El consejero delegado abandona la entidad en pleno proceso de revisión de su honorabilidad

Javier Marín, antiguo responsable de Banif, sustituirá al banquero al frente del grupo

El consejero delegado del Santander, Alfredo Sáenz, pasa por detrás de Emilio Botín, presidente del grupo, en la última junta de accionistas.

Alfredo Sáenz, consejero delegado del Santander, deja la entidad, según ha anunciado el banco a la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV). Sáenz, que ha presentado "la renuncia voluntaria a sus cargos de vicepresidente y consejero delegado", será sustituido por Javier Marín, según añade la nota remitida al regulador
. El relevo en la cúpula del Santander tiene lugar en pleno proceso de revisión de la honorabilidad del banquero por parte del Banco de España tras la anulación parcial del indulto concedido por el anterior Gobierno
. Aunque la reforma legal beneficiaba al banquero, en el Ministerio de Economía no veían con buenos ojos la continuidad de Sáenz como consejero delegado del primer banco de la zona euro.
El nuevo consejero delegado, Javier Marín.
Sáenz, nacido en Vizcaya en 1942, se incorporó al Santander en 1994 tras la adquisición de Banesto, banco del que fue presidente hasta 2002. Aquel año fue nombrado vicepresidente y consejero delegado de Banco Santander.
 A lo largo de este periodo, el grupo ha cuadruplicado casi su tamaño, pasando de unos activos de 358.138 millones a 1,25 billones de euros, según los últimos datos de 2012.
 Los fondos gestionados han pasado de 453.384 millones de euros (2001) a 1,39 billones de euros (2012), consolidándose, además, como primer banco de la zona euro por capitalización bursátil.
 Con este bagaje, el consejo de administración ha expresado su reconocimiento y agradecimiento a "la extraordinaria labor" realizada por Sáenz con su gestión al frente del banco.
Sin embargo, la salida de Sáenz de la entidad ha quedado empañada por la controversia surgida tras la decisión del Supremo de anular parcialmente el indulto concedido por el Ejecutivo.
 El anterior Gobierno eximió al banquero de cumplir la condena a tres meses de arresto que le fue impuesta por un delito de acusación falsa cuando presidía Banesto.
 Además, en una decisión del todo inusual, el Gobierno también suprimió los antecedentes penales, que fue lo que rechazó el Alto Supremo
. Por ello, el Banco de España se vio obligado a abrir un proceso para analizar si el consejero contaba con la honorabilidad necesaria para seguir en el cargo, lo que ya no tiene sentido tras la renuncia de Sáenz.
En cuanto a la remuneración del banquero, el banco tenía reconocido el derecho de Sáenz a cobrar una pensión de 88,17 millones de euros a 31 de diciembre de 2012
. Asimismo, el grupo tenía un seguro de vida a favor de su consejero delegado por 11,1 millones.
Por su parte, Javier Marín (1966), que se incorporó al grupo en 1991, era hasta ahora el director general del banco y responsable de la División Global de Seguros, Gestión de Activos y Banca Privada. Entre 2001 y 2007 fue el consejero delegado de BANIF. Bajo su gestión, Banco Santander ha firmado alianzas estratégicas para el negocio de seguros con Zurich para Latinoamérica y Aegon en España.
Junto al cambio de consejero delegado, el banco ha nombrado vicepresidente segundo del consejo a Matías Rodríguez Inciarte, hasta ahora presidente de la comisión delegada de riesgos del banco.
 Asimismo, Juan Miguel Villar Mir entra como consejero independiente.
 Para completar los cambios, Guillermo de la Dehesa Romero, consejero independiente, sustituirá a Manuel Soto como presidente de la comisión de auditoría y cumplimiento, y ha sido nombrado vicepresidente tercero del consejo de administración. Por último, el consejo designa miembro de la comisión ejecutiva a Isabel Tocino Biscarolasaga.

28 abr. 2013

El anarquista que salvó a miles de fascistas


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Melchor Rodríguez con su hija Amapola en una foto familiar.

