Un Blues

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Del material conque están hechos los sueños

26 oct. 2011

La memoria rescatada por Trapero

La memoria rescatada por Trapero





Treinta años de trabajo

son el blasón de su escuela,

y aunque a más de uno duela,

quiero dejar esta cita:

ha dejado pequeñita

La Flor de la Marañuela

***



Hace nueve años, Maximiano Trapero me concedió el privilegio de acompañarle en la presentación del libro Romancero general de Cuba, que hizo en colaboración con Marta Esquenazi. Si hablábamos de poesía popular, pensé que lo más adecuado era hacer mi parte de la presentación en versos de ese estilo, bien en décimas espinelas, en romance o en pretenciosas sextinas del Martín Fierro, como la que encabeza este post. En estos nueve años mucho es el trabajo de Trapero que ha visto la luz, y el último de ellos es la magna obra -más propia de un equipo multidisciplinar que de un solo hombre- Religiosidad popular en verso. Últimas manifestaciones o manifestaciones perdidas en España e Hispanoamérica. Como su figura intelectual se agiganta en cada trabajo, poco puedo decir de Trapero que ya no haya dicho, y simplemente como curiosidad acompaño algunos pasajes salteados de aquella presentación verseada de 2002, que sigue sirviendo para mostrar en perspectiva a uno de nuestros grandes intelectuales:







...Pero entre todos los vivos,

desde el Paraná hasta el Duero,

desde la isla de Cuba

hasta la isla de El Hierro,

me permito mencionar

a Maximiano Trapero

como vara de medir

la voz popular del verso,

el cantar improvisado,

el peso del romancero...



...Es porque si hablo de romances,

tengo que hablar de Trapero.

Maximiano es un canario

que más que nadie es herreño,

aunque viera luz primera

en la Ribera del Duero,

denominación de origen

de un catador muy experto

de vino, amistad y cepas,

de palabras y consejos.

Trapero lo es por su padre,

y por su madre Trapero,

no es una casualidad

que rime con romancero.

Trapero tiene figura

de jefe de un regimiento,

firme, cabal y elegante,

un escuchador honesto

que cuando habla define

porque acumula argumentos.

No lo nombro general

porque no tiene el aspecto:

los generales son calvos

y tienen brillo grasiento

y en los bailes de salón

no se mueven de su asiento;

el general literario,

el que imagino en mis cuentos,

conspira con las marquesas

gordas, con poco resuello

por las perlas del collar

con tres vueltas en el cuello.

En cambio los coroneles

son bailarines apuestos,

que no conspiran con nadie,

y cuando tienen resuelto

el protocolo del vals

vuelven a su regimiento.

Maximiano es coronel

y yo le niego el ascenso

a general gordo y calvo,

político y marrullero...





...Cuando hablo de Trapero

No me encadila el afecto.

Es verdad que soy su amigo,

somos cómplices añejos,

aliados en la palabra

que no se ocultan defectos,

porque es gran deslealtad

engañar al compañero...



...Si lo proclamo, repito,

es eso lo que yo pienso,

aunque a nadie ha de extrañar

si ya conoce a Trapero,

su trabajo y su rigor,

su eterno vagabundeo

por legajos y caminos,

rastreando vericuetos,

romances y romancillos,

décimas o cualquier verso

que naciera en culta pluma

y ya pertenezca el pueblo...

***



Y Remacho con cuatro versos de ahora, que son la constatación de lo que él mismo dijo en la presentación del libro el pasado día 20 de octubre en el salón de actos de la Casa de Colón:



Y aunque Maxi nació lejos,

es isleño y de los buenos;

no es canario por la cuna,

lo es por conocimiento.







Publicado por Emilio González Déniz

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