Este hombre grandullón, de patillas puntiagudas, un aro en la oreja y perilla coqueta es el bisnieto de Melchor Rodríguez, el anarquista que salvó la vida a miles de personas, la mayoría fascistas, durante la Guerra Civil
. De él ha heredado “el poco pelo, pero que no se cae” y la pasión por el anarquismo.
 Rubén Buren, madrileño de 38 años, habla y habla sobre la Guerra Civil —que conoce al dedillo— desde el salón de su casa, un humilde bajo en Marqués de Vadillo (Madrid).
“En mi familia somos muy dignos, pero pobres como ratas”, dice con un guiño Buren, que también ha heredado de su bisabuelo la alegría de vivir.
A pesar de su gesta, la figura de Melchor Rodríguez —al que apodaron para disgusto de este ateo El Ángel Rojo— no es muy conocida y apenas ha sido reivindicada. “Nombrar a Melchor supone hablar de la represión republicana”, dice Buren.
“La izquierda no quiere a Melchor porque le resulta un personaje incómodo. Y la derecha lo utiliza para resaltar la represión republicana, cuando ellos eran auténticos aniquiladores”.
Su bisnieto pone a Miles Davis y prosigue su relato:
“De pequeño, yo sabía que en mi familia teníamos a un héroe que había salvado muchas vidas, pero del que no podíamos hablar en público. A mi abuela, Amapola, a la que su padre llamó así por la flor más bella y silvestre, no le gustaba contar. Y mi bisabuela, Paca, solo quería olvidar la guerra. Años más tarde, siendo adolescente, y a pesar de que mi familia era atea, me apunté a Confirmación porque me gustaban dos chicas.
 Un día discutí con el formador y me echó por anarquista. Llegué a casa y se lo conté a mi padre, y me di cuenta de que sí, de que yo era anarquista.
 A partir de ahí le decía a mi abuela: ‘Amapola, soy anarquista’. Y ella: ‘¡Eres un burgués!’.
 Y yo volvía: ‘Amapola, ¡soy anarquista!’. Y ella: ‘¡Burgués!”.
Tras un bombardeo miles intentan asaltar una cárcel pero los frena
Melchor Rodríguez nació en Triana (Sevilla) en 1893, hijo de una empleada de una fábrica de tabaco y de un maquinista del puerto.
Cuando tenía 10 años, su padre murió en un accidente laboral, y con dos hermanos pequeños tuvo que ponerse a trabajar.
Fue calderero, ebanista y, por pasión, torero.
 “Pero somos muy cabezones, y un día, en Madrid, un toro le enganchó.
 Él tiró el capote y se lio a darle bofetones al toro. Bestia contra bestia, tituló un periódico”, dice Buren. “Luego, tras ingresar en la CNT, renegará de los toros, entiende que es un pasatiempo burgués”.
En 1920, durante una huelga del sindicato de la madera y carroceros, del que era secretario, lo detienen y acaba en prisión, cuyos suelos pisaría a partir de entonces en múltiples ocasiones. Huye a Madrid y conoce a una bailaora, Paca Muñoz. “Se casaron como anarquistas. Yo te quiero, ¿tú me quieres? Pues ya estamos casados”, dice Buren.
Rubén Buren, en su casa, delante de una foto de sus bisabuelos, Melchor Rodríguez y Paca Muñoz. / claudio álvarez
Cuando estalló la guerra, Melchor era ya un anarquista humanista convencido del grupo de los Libertos. Recoge a decenas de personas mal fusiladas de las cunetas —“a un fascista lo salvó haciéndose una transfusión para entregarle su sangre”—, rescata a detenidos en las checas republicanas y refugia en su vivienda, el ocupado palacio de Viana, a cientos de fascistas, religiosos y también, aunque menos, a comunistas.
 Hasta 30 personas llegó a tener alojadas.
Melchor, que conoce bien las cárceles de todos los regímenes, se ofrece para dirigir sin cobrar las madrileñas.
 El anarquista García Oliver, ministro de Justicia, se niega, pero más tarde se lo acaba pidiendo. Entre noviembre de 1936 y febrero de 1937 es nombrado delegado especial de Prisiones.
 “Restituye a los funcionarios, que habían sido sustituidos por milicianos, y prohíbe que los prisioneros salgan por la noche, terminando con las sacas y los fusilamientos en Paracuellos, una idea soviética aplicada por Carrillo, al que considera el auténtico enemigo, el enemigo interno, que es casi peor que el otro”, dice su bisnieto. “Lleva la moral hasta un punto… ¿Quién discute con un tío así?”, se pregunta.
“Los comunistas y muchos anarquistas lo odian. Pero Melchor cree que el hombre vale más que sus ideas. ‘Al enemigo en el frente, pero en la retaguardia no’, creía.
 O más a las claras: ‘Tú eres un hijo de puta y yo no quiero ser como tú, por eso te dejo con vida”.
En 1939 es el último regidor y entrega la ciudad a los franquistas
El 6 de diciembre de 1936, tras un mortífero bombardeo de los fascistas, miles de personas desesperadas acuden a la cárcel de Alcalá con intención de matar a los presos, 1.532 personas, entre ellos el militar Agustín Muñoz Grandes, los falangistas Raimundo Fernández-Cuesta y Rafael Fernández-Cuesta, los cuatro hermanos Luca de Tena, Serrano Súñer (cuñado de Franco), Martín Artajo, el portero Ricardo Zamora o el locutor Bobby Deglané. “Melchor se sube a un camión y se pone a hablar de esa manera tan curtida, con mucho carácter, y logra convencerles de que los dejen vivir”, dice Buren. Según escribe Alfonso Domingo, su biógrafo: “Lo suyo es la palabra, el verbo crudo de explotado, el grito de los parias de la tierra, pero eso sí, florido”.
Rodríguez en la cárcel Modelo en 1932.
En el salón hay varios cuadros fantasiosos del propio Buren, que es artista
. “Me encanta la vida, es muy divertida. Intento ser feliz, que es lo más anarquista que hay. La anarquía no es un fin, es un norte a seguir. Y, por supuesto, no voto. Desde Alfonso XII no ha habido casi cambios”.
 Ha sido cantautor en el grupo Cantad, Cantad, Malditos; luego pasó al dúo Desakordes y más recientemente ha formado una banda de jazz y coplas.
“Con la crisis dejé de vender cuadros y la empresa con la que organizaba los conciertos quebró, así que me he puesto a escribir”. Redactó la obra de teatro La entrega de Madrid, sobre un momento de la vida de su bisabuelo, y ganó en 2010 la Mención Especial del Premio Lope de Vega.
Tras fallecer Amapola, hace un año, montó la obra con actores jóvenes, que ha estado este mes de abril en cartel (hoy por última tarde) en la madrileña Sala Mirador.
Tras la guerra, Melchor pasó cinco años en el penal de Santa María (Cádiz). “Perdió los dientes, pero al menos logró una cama”, cuenta su bisnieto.
 Cuando sale de la cárcel, vuelve a la CNT, ilegalizada.
 “Los fascistas le ofrecen montar el sindicato vertical, pero, por supuesto, se niega.
 Y va malviviendo vendiendo seguros.
 Se dedica sobre todo a salvar a republicanos, muchos de ellos encarcelados y en muy malas condiciones. En el 72 muere de muerte natural, dos años antes de que yo naciera”.
 Entonces había rehecho su vida con la viuda de un compañero de sus años de torero, porque tras la guerra Paca lo dejó, “no pudo aguantar su dedicación a la política.
 Lo enterraron envuelto en la bandera anarquista, el único en toda la guerra.
 Y en su entierro cantaron A las barricadas y se rezó un Padrenuestro”.
La obra de teatro de su bisnieto termina con uno de los momentos más amargos y en cierto modo heroicos de su bisabuelo. En 1939 es el último regidor de Madrid y entrega la ciudad a los ganadores, al reportero fascista Caballero Audaz. Pone todo su amor a la vida en su discurso de perdedor:
“Pueblo de Madrid: honesto y sufrido, leal y valeroso, se acercan momentos muy difíciles que pondrán a prueba nuestra entereza y nuestro corazón, hecho ya a los sinsabores y vaivenes de una guerra que dura ya demasiado tiempo y que está a punto de acabar. (…) En unos minutos voy a hacer entrega de esta heroica ciudad a los que han sido nuestros enemigos.
 Ya se ha sufrido mucho en esta ciudad mártir, que pasará a la historia habiendo dado una muestra inaudita de sacrificio. Madrileños, ¡hagamos frente a la adversidad con juicio! ¡Vivamos y recuperémonos de la guerra!… Vivamos, vivamos…”.

Unos Amigos de Arturo Pérez Reverte

Amor bajo cero

Los llamaremos Paco y Otti.
 Fueron amigos míos hace mucho tiempo, y no sé qué será hoy de sus vidas. Los recordé anoche, cenando con otros amigos a los que, al hilo de diversas cosas, conté su peripecia. Y mientras lo hacía, caí en la cuenta de que se trata de una de las más pintorescas historias de amor de las que tengo noticia, y que nunca la he contado por escrito.
 Lo mismo les apetece leerla hoy a ustedes. Ya me dirán. 
Primero, situémonos. Marbella, final de los años sesenta. 
Otti es una guía turística finlandesa, rubia y escultural, que pastorea a un grupo de guiris.
 La noche antes de regresar a Helsinki, se va de marcha y en una discoteca conoce a Paco. A él también lo pueden imaginar sin esfuerzo: moreno, guapo aunque bajito y un poquillo tripón. Chico de buena familia y sin un duro, que toca la guitarra por los bares. Simpático, golfete y con una cara dura absoluta, muy española. La noche sigue como resulta fácil imaginar: apartamento de Paco, un par de canutos, mucha guitarra y una dura campaña entre sábanas arrugadas, toda la noche dale que te pego, hasta que, ya amaneciendo, ella le da un beso, se despide sonriente y se larga al aeropuerto. Fin del primer acto. 
Mientras Otti vuela de regreso a su tierra, Paco se queda en la cama, pensando, y concluye que se ha enamorado como un becerro.
 Necesita volver a verla, pero hay un par de problemas.
 Por una parte, ella no tiene previsto volver a Marbella.
 Por la otra, él no tiene un duro. Y para rematar la cosa, no sabe de la finlandesa sino su nombre y apellido -supongamos que éste es Kaukonen-. Ni una dirección, ni un teléfono. Nada. Pero como digo, está enamorado hasta las trancas.
 Y tiene veintiocho años. Así que se levanta de la cama, vende su Seat 124, le pega un sablazo a un amigo -doy fe de que era su especialidad-, compra un billete de avión -sólo tiene dinero para pagar el viaje de ida- y coge el primer vuelo a Helsinki, vía Londres. Aterriza allí un viernes a las cinco de la tarde, con su guitarra y ciento quince dólares en el bolsillo. Ya es de noche y hace un frío que pela. En el mismo aeropuerto, cambia dólares por moneda local, se mete en una cabina, coge una guía telefónica y busca el apellido Kaukonen. Hay como veinte, así que lo toma con calma. Ring, ring. «Hola, buenas. Ai am Paco. ¿Otti is dere?» Cuando va por el decimosexto Kaukonen, y a punto ya de acabársele las monedas, localiza a un fulano que conoce a la pava. Es su tío paterno. Otti no tiene teléfono, le dice el otro, o no lo conozco. Tampoco vive en Helsinki, sino en Hyvinkaa, que está a cincuenta kilómetros. Y le da la dirección. Sillanpaa número 34, una casita de madera. No tiene pérdida. 
Con sus últimos dólares, Paco compra una botella de vodka, coge un taxi hasta Hyvinkaa, se baja con su guitarra en el 34 de la calle Sillanpaa y llama a la puerta. Nadie. 
Ya son casi las diez de la noche y el frío parte las piedras. Desesperado, se sube el cuello del chaquetón y se acurruca en el portal, calentándose con el vodka. A las once y cuarto, un coche se detiene ante la casa.
 Es Otti, y la trae su novio Johan, en cuya casa ha pasado la tarde. Ella se baja del coche, camina unos pasos y se para en seco al ver a Paco sentado en el portal, con media botella de vodka vacía en una mano y la guitarra apoyada en la puerta. Estupefacta. Cuando al fin recobra el habla, exclama: «¡Paco!...». «¿Qué haces aquí?» Y él, temblándole los labios azules de frío, la mira a los ojos y dice: «He venido a casarme contigo». Con dos cojones. 
Ahora háganse cargo de la psicología de la pava. Finlandesa, o sea.
 La tierra de la alegría y los hombres apasionados, risueños y con una gracia contando chistes que te partes. Y en ésas aparece allí, con su guitarra y quemando las naves, un fulano bajito, moreno y simpático que la tuvo en Marbella toda una noche dale que te pego, despierta y gritando: «Oh-yes, oh-yes, oh-yes» mientras él, sudando la gota gorda, decía: «Que sí, mujer. Te oigo, te oigo». 
Y claro. Pasando mucho del novio, que mira pasmado desde el coche, Otti se tira encima del visitante y se lo come a besos y lametones. Y lo mete adentro.
 Y los dos tardan cuatro días y varias botellas de Suomuurain y Mesimarja, además de la media de vodka que quedaba, en salir de la cama, con los vecinos asomados a la ventana para averiguar de dónde proceden esos alaridos inhumanos. Y después de muchas peripecias -Paco tocando la guitarra por los restaurantes de allí-, vienen a España, se casan y tienen dos cachorros rubios, Kristina y Alexis, con pinta de vikingos. 
Pondremos aquí el colorín colorado. Lo que sigue, quince años de convivencia de Otti y Paco, no termina del todo bien. Los años pasan, cambian a la gente.
 Nos cambian a todos. 
Hoy Otti vive otra vez en Finlandia. En cuanto a Paco, hace mucho tiempo que no sé nada de él. Pero hubo un momento en que fueron mis amigos y pude compartir un poco de su historia. La más simpática historia de amor que conocí nunca.